Crónica SOAK – Madrid, Sala La Boite (21-10-2015)

23 octubre, 2015
Redaccíon: dod Magazine

SOAK (Bridie Monds-Watson) - 2015

Redacción: Vitor Blanco

Bridie Monds – Watson, por favor, nunca te hagas famosa. Ni siquiera tan famosa como para llenar La Riviera. La Boite te sienta bien. Y no por su decoración de club de estriptis de extrarradio. No. Por su tamaño. Suenas mejor a tres metros de longitud y diez centímetros de altura.

Para quienes no lo sepáis, Bridie Monds – Watson es SOAK; y La Boite es una pequeñísima sala madrileña, escondida en una calle recóndita muy cerca de la Plaza del Sol, donde la joven norirlandesa decidió presentar su gira europea al público de la capital. Con solo diecinueve años de edad y un disco a sus espaldas (Before We Forget How To Dream), SOAK lleva cuatro semanas de imparable tour por las principales ciudades europeas. Incluso se atrevió a contarnos que echa de menos a sus dos perros (y que adora Madrid porque hay muchos). Y digo contarnos porque el poco público que había permitió que su concierto fuera verdaderamente íntimo. Incluso terminado su repertorio bajó del escenario y humildemente habló con cada uno de nosotros.

Una vez que se ve a SOAK en directo uno deja (no sin dolor) de querer tanto a su disco. No nos engañemos, Before We Forget How To Dream es un debut cargado de talento y de magia; pero queda eclipsado cuando la voz, la batería y las guitarras se tienen a escasos metros. Hay un refrán muy extendido que dice que ojos que no ven, corazón que no siente. En el concierto de la noche del miércoles vimos. Vimos todo tan de cerca que sentimos de una manera que no se siente cuando se escucha el disco. Incluso salimos con un mal sabor de boca al comprender que ese álbum que tanto nos había enamorado quizás no estuviera tan bien producido. Que quizás no supo exprimir todo el potencial que demostraron SOAK y su banda en ese pequeño escenario. Y nos recorrió por el cuerpo el escalofrío de la duda cuando nos dimos cuenta de que probablemente SOAK pudo haber debutado con un larga duración mucho más redondo y contundente.

Ella sola, con su guitarra y su voz, inauguró la banda sonora de la noche con sus baladas melancólicas e intimistas. Shuvels o Wait nos hicieron dudar de si presenciábamos un concierto o un recital de poesía. Un recital de poesía adolescente al que paradójicamente solo acudió público que sobrepasaba las tres décadas, y con una limitación de edad en la venta de entradas que casi deja fuera a la propia cantante. Una poesía ácida, directa, escrita como diario íntimo, y repleta de un realismo punzante: “You’ll be wasting all of your time”.

Esa aura mágica se perdió con la entrada del resto de la banda. Pero tras dos canciones quedó demostrado que el aura no había desaparecido, sino que se había transformado. Como la materia. Acompañada de bajo, guitarra, batería, teclado y sintetizadores (y todo controlado solo por dos personas más) SOAK interpretó sus grandes temas. Esos que encabezan sus listas y que demostraron por qué son éxitos. Blud consiguió que la sala empezara a moverse con su pegadizo estribillo (“let’s just forget”). Reckless Behaviour brindó por la adolescencia de las malas decisiones, las noches, los cigarros y el apocalipsis. Sea Creatures lo hizo por el amor sin etiquetas, por la tolerancia y por escapar de la ciudad de ignorantes que no lo comprenden. Un relato autobiográfico de su adolescencia en el pequeño pueblo irlandés que la vio crecer.

Sin previo aviso, y pese a que todos lo esperábamos como cierre, SOAK empezó a rasgar en las cuerdas de su guitarra los primeros acordes de su himno generacional. B a noBody progresó de la balada que conocíamos hacia el grunge noventero más desgarrador, con el que nos empezó a gritar, literalmente, que no fuéramos nadie. No fue el único momento en que SOAK nos sorprendió con baterías descontroladas y guitarras distorsionadas. Desprender subjetividad aunque el resultado final no sea estéticamente bello. Es la teoría del Expresionismo artístico trasladada a la música. Y es indescriptiblemente poético y envolventemente arrebatador. El batería empezó a golpear los platillos sin ritmo mientras el guitarrista sacudía violentamente su amplificador distorsionado y SOAK experimentaba aleatoriamente con los pedales de su guitarra. Cinco minutos que ojalá hubiesen durado horas.

Cuando finalmente decidieron parar, lo hicieron para irse. Volvió SOAK, sola, para completar el concierto de la misma manera que había empezado. Pidió silencio para su siguiente canción, una que no suele interpretar y que ni siquiera está en su disco, y recitó de nuevo. Nosotros observamos callados, conscientes que no volveríamos a escuchar a SOAK de la misma manera por mucho tiempo.

Al salir de la sala me coloqué los auriculares y reproduje el disco. La SOAK que escuché en mi móvil no era la SOAK que había escuchado media hora antes sobre el escenario. Quizás su disco no le hace justicia. Quizás fue lo íntimo del concierto. Por eso pido que no se haga famosa. No es que no desee su éxito. Es que no quiero pensar en que no volveremos a ver a la irlandesa de la misma manera que el pasado miércoles. Nos ha demostrado ser capaz de deshacerse en la música de la misma manera que Wolf Alice (con los que compite por el Mercury Price de este año), que su juventud no es sinónimo de inmadurez artística, y que de su mano pueden salir letras que describan a toda una generación. Con las pruebas que nos ha dado y con la experiencia de esta gran gira a la que se ha lanzado, su siguiente disco debería ser musicalmente descomunal y poéticamente descorazonador. Tan solo le pedimos que cuando lo presente lo vuelva a hacer en La Boite o en alguna sala semejante; y que limite las entradas a las decenas de personas que hace unos días nos conmovimos con su directo.


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