
Redacción: Lucía Monsalve
Segunda jornada del Mad Cool Festival superada. Bendito sea el Orange Stage que está acogiendo a voces que están dándole un nuevo sentido al pop. La primera de ellas, Ciara Mary-Alice Thompson, artísticamente conocida como CMAT. Una irlandesa descarada, divertida y juguetona, también con el country, el indie y el folk.
Suyas han sido frases tan icónicas como “Este es mi último show antes de que me de un golpe de calor” o “Lo bueno de guardar pañuelos en el sujetador es que te puedes sonar la nariz en medio del concierto”, palabras que procedió a cumplir de manera literal tras pronunciarlas.

CMAT es un safe space para las girls, gays and theys, como también lo sería Lorde de manera mucho más masiva unas horas después. El dress code de la jornada: botas de cowboy perfectas para practicar el baile two-step que esta pidió antes de entonar Stay For Something a caballo entre Dolly Parton y Amy Winehouse como principales referencias. Sonaron Euro-Country, When A Good Man Cries y Take A Sexy Picture Of Me al griterío de un pronunciado “Viva España” con acento irlandés, y por unos instantes, nuestro país se convirtió en su favorito.
Un público en su mayoría internacional trataba de abrirse paso camino al escenario Region Of Madrid -con su Aperol Spritz en mano- breves instantes antes de ser conquistado por Lorde. Dispuesta de varios holters conectados a una máquina de frecuencia cardíaca, estos accesorios nos introducían muy logradamente en el universo de Virgin (2025, Universal Music), su disco más reciente, y toda la estética hospitalaria que lo rodea. Antes de salir al escenario, unas 97 pulsaciones por minuto.
“¿Qué canción es?”, pregunta por detrás un grupo de chicas mientras la artista neozelandesa entonaba Royals, devolviéndonos unas décadas atrás. Reseñable la disposición del escenario, un centro elevable con teclados y sintetizadores, una banda entregada y unos bailarines -Annalise y Evan Sagadencky- completamente en sintonía y enormemente entregados a lo contemporáneo. What was that, Favorite Daughter, Buzzcut Season y Team supusieron toda una clase de cardio, pero Lorde no parecía despeinarse ni un pelo, manteniendo sus pulsaciones en un rango estable durante todo el concierto.
Polifacética y magnética, actúa como celestina para poder “lanzarle un hechizo a tu crush” con The Louvre como también se sube a las alturas para entonar Current Affairs. Con la oscura Liability logró sacar algunas lágrimas, e hizo sonar Hammer mientras un precioso atardecer se cernía tras la noria del festival. Supercut desató la euforia colectiva, pero más aún lo hizo una colaboración que, lejos de aparecer de forma física, sonaría por los bafles del escenario principal y haría del show una fiesta estadounidense donde todo está permitido. Por supuesto, no podía ser otra que Girl, so confusing junto a la británica Charli xcx.

Que levante la mano a quien Pure Heroine (2013, Universal Music) puso en el centro de una película indie adolescente. La respuesta es simple: todos. Y así fue como, en conjunción con quienes la esperaban, Lorde se lanzó al público haciendo de su cuerpo y sus heridas uno, reviviendo una adolescencia que en ocasiones creíamos perdida para transformarla en la obra generacional que es Ribs.
Entre tanto acto internacional a veces es sano volver a casa, pero sin llegar a abandonar el Mad Cool Festival. Por suerte La Paloma actuó como fuerte para unos no tan pocos dispuestos a sudar en el interior del escenario Mahou Reserva a las 22.40 horas. “Estamos muy agradecidos de poder estar aquí y de que nos hayáis elegido, tenemos poco tiempo y muchas canciones, así que vamos a ello”, comentó Nico al ritmo de Sé lo que quiero para recorrer una discografía que, aunque corta, ha dado mucho de qué hablar para la banda madrileña. Entre mucho traspiés perfectamente medido y golpes en la cabeza que no deberían sorprender a nadie sonaron Todavía no, Las cosas que me gustan y Vuelta a casa, adentrándonos en una canción que supone principio de una nueva etapa para el trío (Un esfuerzo honesto) y uno no puede evitar pensar que ojalá vuelva la música de los 90 y los 2000. Por suerte, gracias a Nico, Lucas y Juan esta meta parece cada vez más cercana y necesaria.
Que sea tela estar vivo es uno de los mantras más repetidos de las generaciones jóvenes. Más que lo dura que es la muerte, que ya es decir. Un sentimiento que La Paloma ha canalizado a la perfección con Sale el Sol, asentando el terreno y externalizando el malestar colectivo que poco después se esfumaría en multitudinarios pogos gracias al trío de ases formado por La edad que tengo, Bravo Murillo y Palos.

Da igual cómo se llame; hechizo, embrujo, akelarre, conjuro… Todo es verdad cuando se trata de Florence + The Machine, cuyo concierto se centró mayoritariamente en la interpretación de su esfuerzo discográfico más reciente, Everybody Scream (2025, Polydor/Republic Records) que la gente pareció tomarse al pie de la letra.

Como si de una posesión se tratase, Florence Welch era la diosa de la noche ante la que muchos se arrodillaban. Un gesto recíproco cuando la británica acabó King en esa misma postura, correteando en sendos momentos de un lado al otro del enorme escenario sin sudar lo más mínimo con Dog Days Are Over, y hasta demandando a la gente a subirse a hombros como forma de ofrenda. Una esbelta y larga mujer pelirroja, acompañada de sus coristas en perfecta armonía, nos deseaba un “buen verano” y una “buena fortuna” sin dejar de abrirse en canal para mostrar la oscuridad en torno a la que gira Everybody Scream, un contexto real como la vida misma en el que estuvo a punto de perder la vida a causa de una hemorragia interna durante un embarazo que acabó en aborto.
Así terminaba el día dos del Mad Cool Festival, liderado por un ejército de mujeres que incendiaron una cita hasta ahora copada en su mayoría por hombres. CMAT, Reneé Rapp, Jennie, Zara Larsson, Lorde, Candela Gómez, Chloe Slater, Florence + The Machine… Simplemente gracias.