Crónica: Primavera Weekender, jornada del sábado

11 noviembre, 2019
Redaccíon: dod Magazine

IDLES - Primavera Weekender 2019

Redacción: Carles Delgado / Foto: Christian Bertrand

El segundo y último día del Primavera Weekender se presentaba prometedor, lleno de grupazos de todo tipo, así que para allá que me fui a las 17:30 a ver qué se cocía.

Mi día empezaba con los murcianos Poolshake y su tontipop psicodélico, que sonó en el escenario Camelot a las 17:40. Pese a conocer a la banda desde hace un tiempo, era la primera vez que los veía en directo, y la verdad es que sonaron bastante bien. Una puesta en escena un poco demasiado austera (y, quizá, un poco aburrida), pero muy correctos a nivel sonoro. En definitiva, una buena elección para abrir la jornada.

De allí, me fui directo al escenario Seat para ver a Cigarettes After Sex (hablando de puestas en escena austeras…). Los de Texas presentaban su último trabajo, Cry, con su estética minimalista y melancólica como de costumbre. Un setlist cortito en el que no faltaron los clásicos de la banda, como Affection, Apocalypse, o K. Lo bueno, si breve…

De vuelta al escenario Camelot, tenía ahora una cita con una de las actuaciones que más ganas tenía de ver y para la cual tenía las expectativas bastante altas, los ingleses Black Country, New Road. Impresiona bastante ver que la media de edad de la banda (que consta de nada más y nada menos que siete miembros, 4 chicos y 3 chicas) no debe de superar los 22 años, como mucho. También destaca la formación poco común que nos encontramos sobre el escenario: un guitarrista y cantante a la izquierda del todo, seguido por una violinista, un saxofonista en el centro, otro guitarrista, una bajista y a la derecha del todo una teclista, todos ellos por delante de un baterista que protagoniza la sección rítmica de la banda. Solo con esto ya deberías prever que la actuación de estos jóvenes ingleses no es algo que te puedas encontrar habitualmente, y efectivamente, fue… algo más. Decir que el directo superó mis expectativas (que, como ya he dicho, eran bastante altas) sería decir poco. Las composiciones largas y sinuosas de la banda exploran terrenos dentro del post-punk, el jazz, el post-hardcore, el post-rock… yo qué sé, pero el caso es que sorprenden a cada segundo que pasa, y no te dejan estar ni un minuto tranquilo sin abrir la boca preguntándote qué es lo que está pasando exactamente sobre el escenario. Sin duda, para mí, la sorpresa de la noche. Cuento los días hasta poder volver a vivir otra vez la increíble experiencia que es ver a esta gente tocar.

Cual pelota en un partido de tenis, de un lado a otro, volvía ahora al escenario Seat para ver a Carolina Durante, pero la verdad es que estaba bastante cansado (sí, ya estaba cansado y acababa de empezar, me estoy haciendo mayor…), así que decidí verlos desde atrás y descansar un poco para coger fuerzas. Como de costumbre, un directo enérgico con unos Carolina Durante entregadísimos ante un público agradecido que les bailó todos y cada uno de los temas. Se nota que estos chicos están en su mejor momento, y que a la gente no le cuesta apreciarlo.

Otro golpe más a la pelota de tenis, y vuelta al escenario Camelot. Esta vez le tocaba el turno a Wicca Phase Springs Eternal. Yo personalmente no lo conocía, pero fui recomendado por un amigo que me aseguraba que era increíble, Y… bueno. Supongo que simplemente no es para mí. Ya de entrada, no soy nada fan de las actuaciones de trap en las que se presenta el cantante en cuestión con otro tipo detrás poniéndole las bases. Tampoco soy fan de que ni siquiera se pongan las instrumentales, sino que directamente tiren la pista tal cual y canten encima. Así que supongo que todo eso no ayudaba. Aún así, no me cuesta entender por qué gusta (aunque tampoco tanto, porque éramos bastante poca gente allí), y puedo apreciar el valor estético de la actuación del estadounidense, que no era poco.

El partido de tenis se ponía interesante, y otro golpe de raqueta me llevaba al escenario Seat otra vez (ya empezaba a conocerme el camino como si fuera el camino de mi habitación al cuarto de baño). Le tocaba el turno a uno de los platos fuertes de la noche: Primal Scream. Los de Glasgow llevan ya una larga trayectoria a sus espaldas, con una interminable lista de hits, muchos de los cuales sonaron aquella noche en Benidorm. La experiencia es un grado, y a Primal Scream se les nota. Una actuación impecable de principio a fin, con una puesta en escena que, aunque simple, resulta efectiva y, en cierto modo, divertida. Así, se fueron transcurriendo temazos uno tras otro, incluyendo clásicos como Loaded, Swastika Eyes o Come Together. Lo más increíble es el hecho de pensar que algunos de estos temas tienen casi treinta años, que se dice pronto… y los escoceses los saben defender como si los hubieran escrito el año pasado. No de todos los grupos se puede decir eso, y por eso Primal Scream son Primal Scream, y los demás no.

Después de la sacudida psicodélica, breve pausa para pegar un bocado y coger energía, y vuelta al Seat. Por fin llegaba el momento más esperado por mí (y según anticipaban las camisetas de la gran mayoría de asistentes, por muchos otros): la actuación de la banda del momento, IDLES. Los de Bristol llegaban en su mejor momento, después de publicar el que para muchos fue el disco del año en 2018 y después de una interminable gira mundial presentando dicho album. No es difícil entender por qué son la banda del momento, y es que están en un estado de forma increíble, y he tenido la ocasión de comprobarlo cada vez que les he podido ver en directo. La noche del 9 de noviembre no fue una excepción. Lo primero que me llamó la atención fue que, durante el soundcheck, Jon Beavis, el baterista de la banda, no estaba sobre el escenario. Me sorprendió porque la banda no había anunciado nada, pero bueno, había un chico sustituyéndolo y parecía no hacerlo nada mal. Efectivamente, durante la mayor parte del show, ni me acordé de que había otro baterista, solo cuando durante 1049 Gotho hubo un pequeño problema de sincronización y se despistó con la estructura del tema, pero la verdad es que la banda lo supo maquillar de forma bastante sutil. El setlist de la noche fue un tanto peculiar, ya que contó con más temas del primer trabajo de la banda, Brutalism (Partisan, 2017) que del aclamado Joy As An Act of Resistance. (Partisan, 2018), destacando los momentos en los que sonaron los hits, como Mother, Danny Nedelko, Never Fight A Man With A Perm o cuando sentaron a todo el público en el suelo durante Im Scum. Como decía, IDLES están en un estado de forma impresionante, y muestra de ello fue la actuación de Bobo y Lee, guitarristas del grupo, que no sé ni cuántas veces se bajaron a pasearse entre el público (o a surfear sobre él, según la canción), estableciendo un vínculo cercano con sus fans, dejándose abrazar por ellos, cantando y sudando con ellos.

Me habría gustado quedarme para ver a Mura Masa y, sobre todo, a los Derby Motoretas Burrito Kachimba, pero tenía un par de horas de carretera hasta casa, y quería llegar de una pieza, así que me tuve que plantar aquí. No sé si habrá una segunda edición de este festival el año que viene, pero si la hay, espero volver.

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