Crónica: Sónar Barcelona 2018, jornada del sábado

18 junio, 2018
Redaccíon: dod Magazine

LCD Soundsystem - Sónar Barcelona 2018

Redacción: Andrea Genovart

El último día del Sónar fue realmente El Último Día Del Sónar. Después de tres días de una programación de casi 24 horas, la programación de cierre fue organizada de tal modo que a todos les dejó esa sensación de nostalgia cuando algo acaba por todo lo alto, tan bien que es mejor dejarlo así como está bien. Probablemente un recuerdo al que solamente le faltan fuegos artificiales sea compartido implícitamente para aquellos que se despertaron a última hora de ayer.

Está claro quienes tienen la causa y responsabilidad de todo ello: LCD Soundsystem y Thom Yorke. Los primeros ya son recurrentes en el Sónar, festival que apostó por el grupo neoyorkino desde el primer momento y sin tener un LP en el mercado. La banda, siempre de pose distante y duro, pero no por ello frío, se salió con un directo de diez que no rebajó la tensión en casi sus dos horas, con una fuerza incuestionable y un sonido realmente bueno e impecable. Más que conducir hacia la experiencia hipnótica de la banda de electro - postpunk, el concierto tomó un ambiente festivo y cálido gracias al gran acogimiento del público, con el que ya se ha establecido una relación de cariño. Un set list donde no faltaron Oh Baby, All My Friends, Call The Police (de su último disco American Dream (2017))y Movement; con el parlamento de Kraftwerk de Radioactivity en I Can Change o Yeah por guinda de pastel. 

Thom Yorke - Sónar Barcelona 2018

Thom Yorke también fue otra historia. Pero esta vez otra y nueva para todos, ya que el nuevo formato ofrecido confirmó que al cantante de Radiohead se le queda pequeño ser solamente el cantante de Radiohead. Su directo consistió en algo puramente experimental: alternándose entre la guitarra y la mesa de mezclas en temas donde su principal instrumento era la voz, reforzaba su imagen de artista multidisciplinar acompañado por los visuales de Tarik Barri y el productor Nigel Godrich.

Melodías lentas pero constantemente rotas y de estructura circular, y una letra más bien escasa pero prolongada en el tiempo se apoyaron en visuales de corte geométrico y colores vivos proyectados en las pantallas del SonarClub. Algo que, aunque dotase de coherencia al proyecto, a veces era un hándicap para todos aquellos miles de asistentes que miden menos de 1,80 que querían ver a Thom Yorke con su clásico rostro de emotividad desbordante. Pero de hecho, para aquellos que pudimos verlo, el personaje melancólico desapareció y tuvimos a la faceta más seductora y bailadora del artista que hasta saltaba y nos animaba con las manos que botásemos con él, mientras se deslizaba por el escenario dejándose llevar por toda aquella sinergia atmosférica que buscaba eso mismo, retratar lo sugestivo de cada tema. Por supuesto, no tocó ningún tema de Radiohead ni de Atoms For Peace, pero sí algunos que había tocado en directo el último año como Rude person, Traffic y The Axe.

En el marco del Sónar de (la última) Noche también destacó el Av Live de TOKiMONSTA, una conjunción visual y sonora de la productora estrenado en esta edición. En ella, la explosión colorista de las proyecciones se daba de la mano con un set vital, fresco y jovial formado por una mixtura de electrónica y hip - hop. Joe - Kay también fue uno de los artistas más esperados de la noche, repitiendo por segundo año consecutivo, y encargado de ocupar el trueno de beatmaker en la programación. La inmensa cola que apenas avanzaba para ver al paisano John Talabot pinchando durante seis horas también fue destacable, y ya no porque la organización volvió a pecar de poca previsión respecto a la organización de los espacios sino porque la consolidación del dj es algo más que plausible y que los fieles asistentes del festival pueden comprobar año tras año. Y cómo no, el mejor cierre de la mano de Laurent Garnier conduciendo la recta final del festival hasta las 07 AM con toda esa gente, que es casi la mayoría, que viene con la intención de abrir y cerrar una noche el Sónar. Del tirón y sin mirar atrás.

Antes, en la Fira de Montjuïc, y despidiendo la última jornada de este año del Sónar de Día, habían hecho ruido las actuaciones de Lory Money, Nathy Peluso y Cornelius, abarrotadas de gente y que pone de relieve la importancia para el festival de ese factor tan millenial que tiene que ver con el fenómeno viral de las redes sociales como elemento de difusión de los nuevos formatos musicales. Y en la línea de esta difusión se explica la hora programada para Valtonyc nada más empezar la tarde, que aun su fuga a Bélgica para evitar la inminente entrada en prisión había un grupo de gente esperando a que saliera sin entender el elemento reivindicativo de la inclusión en el cartel. Guiris o con una dosis alta de estupefacientes, seguramente.

Un cuarto de siglo que acertó con una programación caleidoscópica donde hemos podido encontrar todo tipo de polaridades: los recurrentes y los nuevos, lo electrónico y el flamenco, lo festivo y convencional versus lo rudo y experimental. Y todo ello acogido con un público que volvió a superar el listón en cuanto a número de aforo, pero que mantiene la consigna e intención de darlo todo en cualquier escenario que pise y en la hora que fuese. Y ese probablemente es el verdadero secreto de la veteranía del festival, tan bien llevada.


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