Crónica: Ryoji Ikeda en Madrid, Círculo de Bellas Artes (23-02-2019)

3 marzo, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Ryoji Ikeda

Redacción: Adrián Gallego

La pasada semana concluyó la X edición de MADATAC, la Muestra de Arte Digital Audiovisual y Tecnologías Avanzadas Acontemporáneas que durante dos semanas ha organizado todo tipo de Instalaciones, exposiciones, performances, conferencias y encuentros en torno al arte digital y a la experimentación con las nuevas tecnologías aplicadas al arte audiovisual.

También hubo espacio en la programación para la música con dos sesiones de conciertos organizados en el marco del festival. Por un lado el artista sonoro Franck Vigroux y por otro Ryoji Ikeda, el veterano músico japonés pionero del glitch que venía presentando por primera vez en la capital su concierto audiovisual Supercodex, espectáculo que toma el nombre del álbum homónimo lanzado en 2013 y que constituye la última parte de una trilogía iniciada en 2005.

El espectáculo de Ikeda fue semejante al concierto que ofreció en L'Auditori de Barcelona hace un par de años; un espectáculo más accesible de lo que cabría esperar por sus discos en el que se pueden reconocer beats, sonidos graves a modo de kick, frases rítmicas y motivos que se repiten. Teniendo en cuenta que la propuesta de Ikeda no deja de ser música conceptual experimental, la selección de beats y canciones más reconocibles dentro de su discografía (por ejemplo el pegadizo ritmo de Supercodex 17) hacen de este espectáculo algo cercano a un live del IDM más loco en el que se podían encontrar patrones rítmicos que incluso invitaban al baile.

Pese a su simpleza, los visuales funcionaban muy bien y complementaban un espectáculo que, si se hubiese limitado exclusivamente a los sonidos glitcheados, podría resultar aburrido, cargante o repetitivo para el público general. Minimalistas y en un elegante blanco y negro, las proyecciones solían ser producto de juegos con ondas de frecuencias de sonido o rectángulos que recordaban a la parrilla de secuenciación de un DAW, respondiendo con exactitud a los ritmos y cortes que marcaba la música.

La reducida duración (una hora escasa) junto a una selección de beats más enfocado al IDM y unos visuales inmersivos hicieron del concierto de Ikeda un espectáculo no sólo dirigido a sibaritas de la música experimental y el ruidismo sino apto para curiosos y oyentes de electrónica con apertura de miras.

Al margen de la música, sorprende un poco que hubiese una nota en la entrada del recinto del concierto en la que se avisaba de las luces parpadeantes de los visuales pero no hubiese ninguna advertencia sobre los altos niveles de volumen y los sonidos de muy alta y muy baja frecuencia. Mientras que en su última visita a España los organizadores del concierto repartían tapones para proteger los oídos del público, en esta ocasión la mayor parte de los asistentes no usaba protección auditiva y seguro que más de uno se llevó de recuerdo un bonito acúfeno.

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