Crónica: Lukas Graham en Madrid, sala La Riviera (17-04-2019)

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20 abril, 2019
Redacción: dod Magazine

Lukas Graham

Redacción: Miguel Vico

Resulta que en Madrid hay más seguidores de Lukas Graham de los que pensaba. Sorprendentemente, el pasado 17 de abril la sala La Riviera estaba prácticamente llena. La impresión es que ni ellos mismos se esperaban tal éxito de público. Para la banda danesa, por si no fuera suficiente con una sala con una buena entrada, resulta que somos españoles (a estos norteños les encantamos los españoles).

Seamos ordenados, en primer lugar salió el telonero de la banda, un chico llamado Hein Cooper. El joven tenía de su lado la imagen, la guitarra, ser australiano y un puñado de producciones típicas pero decentes. El músico hizo su concierto con la ayuda de un sistema por el que se graba en directo cada sonido para repetirlo a continuación y de esta manera, crear un gran muro de sonidos simplemente con una guitarra. Se trata de una herramienta complicada, sobre todo porque si fallas, se nota y mucho. A partir de la tercera o cuarta canción, el chico se empezó a agobiar. No recordaba bien los ritmos y tuvo que repetir en más de una ocasión el comienzo de la canción. El pobre se disculpaba: “Sois geniales, desde que estoy en España he bebido mucho y creo que me he olvidado de todo. Gracias, pero no-gracias.” Risas generalizadas. No fue mal espectáculo. Un poco torpe, pero interesante.

Llegaría finalmente después de un largo rato de espera Lukas Graham. El grupo venía a presentar su último álbum, proyecto lanzado a finales del año pasado. Hasta ocho músicos en el escenario para crear un show realmente bien fundado. Con material de iluminación propio bien trabajado, la banda tenía mucho de su mano para hacer un buen directo. Por su parte, el público estaba efervescente y su ánimo llegó a los músicos. Una pequeña ayuda para darle vida al concierto desde el principio que dejó a la banda impresionada.

Lukas Forchhammer (líder de la banda) realmente tiene que dar gracias por muchas cosas. En primer lugar, por una voz prodigiosa llena de personalidad. Su forma de cantar hacía la mitad del espectáculo sin lugar a dudas. Por otro lado, Lukas es un hombre de familia, cariñoso, preocupado. Se atrevió con el español durante todo el concierto (algo que el público premió) para dedicar muchas de sus palabras a su familia. Su padre, su mujer, su hija, hasta su suegro.

Se veía la buena sintonía del grupo, en gran parte sostenida por el cariño y ánimo de un líder que lo daba todo para el espectáculo. Pero él tampoco escapa a los encantos de España y confesó: “aquí el vino es muy barato y… ¡está rico! En Dinamarca el vino barato no está rico…”. El público aplaudía como diciendo “¡Wow a Lukas Graham le gusta nuestro vino, viva España!”

Mientras sonaban los grandes temas del grupo como Mama Said o Love Somebody, estas grandes perlas no cesaban: “Ojalá solo hubiera wine y no tuviéramos que cantar, ¿no sería genial?”. Mi cara reflejaba incomodidad.

El tema producido para la película de My Little Pony también sonó (Off To See The World). Perdón, parece que empiezo a tomarme con demasiada sorna el concierto. Si nos ponemos serios, el empeño de los músicos y la producción era notable. Supo mantener a la gente entretenida y la dinámica del concierto acertaba alternando canciones más activas con temas más íntimos.

Mi padre es muerto, hace seis años, sí. No tengo padre, mi hija no tiene abuelo”. ¿Estás seguro de que quieres decir eso? Perdón, tenéis que entender que es bastante más entretenido comentar lo antinatural que sonaba todo esto. Al público en realidad no pareció importarle y respondió con un “ohh” y caritas tristes, situación surrealista. No parecían tener mucho sentido de la emotividad.

A veces la sensación era de estar en un concierto retransmitido en Disney Channel. Lukas cantaba a su mujer, que se encontraba entre el público. “Hi, honey”, solo faltaba un foco apuntándola y todos girándonos hacia ella. El bajista sudando y corriendo de a un lado a otro y el guitarrista maestro de su instrumento, más calmado y tímido. Batería, bajo y vocalista se sentaron para casi cerrar la noche con su gran tema, 7 Years. Casi porque posteriormente interpretaron una canción más, gesto que parecía hecho para premiar al público pero que en parte rompía la estructura del concierto.

Fue una noche de frases, en una ocasión escuché por delante “me siento como una niña pequeña”. Realmente yo también, en el fondo este es el tipo de concierto al que me hubiera encantado ir con 15 años. Ahora tengo unos cuantos más y me río de todo. Sin embargo, fue un concierto divertido y emotivo. Bien organizado y lleno de espectáculo. Lukas Graham cumplió, aún con alcohol incluido.

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