Crónica: Vodafone paredes de coura 2022

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29 agosto, 2022
Redacción: dod Magazine

Festival Paredes de Coura 2022

Redacción: Sergio Abreu

El tapiz del Vodafone Paredes de Coura está tejido a partir de una amplia reverencia por el pasado y la promesa de un futuro que se siente emocionantemente alcanzable, durante sus cinco cálidos y soleados días los asistentes al festival pudimos disfrutar de una amplia gama de artistas que fueron desde emocionantes nuevos talentos, estrellas en ascenso, viejas glorias y notorios nombres de la escena local portuguesa. Paredes de Coura se muestra como un pequeño oasis hedonista de ritmo pausado en un entorno natural deslumbrante donde el sentimiento de actos como Beach House o Arlo Parks encontraron su contraparte idónea en el dinamismo de propuestas más férreas como las de Turnstile o The Murder Capital. Un gran escaparate musical de colores chillones en el que 25000 festivaleros pletóricos se dieron cita para bañar las orillas del rio Coura, disfrutar de la naturaleza, la música y la mutua compañía del encantador público del festival.

Crónica: Vodafone paredes de coura 2022

 

MARTES 16

Este año el festival contó con una novedad importante, la suma de una jornada extra dedicada a la música portuguesa. Siendo el día con mas conciertos de todo el festival, hsta veinte artistas diferentes de diversas partes del país se subieron a los escenarios del Vodafone Paredes de Coura para defender sus canciones a cal y canto. Linda Martini y 10000 Russos fueron dos de los grupos que mas se dejaron disfrutar junto a las propuestas hip hop de Sam The Kid & Orelha Negra y Conjunto Corona. Pero sin lugar a dudas mi acto favorito fue el de Bruno Pernadas, una de las grandes joyas ocultas del país vecino, quien realizó un concierto fantástico lleno de virtuosismo y de psicodelia progresiva, y ya de paso se dio un viaje por un sinfín raíces musicales y diversos paisajes estilísticos.

MIÉRCOLES 17

Pese a tener artistas de distintos géneros, el rock y las altas revoluciones se abrieron camino en la segunda jornada. A eso de las seis de la tarde los altamente recomendados Gator The Aligator se encargarían de abrir la jornada de la manera más garagera posible. Porridge Radio fue el primer punto culminante del día, los británicos atraviesan una buena racha desde hace ya un par de años y la siguieron exprimiendo en Paredes de Coura. Alex G, ese joven veterano de la música indie bajo las revoluciones del asunto exhibiendo clásicos discretos y trucos repletos de amabilidad. Con una nueva referencia bajo el brazo titulada God Save The Animals el chico sedujó al público con todo el encanto necesario.

BADBADNOTGOOD no necesitaron demasiado tiempo para encandilar al público a través del espíritu de improvisación del jazz, unas secuencias de películas en 16 mm fueron mostradas en diferentes formas y maneras creando un festín de colores que ayudaron a adentrarse más en sus canciones. Pocas veces he disfrutado tanto viendo a alguien tocar la batería como con Alexander Sowinski, pero es que el concierto fue mucho más que eso, también contó con una interpretación impecable de guitarra eléctrica en temas como Beside April, un solo de saxofón para sanar el alma y un subidón definitivo en Lavender. En mi humilde opinión, el mejor concierto del festival.

The Murder Capital no se quedaron demasiado atrás, ofreciendo un escueto concierto y envueltos en el humo que se amplificaba con la propia ingestión del cigarrillo de su frontman James McGovern. Se arrancaron con For Everything y More Is Less. Se podía palpar una fuerza imperceptible e innegable dentro de los irlandeses, Only Good Things sonó todo lo bien que podría sonar una canción tan buena, la banda supo aprovechar más que eficientemente toda su desdicha y su visceral catálogo post-punk. La energía de la noche culminó cuando los miembros de Idles entraron a escena y soltaron todo su arsenal de hits. Un concierto que derrochó energía para por lo menos dos tercios de toda la audiencia, el público restante consideró a su propio entender las elecciones de su juventud. En el escenario, Jon Talbot y el resto se retortijaron y se movieron salvajemente sin parar el ritmo un segundo. Beach House fueron la bocanada de aire fresco más dulce del día, el dúo de Maryland formó un trío con el baterista James Barone convirtiendo la fría noche portuguesa en una bella historia para ser contada, el césped frente al escenario se convirtió en el mejor asiento para disfrutar del concierto. Lo más destacado fue una Space Song que se guardaron para el final, Lazuli o PPP. Viagra Boys se ocuparon de abrir el after hours y también de elevar la diversión a su forma más rudimentaria y tosca en temas como Sports, Big Boy o Ain’t No Thief.

JUEVES 18

Una nueva velada musical se abría paso, el día aún era amarillo y el sol iluminaba sonrisas con lo que Yellow Days apereció para amenizar aún más la tarde con pequeñas raciones de lo-fi desarreglado y transpirando a través de una guitarra Vox con forma de lágrima que hizo que todo fuera bonito y ocioso al mismo tiempo. El bueno de Donny Bennet aguardaba su turno en la carpa Vodafone FM, poco que decir, el australiano es divertido a más no poder. Una pena que solo tuviera cabida a las siete de la tarde, Konichiwa o Santorini nunca sonaron tan bien, si este tío está en vuestra ciudad, id a verlo.

Posteriormente los británicos The Comet Is Coming trasladaron al palco principal una propuesta de jazz basada en el uso de un teclado de idiosincrasia electrónica, una batería que deshilachaba ritmos asincopados y un saxofón de ráfagas maniacas que por momentos parecían como si de una voz humana se tratara. Luego, los bielorrusos Molchat Doma se encomendaron a someter al personal a un ejercicio de postpunk hipnótico y demostraron que son muchísimo más que su tiktoniano hit Судно, sus bizarras danzas soviéticas y la oscuridad de su música hicieron el recital y abrieron paso a Parquet Courts. Los neoyorquinos se mostraron tan zigzagueantes como siempre y no defraudaron. Dieron un más que apto concierto en el que rescataron algún clásico de la talla de Master Of My Craft y Borrowed Time para celebrar el décimo aniversario de su obra cumbre Light Up Gold y en el que además fluyeron a través de las largas jams de su último trabajo Sympathy For Life.

La amplia gama del festival se abrió más con Turnstile, los de Baltimore se presentaron fulgurantes al recinto. Decidieron arrancar fuerte con Mystery que ya anticipaba mosh pits armagedónicos para el resto del concierto, cabe destacar que la presencia escénica tanto de su frontman Bredan Yates como la del bajista Franz Lyons hacían mucho por ello. Pero obviamente, el gran detonante era su música, no debería sorprender que la actuación fuera tan disfrutable después del resplandeciente GLOW ON del año pasado, cuya música es exactamente el tipo de impulso que hace que una multitud se vuelve loca.

L’Imperatrice le dieron una vuelta de tuerca el asunto, cambiando catarsis por nu-disco desenfadado, al principio sus corazones brillaron con luz roja pero luego comenzaron a latir. Vibraciones buen rolleras y sólidas bases instrumentales adornadas por la suave voz de su vocalista Flore Benguigui. Fue fácil dejarse atrapar por el encanto de la banda, líneas de bajo súper funkys respaldaban sus canciones, varios miembros del grupo tocando al unísono diferentes instrumentos a lo largo del set, los guitarristas tocando espalda con espalda y Flore abriéndose paso por el escenario para cantar y tocar junto a todos ellos. Toda esa maravillosa energía fue devuelta por el público en forma de una gran ovación de unos cinco minutos de duración que fue un momento especialmente bonito de ver.

VIERNES 19

El viernes la londinense Arlo Parks nos regalo uno de los ratos más sinceros a lo largo de todo el festival mostrándose como una poetisa no exenta de melodías pegadizas y momentos atmosféricos detallados. Ella parecía agradecida y la audiencia emocionada de que ella estuviera allí, lo cual fue especialmente obvio durante canciones como Eugene donde la voz de la multitud se levantó durante el amargo segundo verso, y en Caroline, donde Arlo animó a la multitud a gritar junto a ella, memorable cuanto menos. Acto seguido, fue el turno para los americanos Boy Harsher, concierto en el que abundaron los principios del baile primario, una atmósfera evocadora e hipnótica y ritmos industriales desgranados por sintetizadores y voces etéreas. La siguiente en salir fue la incombustible Kelly Lee Owens que haciendo girar el pelo como en la portada de su álbum Inner Song y con todo el escenario a su disposición se lanzó con pistas ambientales reflexivas que cobraron vida propia, la galesa irradió un alivio eufórico ofreciendo un set lleno de personalidad y emociones.

Era el turno del gran Ty Segall y su Freedom Band que esbozaron un setlist extenso brindando una variedad de oportunidades que fueron desde el folk psicodélico de Sleeper hasta la trituración pesada de Harmonizer o Fanny Dog. Segall demostró una vez más su buen mal genio y su mordisco abrasivo ante el tono perfectamente difuso de la banda. Aunque esta jornada la recordaré por el concierto de los parisinos The Blaze, que rodeados por pantallas gigantes y equipos de iluminación estelares se lanzaron a deleitar al público con electrónica elegante y ritmos que infundieron adrenalina y una motivación esclarecedora. La gente no solo bailaba y vitoreaba; sus reacciones eran las de las almas que habían estado sedientas de una música que hizo la vida algo más saciable durante algo más de una hora. Es increíble la capacidad que tiene el dúo francés para defender sus temas en directo, todo cobra más sentido y todo se vuelve más luminoso. Placer sensorial, ni más ni menos. Por el after hours asomó también el voluminoso artista ghanés Ata Kak junto a su banda propulsando sonidos africanos a base de ritmos tribales y arreglos digitales. El ghanés floto a través de los temas de su opera prima Obaa Sima, en lo que en definitiva fue un afro beat festivo para altas horas de la noche y que de paso convirtió el recinto en una pista de baile gigante.

SÁBADO 20

El último día se presentó a priori como el más trendy y confluido, con conciertos más llamativos, artistas con un deje más maistream y propuestas tan jocosas como la de los franceses La Femme que embelesaron al público asistente a base de ramalazos rockabilly y una base electrónica que levitaba a través de los cuatro teclados de la formación. En poco tiempo, su líder Marlon Magnée ya había conectado con el público. Poco a poco los ánimos se fueron caldeando más y más hasta llegar a una traca final en la que la que se arracaron con grandes temas como Elle ne t’aime pas o Sur La Planche 2013. Así pues, llego el turno de Perfume Genius que desdeñó un show más íntimo y juvenil actuando bajo una iluminación saturada y moviéndose con teatralidad luciendo como un hombre consumido por el impulso de desafiar todas las tonterías colectivas que pasaban sobre él pasando de una canción a otra con un propósito mayor, sirviendo favoritos memorables y amplificados con una edición maravillosa de On The Floor y una explosiva Slip Away.

La nota negativa del día, muy muy a mi pesar fue Princess Nokia. No entendí prácticamente nada de su directo, y eso que tiene buenas canciones, pero ofreció un show que simplemente no encajó con la naturaleza del festival. Yves Tumor y su banda dieron una actuación poderosa y conmovedora, llena de energía y con un aura vanguardista de una crudeza inquietante.  Slowthai dio un concierto que apenas duro algo más de media hora, sin embargo, supo emplear de manera eficiente su tiempo jaldeando a las masas al son de cañonazos como Doorman o Deal With It. Pero esque el sábado era el día de Pixies, una de las actuaciones más esperadas de todo el festival, que tras cincuenta minutos de espera abrieron de la manera más eficiente posible con la mítica Gouge Away, un tema que cobra especial sentido en directo. Black Francis y los suyos dieron un amplio repaso por su prolongada discografía, ahondando especialmente en sus dos obras cumbre Surfer Rosa y Doolitle, además de adelantar algún tema más de Doggerel, su próximo compacto. Me alegró mucho poder escuchar una joya olvidada del Trompe Le Monde como es Motorway to Roswell. Como es habitual en los conciertos de Pixies no hubo palabra alguna entre canciones, solo una gran cantidad de clásicos atemporales y una gran ola de sonrisas al acabar el espectáculo, no era para menos.

 

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