Crónica: Rigoberta Bandini en Cara•B XTRA 2021

27 marzo, 2021
Redaccíon: dod Magazine

Rigoberta Bandini - Festival Cara B

Redacción: Andrea Genovart | Fotos: Sarai Moreira

Una edición insólita del Cara B, marcada por la fragmentación de conciertos y las restricciones, no ha sido una excusa para no tener SOLD OUT en casi cada concierto de su programación. Uno de los que tenía más expectación era, sin duda, el bolo de Rigoberta Bandini, que agotó las entradas a la hora de anunciar fecha y convocó una segunda sesión el mismo día, volviendo a marcarse un aforo completo.

Con el característico polo blanco, la artista y sus músicos se subieron al escenario conscientes del tiempo limitado y de un público distribuido en sillas sin una cerveza en mano. Un punto de partida complicado, aunque no necesariamente malo. Pero la antigua normalidad no le gusta a nadie y por eso, solamente pisar el escenario, hubo que ir a por todas; y qué mejor que un hi, I just wanna say hello del We Called It Soledad para empezar el espectáculo. El temazo del verano sonó como una declaración de intenciones: aquí hemos venido a dejarnos ir aunque sometimes our hearts like a bombs, bombs, bombs, bombs, bombs, bombs, bombs. Las revoluciones bajaron un poco con Fiesta, que explicó que compuso hace un año exacto, transición para luego seducirnos con una de las primeras sorpresas del setlist. Y ésta fue una versión de la mítica canción catalana de Qualsevol nit pot sortir el Sol de Jaume Sisa, presentada por primera vez hace tan solo cinco días en la gala de los XII Premis Gaudí y que supuso el desconcierto de los que estábamos allí; una estupefacción a la que, por otro lado, estamos acostumbrados, ya que si algo fascina de la música de Rigoberta Bandini es su imaginario particular y referencias que la rodean. Pero esa no fue la única cajita regalo: le siguió un tema nuevo que ella denominó como un poema eterno, donde una estrofa melódica de fuck fuck fuck se alternaba con un parlamento, un relato cotidiano: otro registro nuevo para la compositora y que nos reafirma que si algo la caracteriza es el constante ponerse a prueba mediante la experimentación, huyendo de la zona de confort. Cuando tú nazcas se coronó como uno de los momentos de la tarde, la versión de Mocedades que bebe de la partitura de la 7º sinfonía de Beethoven y que estrenó el noviembre pasado. En esta primera media hora, el público aún no se atrevía a soltarse del todo, aunque la contención de llorar y bailar a la vez  - idea con la que describe su música - se palpaba en todo espacio entre sillas de cada fila del recinto Fabra i Coats.

Rigoberta Bandini - Festival Cara B

Hubo más. Más goce, más épica y más factor novedad. Y entre canción y canción, desde el minuto uno hasta el final, la interacción de una artista relajada, emocionada y especialmente cercana. Compartiendo el contexto de cada sencillo, huyendo de la seriedad, abrazando la broma espontánea. Volvió a brindarnos otro tema inédito, que en sus palabras era una covid song porque la había compuesto en su habitación aislada por covid. Aunque sus letras siempre van más allá, lo que hay en tierra es el pretexto de intentar atrapar aquello espiritual; Tú y yo es un canto al deseo de permanecer: al deseo de amar. Seguidamente, una versión de Corazón Contento de Marisol, influencia a que siempre alude en las entrevistas, supuso un momento de complicidad con todo un recinto que cada vez se movía y saltaba más del asiento - y, por ende, como suele pasar cuando disfrutamos en nueva normalidad, tuvo que haber ese favor portaros bien y no hagáis mucho más que si no no nos podremos volver a ver.

Rigoberta Bandini - Festival Cara B

Que Cristo Baje abanderó la recta final, con una interpretación espectacular. Bueno, como todas. Y es que no hubo momento en que no hubiese prueba del algodón: la voz de Rigoberta Bandini es fuerte, feroz. Sube a lo más alto y se impone en centenares de metros cuadrados. Y sí, todos esperábamos Perra. Y Perra llegó, si es que en algún momento se había ido. Antes nos preguntó cuántas había. Y lo descubrimos a los segundos de iniciar la catarsis: todas lo éramos. Porque todas queremos serlo. Cantando con los brazos alzados, ya por fin levantados sin que nos sea raro. Y ya para terminar, guinda del pastel con Too Many Drugs, hit indiscutible y primer tema con el que dio a luz su proyecto, ya más bien fenómeno. Con no existe el mar, solo tu espíritu, Rigoberta Bandini y su banda se fueron del escenario apurando la hora del directo. ¿Que todos teníamos ganas de más? Por supuesto. ¿Que ellos también? Probablemente. Porque nadie se levantó y al poco salieron a darnos el bis que pedíamos con la boca pequeña, por eso de tener que portarnos más bien de lo que querríamos. ¿Qué queréis que volvamos a tocar?, nos preguntó. Se oyó al unísono: Perra. Era predecible: no es solo una canción, es también un himno. Y ahora sí, ahora por fin a todos los que estaban allí ya les dio igual: todo fue levantarse, olvidarse, es la última, es música, toca moverse como antes. Toca jugar. Y jugamos. Y Rigoberta Bandini ganó y compartió el premio, que es el de la música en directo imponiéndose y regalándonos un gran concierto para el recuerdo.

 

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