Crónica: The Soft Moon en Barcelona, sala Apolo (10-10-2018)

12 octubre, 2018
Redaccíon: dod Magazine

The Soft Moon (2018)Redacción: Andrea Genovart

Era justo que las expectativas fuesen altas: quién ha visto anteriormente a The Soft Moon entiende que sea así, porque no puede ser de otra manera. Después de quince minutos de retraso y algún que otro pitido impaciente por ello, la banda de música electrónica que tantea con darkwave, minimal wave y industrial rock, se pronunció elegantemente sobre el escenario de la Apolo 2 de Barcelona. Antes, sin embargo, se había presentado Whispering Sons, el grupo belga de post-punk que lo acompañaba y que presentó su primer LP Imagine, que saldrá a la venta el próximo 26 de octubre. Una formación que probablemente muchos no conocían pero que recibió merecidamente los aplausos de todo el público: con la atractiva Fenne Kuppens al frente, y vestida totalmente de traje blanco en contraste con la negrura impoluta del resto de integrantes, el quinteto destacó con tanta fuerza y energía que se le quedaba pequeño hasta un estadio.

Luis Vasquez, alma del proyecto ahora afincado en Berlín, trajo su música sin decir nada. Tampoco sin medir ni dosificar potencia alguna con Deeper, Circles y Burn, encargadas de abrir la noche delante de una sala casi llena que lo acogió desde el primer momento. A que él también se entregó, pues la energía desprendida - en contraste con su joven bajista, hierático y sobrio a más no poder - era inagotable, reflejada en cada cambio de instrumento, en sus saltos con la guitarra o en su constante desahogo con el teclado a tres palmos del suelo. Cabe reconocer que un papel imprescindible que situaba tan alto el listón del directo tenía que ver con la idoneidad del espacio: unas luces intermitentes en la sala de techo bajo fueron el decoro perfecto para un directo embriagador que jugaba entre una música oscura capaz de construir una atmósfera que apunta hacia la intimidad y la introversión, y una base de fuerte resonancia de sintetizadores que invitan a la exaltación y baile de los asistentes.

Y entre estas dos polaridades transcurrió el directo de algo más de una hora, con un repertorio basado en grandes temas de su trayectoria y la presentación de su nuevo álbum, Criminal (2018): no faltaron Insides, Choke, Dead Lover, Like Father, Total Decay y Far. Tampoco Young, Wrong, Parallels, Give Something y las insólitas The Pain y Die Life. Algunas palabras entre medio del set cayeron, y en español, que siempre despierta simpatía: “Muchas gracias por venir” y “¡Salud!” cuando el músico alzó su cerveza mirando al público fue el último detalle para acabar de ponerse el público en el bolsillo. Si no lo tenía ya.

Una falsa retirada del concierto que duró tres minutos hasta su vuelta al escenario llenó de agradecimiento a una sala al que el concierto se le hizo relativamente corto, de una tensión que no decayó en ningún momento. La despedida hasta nueva fecha - porque seguro que la habrá - no podía tener otro tono que el de Black y Want, en un ambiente que había llegado a su máxima expresión, constituido por la peculiaridad de una experiencia dual basada en la contemplación y la excitación celebrativa. Una experiencia dual del directo necesaria, por lo menos, una vez en la vida.

 

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