Crónica Mad Live! by Sony en Madrid

3 noviembre, 2014
Redaccíon: dod Magazine

The National - Mad Live! by Sony en Madrid

Redacción @Hypunto

Ahora resulta que los modernos no se disfrazan en Halloween o por lo menos, no intencionadamente; porque asumo que esos vestidos de abuela, esos pantalones pitillo y esas camisetas de cuello de pico que más de uno le cogió a su hermana pequeña no eran disfraces, claro. La única crítica estética que puedo ponerle a la jornada, sin embargo, es que eché de menos el look mormón y la presencia de sombreros de ala ancha.

Cuando entramos en la pista del Barclaycard Center (el Palacio de los Deportes, para que nos entendamos) a eso de las 7, sonaban los temas del concierto de Grises que estuvieron un poco acartonados y para los que el público no se terminó de animar.

Con un quórum de pista más cercano al pleno, Mando Diao salieron al escenario para presentarnos su album Aelita y también un atrevido look retro-nuclear. No debió ser casualidad que tardasen escasos minutos en quitarse la camiseta, debieron verse en alguna cámara.

Por si no estábamos ya lo bastante deslumbrados, los suecos sacaron al escenario a Zahara para compartir una especie de balada electro funk que todavía estoy tratando de digerir.

Como era de esperar y con algún que otro fallo de sonido, quemaron la pista con sus ya clásicos ‘Dance with Some Body’, ‘Gloria’ y ‘Black Saturday’. Y la verdad es que los que fuimos al Mad Live! by Sony a bailar, bailamos.

¿Y qué me dicen de la mochila y mascarilla de oxígeno que Gustaf Nóren llevaba a la espalda? No veo el momento en que se ponga de moda semejante complemento.

Tocaba el turno de Cycle y aquí he de confesar que había estudiado lo justo y conocer - lo que se dice conocer -, conocía 2 canciones y, aunque es verdad que cada canción que comenzaban a tocar me pareció que era la famosa ‘Confussion’, jugaron con nuestras mentes y no la tocaron hasta el final, qué diablillos.

También creo que su concierto se prestaba más a un cierre (a esa hora a la que ya te da un poco igual lo que suene y cómo suene) que a un concierto intermedio. Fue una pena, en cualquier caso, que la China Patino no se quitase más ropa, los pantalones no le quedaban demasiado bien.

Fue el concierto de The Kooks el que realmente nos hizo entrar en calor. Lo primero que me gustaría destacar de este concierto es el pelazo de Luke Pritchard, que estuvo extraordinario en su papel de fronter. Fue un buen concierto, tocaron gran parte de su último trabajo Listen que intercalaron con piezas como ‘Junk Of the Heart (Happy)’ o ‘She Moves On Her Own Way’. Y sí, sus letras son facilonas y sus ritmos manidos, pero la mezcla resulta refrescante y su directo, uno de los mejores de la noche.

Y de postre, pero casi como plato principal, The National que dieron un genial espectáculo acompañados - muy en segundo plano - por Sufjan Stevens (al que homenajearon tocando unos acordes de ‘Chicago’). Comenzaron el set con ‘Don’t Swallow the Cap’ de su último trabajo Trouble Will Find Me y para cuando sonaron ‘Bloodbuzz Ohio’, ‘Sea Of Love’ y ‘Afraid Of Everyone’ el público ya estaba completamente entregado. 

No me detendré demasiado en comentar la tajada que Matt Berninger trataba de disimular, porque es parte de su encanto y porque a muchos ya les resultaría familiar de la última edición del Primavera Sound. Me resulta fascinante en cualquier caso, como Berninger reproduce casi al dedillo sus gestos desfasados y sus idas de olla en cada concierto, tanto que parecen programados. Son ya clásicos los cabezazos con el micro, la copa que tira al público y la interpretación desgañitada de ‘Squalor Victoria’ (tema que bordaron, por cierto) y de Mr. November. También le hemos visto arrojarse al público en otras ocasiones pero no creo que lo de perder las gafas y el micro en el baño de masas de ‘Terrible Love’ estuviera preparado, la verdad.

Mis temas preferidos de la noche fueron ‘I need my girl’ y ‘Graceless’ que sonaron espectaculares. Se despidieron con ‘Vanderlyle Crybaby Geeks’ en acústico y dejándonos con ganas de más, como siempre.

Parecía raro acabar un festival a horas tan “tempranas” y sin el colofón de un DJ que reviente oídos a base de graves. Menos mal que Madrid siempre tiene opciones que te levantan las orejas.

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