Crónica: Somos la Herencia en MAZO Madriz

4 enero, 2021
Redaccíon: dod Magazine

Somos La Herencia

Redacción: Pablo García Torres

Segundo concierto durante pandemia y último del año. Y es que menudo año. Aun así, estaba contento porque al menos iba a poder cerrar el año viendo a Somos la Herencia, uno de los grupos que han conquistado la mayoría de las listas de lo mejor del 2020 con su debut DOLO (2020). Ganas de verlos no faltaban. Había que comprobar si su apocalíptica amalgama de géneros cargada de vertiginosos sintetizadores y galopantes bajos era tan efectiva. El concierto fue organizado por MAZO Madriz, un ciclo de conciertos a prueba de covid-19 que tendrán lugar en la Sala Indenpendance de Madrid entre enero y marzo.

Con los pies y manos fríos de haber esperado en la cola, los organizadores me acompañaron a mi asiento mientras me frotaba las manos con gel hidroalcohólico. Mi asiento era una especie de pequeño cubo negro, le acompañaba otro asiento igual y una mesa baja negra. Había por toda la sala asientos más o menos cómodos: bancos sin respaldo acolchados, asientos hechos con cajas organizadoras de botellas de plástico, taburetes… Incluso los sofás, que suelen estar pegados a las paredes donde la gente tacaña pone su abrigo porque no quiere dejarlo en un ropero, ya que prefiere gastárselo en cubatas, estaban disponibles también.

Lo peor de ir a un concierto solo es no saber como matar el tiempo hasta que empiece. Antes de la pandemia podías socializar si tenías una personalidad extrovertida (que no es mi caso) pero en estos tiempos quizás no sea lo más indicado. Al estar atento a la pantalla del móvil, no me di cuenta de que Somos la Herencia ya estaban subidos al escenario. Ni siquiera el resto del público se enteró con tanta cháchara. No hicieron la parafernalia de hacer una entrada triunfante: se colocaron y comenzaron a trastear con sus instrumentos haciendo retumbar la sala como nunca hasta que el público se calmó. Ya sabéis eso que se dice de que la música amansa las fieras.

Comentaron que este bolo tenía intención de ser algo especial, que iban a tocar más canciones de lo normal, unas 17. Además, querían mostrar unos visuales que un amigo suyo les había hecho, pero, desgraciadamente, les faltaba un cable. Así que el concierto comenzó con bastante fuerza con Un Nuevo Idioma. Cualquier persona que estuvo allí podría decirte que las vibraciones de la sala eran semejantes a un terremoto de magnitud 10 de la escala Richter. No sonaba mal e incluso me emocionó. Si yo estaba ahí en un concierto de Somos la Herencia era porque quería sentir con mis propias carnes que el mundo se derrumbase alrededor de mi a través de su música. Lamentablemente, no fue así.

El concierto comenzó potente: el bajo taladraba, la batería tronaba, los sintetizadores perturbaban, la voz sobrecogía con el atotune y la guitarra trinaba. Estaba sintiendo a Somos la Herencia. Tocaron alguna canción de su EP Zigurat (2017) como Revisión de la materia y con Parque de Atenas el público coreó. Era impresionante poder escuchar al público con tanta potencia que provenía de la banda. Yo movía mi cabeza para arriba y para abajo a la vez que tamborileaba el suelo con mi pie.

A partir de aquí todo fue menos animado y más parado. Los graves no se apreciaban tanto como antes. Tuvieron que reiniciar el sintetizador principal tres veces durante el concierto porque Gonso, el cantante, notaba que tenía problemas con él. Posiblemente esto frustró a la banda, pero, de todos modos, había detalles sorprendentes: menos el guitarra, todos tenían sintetizadores que hacen que la música sea más dinámica; el bajista tocó su instrumento empleando una baqueta en Caballo e hizo percusión golpeando a un bidón y el vocalista empleó una especie de flauta de sonido peculiar un tanto extraña. Invitaron a un amigo a recitar la letra de Espuma que quedó genial con el caos que producía el efecto del eco. Todos estos detalles otorgan personalidad a esta banda.

Por otro lado, hubo errores de ejecución seguramente por el problema del sintetizador principal (si es que no podemos confiar tanto en la tecnología) y eché en falta más carisma por parte de Gonso. Necesitaba algo más punk. Las luces fueron estáticas, de color azul, aunque si hubiesen sido más dinámicas, e incluso estroboscópicas, le podrían haber dado al espectáculo un toque más aterrador, más acorde con su sonido witch house. Imagino que esta idea no se planteó porque su plan inicial de los visuales era más prometedor (solo hay que ver la estética del disco y sus fotos promocionales).

Tocaron Cuero Rojo, Hombres Libres, Injusto y Entre las piedras. No obstante, no las disfruté como tenía pensado entre tanto parón y problema técnico. La música sonaba distante y desconectada del ejecutante. Los sintetizadores no me removían las entrañas, pero la batería me animaba. Hubo sus picos y sus bajos. No me sentí embrujado como cuando escucho el debut. El público tampoco es que se portase muy bien con tanto parloteo. El directo es así y son cosas que pasan. No les culpo por nada, es imposible controlarlo todo. De hecho, esta experiencia no me desanima en absoluto en seguir escuchándolos; es más, me gustaría tener otra oportunidad más para poder verlos en otras mejores condiciones. Tuvo que ser frustrante querer dar un concierto especial a tus seguidores y que el destino no lo quisiese así. Desafortunadamente, salí de la sala igual de frío como entré y, de regalo, un dolor de culo de estar tanto tiempo sentado.

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