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Crónica: Tormenta perfecta del Afro Blue Festival 2024

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Michelle David & The True-tones

Redacción: Marcos González

Cargados con paraguas y chubasqueros y encomendándonos a todos los dioses conocidos para que deje de llover, aparecemos en Segovia para ver el último de los conciertos gratuitos en formato vermú que el Afro Blue Festival tiene preparado en la segunda jornada de festival. La lluvia de la mañana no impide que Trío Bravo, el proyecto paralelo de tres de los componentes del grupo ANAUT con Alberto Anaut a la guitarra y la voz, Gabriel Casanova al órgano Hammond y Javier «Skunk» Gómez a la batería, refugiados bajo una carpa que cubre el escenario, toquen su repertorio blues y Rock & Roll. Con Julián Maeso como invitado especial en una parte del concierto y tocando a cuatro manos en algunos momentos las teclas junto a Gabriel, redondean una mañana que, a primera vista, por culpa del tiempo, tenía mala pinta.

Más animados viendo como el agua deja de caer del cielo, volvemos al recinto de Afro Blue, que está situado en el Jardín de los Zuloaga y dentro de un enclave con fantásticas vistas desde la almenada muralla. Allí, sobre un escenario en el que por miedo a las lluvias se improvisan unas carpas, aparece la primera banda de la tarde, los parisinos Zoe’s Shanghai. Alex (bajo), Emerik (teclados) y Landy (batería), el Shanghai de Zoe, son pura versatilidad jazzística y neo soul. Da gusto ver como ese sonido es guiado por la emotividad vocal de la cantante que, además, dedicará el show a su madre, que perdió hace tres meses. Llevan al directo por primera vez su último lanzamiento Scratching para acabar animando a bailar uno de sus temas populares Mother.

Julián Maeso, Adrián Costa, Juan Zelada y Alberto Anaut son los cuatro de Combo Paradiso, siguiente parada de la tarde. Un grupo formado durante la pandemia que se mueve entre los gustos personales de cada uno y lo que tienen en común pero que beben de músicas de raíz y transmiten un sonido latino afroamericano de lo más disfrutón. Y así nos sentimos con ellos sobre el escenario, disfrutones, bailando y cantando sus versiones de Toda una vida de Antonio Machín o la rockera El Río de Miguel Ríos, pero también alguna de las suyas como Soy Como Soy, y gozando además de los cambios de la batería a los teclados de Julián Maeso.

Con relámpagos en la distancia comenzaba el concierto del combo holandés Michelle David & The True-tones. Reconocidos por varios aclamados álbumes y una nominación al Edison (los premios Grammy de los Países Bajos), impresionan con su puesta en escena desde el primer suspiro. Michelle David, criada en Nueva york absorbiendo el góspel desde la infancia, nos regala alguno de los mejores momentos de la noche con la energía de sus bailes, pero sobre todo por la potencia de su voz, una voz que conecta con el alma de los asistentes y que bajo los ritmos más soul, jazz, blues y afroamericanos, fusionados de manera sublime por unos trajeados Paul Willemsen (guitarra, bajo), Onno Smit (guitarra, bajo) y Bas Bouma (batería) hacen las delicias de todos. Una calidad artística con momentos de puro sentimiento como cuando manos en alto haciendo el símbolo de la paz tanto Michelle como los asistentes, tocaron Peace mientras batería, bajo y guitarra se sintonizaron como tambores que gritan paz. Y cuando parecía que la tormenta era inevitable el grupo sacó sus armas en forma de música para alejarla. Si se dice que quien hace mala música atrae tempestades, Michelle David & The True-tones consiguieron lo contrario.

Will Jacobs & Marcos Coll

Will Jacobs & Marcos Coll fueron los que verdaderamente electrificaron el festival y no los rayos que se veían en el cielo. Cerrarían la noche acompañados al bajo de Javier Vacas (Los coronas, Sex Museum) y Julián Bogan a la batería, que puede presumir de haber tocado con grandes como B.B. King. Este maravilloso tándem que forman Will Jacobs, joven guitarrista y cantante de chicago afincado en Berlín y Marcos Coll, armonicista español de reconocido prestigio, da todo un recital de espléndido Chicago Blues, funk o Rock & Roll. Solos de guitarra y armónica que te atrapan tan fuerte como los amores de verano y que, en alguna ocasión, tras el subidón del momento, acabaran brindando con un chupito como si con ello añadiesen más gasolina al cuerpo. Como colofón y a petición de Marcos, sale Adrián Costa a tocar la guitarra con ellos, quien es retenido por Will durante más de una canción.

Quizás, por culpa de las precauciones tomadas por las previsiones del tiempo, Afro Blue no pudo tener el escenario más fastuoso que quisiera, pero qué más da cuando lo bello realmente es que los músicos puedan tocar.

La tormenta perfecta no fue esa lluvia que nunca llegó, sino una buena dosis de música afroamericana mezclada con el corazón enorme de una organización que se desvivió para que todo estuviera bien a pesar del clima.

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