Crónica: Pearl Jam en Budapest, Papp László Sportaréna (12-07-2022)

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27 julio, 2022
Redacción: dod Magazine

Pearl Jam

Redacción: Luis López Pascual

Este lunes la ciudad de Amsterdam acogía la última cita de la gira de Pearl Jam por Europa que, afortunadamente, ha podido concluir sobre el escenario tras las últimas cancelaciones por la afectación en las cuerdas vocales de Vedder tras su concierto parisino. Viena y Praga en jornadas anteriores, y la misma Amsterdam, en la que había programados dos conciertos, quedando anulado el primero de ellos, recibían esta mala noticia y veían cómo tenían que suspenderse las correspondientes actuaciones para decepción de sus devotos fans.

Si tenemos en cuenta que dicha gira se aplazó hasta en dos ocasiones y estuvo en duda hasta prácticamente el inicio de la misma por la pandemia de la Covid, bien podemos decir que tuvimos la suerte y, también, el privilegio de disfrutar de uno de los mejores conciertos que han dado a su paso por el viejo continente.

Han pasado dos semanas de nuestra presencia en Budapest, pero sigue estando latente porque, al frío y esquivo público húngaro, se lo supieron meter bien en el bolsillo simplemente repitiendo lo mismo que llevan haciendo toda la vida: regalarnos un enérgico y visceral espectáculo al que no es necesario sumarle deslumbrantes artificios, porque ya se encargan ellos solitos de llenar el escenario con un catálogo de canciones que se tornan imperecederas y su característica energía vital que con tanta naturalidad transmiten.

La primera y única ocasión que estuvieron en la ciudad que atraviesa el Danubio fue en el año 1996 con motivo del tour de presentación de NO CODE. Así lo recordó Eddie Vedder, añadiendo que Matt Cameron aún no formaba parte de la banda y que habría muchísimos asistentes nuevos que ni siquiera habrían nacido cuando estuvieron allí,  por lo que no escatimó en disculpas por ello y lamentó no haber visitado la ciudad en alguna otra ocasión durante sus giras pasadas por Europa. Este mismo dato me lo hizo saber unas horas antes un chico húngaro que había recorrido 300 kilómetros y que, como yo, había acudido con tiempo suficiente intuyendo que habría una gran cola para verlos. Para sorpresa nuestra, y dos horas antes del concierto, éramos prácticamente los primeros de la fila. Y no solo eso, aún quedaban entradas a la venta, algo impensable, o cuanto menos chocante, en cualquier otra ciudad o país del mundo.

Una vez abiertas las puertas, y muy poco a poco, la gente fue acudiendo a un espléndido Sportaréna que no se vería lleno hasta prácticamente la aparición de los de Seattle. Luces azules atenuadas y un show que arrancaba con los sencillos e idílicos acordes de Wash, uno de los temas  que haría su debut en la presente gira. Un comienzo muy característico de la banda, lento, insinuador, pero que, aún siendo conocido, no deja de ser una bendición para los oídos y que te va poniendo a tono porque, además,  sabes que lo que viene después te va a subir las pulsaciones. Ahí es donde hizo su aparición Why Go para dejar bien a las claras que no se iban a reservar ni una gota de sudor. De seguido, Brain of J, otra de las canciones que se “estrenaban” en este tour, junto a otro tema poco recurrente en sus setlists, 1/2 full.

Y entre medias de ambas, una majestuosa e icónica Corduroy, ya con todo el personal entregado a la causa y cantando a la par de un Vedder que, ya para entonces, había empapado la camisa, echado algún que otro trago de vino y demostrado por qué tiene ese aura tan único y especial. Y si con esto no había más que suficiente, sumaron para deleite del fan una vigorosa y extendida Even Flow que terminó por rematar la sesión de cardio.

Se les ve y se les siente en forma, con ganas de gustar y de gustarse, no porque tengan nada que demostrar, siempre lo han hecho sobre las tablas, simplemente te percatas que los años no les restan apetito y que aún están muy alejados de dejarse llevar y tocar por tocar. Sinceramente, no creo que eso llegue nunca a pasar, antes de eso directamente partirían peras….

Con Dance of clairvoyants se incorporaba sobre el escenario, y en un segundo plano, un Josh Klinghoffer a quien se le ve muy integrado en la formación, hay conexión y en sus sonrisas se delata, además de palparse en cada una de sus apariciones, destacando su intervención final en la versión del All Along the Watchtower con la que cerraron la noche.

Antes de eso, nos conmovieron con Nothingman, sorprendieron con una pequeña introducción de I´m open, a la que les dio continuidad esa maravilla que es I Am Mine, seguidas por Given to fly ,  la cual servía para rebrotar el entusiasmo del personal. Vedder no quería dejar pasar la oportunidad de disculparse por tantos años de espera, y decirlo una sola vez no era suficiente, se sentían en deuda y la estaban saldando con un concierto de esos que se te quedan grabados en la memoria.

A la cita no faltaron Superblood wolfmoon y la vigorosa Quick Escape, pertenecientes al último álbum que siguen presentando, Gigaton, las cuales han ganado en consistencia y una cohesión cuya eficiencia las convierte en esenciales en su actual set.

Y si hablamos de esenciales, más bien imprescindible, y aunque nos siga ahogando el corazón, Black traspasa las fronteras del tiempo y nos sigue estremeciendo como la primera vez.

Con Do the Evolution volvíamos a sentir vibrar el suelo; le seguiría una versión slow de Lukin y su posterior interpretación original del tema, para concluir a lo grande con uno de sus singles infalibles en directo, Porch, en otra vigorosa demostración de la formación llena de nervio, en la que no faltaron saltos (¿de verdad Ament está cerca de los 60?) y la efectista virtuosidad de los solos de McCready, tan reconocibles como lo son sus inquietos movimientos y a quién bien pudimos reconocer pese a actuar toda la noche con una mascarilla puesta.

Y para los bises, más y mejor, si aún cabe…. Betterman y la comunión total entre todos los presentes; Crazy Mary resonando maravillosamente en la voz de Vedder (como se te agarra en el estómago); y, con la subida de luces del cierre de sus conciertos, tres temazos a cual mejor: State of love and trust, el himno por antonomasia que es Alive y la anteriormente citada versión del clásico de Hendrix,  a la cual honraron brillantemente para deleite final de cuantos allí estábamos, con la vista puesta en cada uno de los músicos que, cómplices y rebosantes de alegría, aún seguían dándolo todo, y en un exultante Eddie Vedder, que no paró de ir y venir regalando afecto y lanzando panderetas entre quienes nos encontrábamos a pie de escenario.

No me cansaré de animar a quienes nunca hayan tenido la ocasión de verlos en directo y tengan la oportunidad, sin duda alguna se que les sorprenderá y ganará. Personalmente, tras más de 30 años siguiéndoles y asistido a 9 conciertos, sigo emocionándome como el adolescente que les conoció por primera vez cuando tengo la oportunidad de verles en directo, y sigo tratando de disfrutar al máximo de ese momento tan especial absorbiendo y reteniendo cuanto puedo en forma de momentos en mi memoria y de sentimiento en mi piel. Porque no hay concierto malo de los de Seattle y ésta tampoco iba a ser la excepción.

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