Crónica: Low Festival 2022 - Jornada del sábado 30/07

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31 julio, 2022
Redacción: Fran González

Anni B Sweet - Low Festival 2022

Si la anterior jornada del Low Festival vino marcada por un ajetreo desmesurado y una sobresaliente línea media de propuestas más alternativas con respecto a los clásicos de siempre, el itinerario del sábado 30 de julio no iba a ser menos, por supuesto. Con una alineación por delante predispuesta a saciar una vez más unos gustos diversamente generacionales y particulares, destacamos en el programa de mano del segundo día de festival la participación de artistas capaces de darnos exactamente aquello que íbamos necesitando a lo largo de cada instante de la jornada.

Tanto si hay un nostálgico dentro de ti que añora con melancolía décadas mal idealizadas y pasadas (Fangoria, 2manyDjs), como si lo tuyo son los sonidos más oscuros y contra-conceptuales (White Lies, Editors, VVV [Trippin'you], El Último Vecino), o si directamente tiras de nuevos clásicos convertidos ya en pilares de nuestro pop (Amaia, Carolina Durante), el espacio de la Ciudad Deportiva Guillermo Amor acogía exitosamente nuestras expectativas y exigencias.

Nuevamente, y como viene ya siendo costumbre en este tipo de eventos, nos gusta empezar relajados y echando mano de esas propuestas que nunca entran mal, y mucho menos con el sol cayendo como telón de fondo. Nadie mejor para ponerle banda sonora al atardecer que la entrañable Anni B Sweet, y si encima lo hace acompañada de nuestros siempre adorados Rufus T. Firefly, recuperando ese formato eléctrico ofrecido por la de Fuengirola que tanto echábamos de menos, pues ya para qué queremos más. Ana Fabiola López nos dejó clara la todavía vigencia de su último álbum en solitario –y es que a pesar de que este año hayamos soñado despiertos con su colaboración estelar firmada a pachas con Los Estanques, su Universo Por Estrenar (Subterfuge Records) de 2019 aún demuestra tener mucho recorrido.

Shego - Low Festival 2022

De un ángel caído del cielo, con una calidad tonal y una capacidad pulmonar que erizaba la piel, pasamos directamente a cuatro malas bestias que partieron el Escenario Radio 3 por la mitad con su poderío, su irreverencia y sus ganas de pasárselo bien a toda costa. Hablamos de Shego, uno de esos nombres relativamente nuevos de nuestra escena más underground que, en cuestión de tiempo récord y tal y como demostró el respetable asistente acompañando al cuarteto en sus proclamas y en sus himnos (tan pronto tiraban de su oh boi como del tema principal de Kim Possible), ha logrado calar con intensidad y éxito entre los seguidores de nuestro rock emergente. Después de presenciar su puesta en escena y la querida acogida de ésta, no caeremos en la manida obviedad de decir que hay cantera, pero es que la hay y muy buena.

White Lies - Low Festival 2022

Por su parte, a Harry McVeigh y compañía les tocó cubrir la cuota de bandas internacionales del cartel (no tan amplia como a muchos nos hubiera gustado), llevando sobre las tablas del Escenario Vibra Mahou las nuevas piezas que dieron fuelle a su regreso hace unos meses con As I Try Not To Fall Apart (PIAS, 2022). De alguna manera estos londinenses acumulan ya la suficiente cantidad de temas que les permite perpetrar un concierto vívido y atractivo para los asistentes, y aunque a medida que se sucedían los mismos la banda perdía recursos y algo de fuerza en escena, White Lies demostraron que saben caer de pie y con estilo. Desde los aledaños del escenario contiguo oíamos ese Bigger Than Us de los de Ealing desvanecerse, pues raudos y veloces acudimos a la siguiente cita que nos esperaba a unos metros de distancia. No queríamos perdernos ni un instante del aterrizaje de Amaia en Benidorm, y, desde luego, ésta no decepcionó en absoluto. Sobran las palabras cuando su frescura, su naturalidad y su talento hacen el resto.

Amaia - Low Festival 2022

Desde el piano y la calma, y junto a su banda escudera, la pamplonica nos daba la “bienvenida al show”, presumiendo con gusto de la satisfactoria acogida que han tenido sus más recientes éxitos pertenecientes a ese Cuando No Sé Quién Soy (Universal Music, 2022) y demostrando que su estela viaja con luz propia más allá de sus primeros éxitos. El que nos sirve Amaia es un plato amable, suave, que entra con facilidad tanto por la dulzura de su rapsodia como por esa cercanía que la hace tan sincera y humana. Es un tótem de nuestro pop y no se le puede añadir ni un pero.

Al margen de los artistas que conquistaron las tablas de los diferentes escenarios del festival, desde aquí rompemos una lanza por el exquisito acierto que la organización tuvo a la hora de seleccionar una notoria lista de DJs que ofrecían un plan alternativo a los asistentes. Tanto si te quedabas merodeando por el Escenario Ellesse como si eras de los afortunados que podían permitirse darse un chapuzón en la cuidada zona VIP Pool, seguramente no pudiste evitar detenerte al ver la que nombres como Aníbal Gómez de Ojete Calor (que más tarde haría doblete), Hal9000, Me & The Reptiles, We Are Not DJs, Yahaira, Cheries DJs y un muy nutrido etcétera, aderezaban la jornada con sets del todo variopintos y para todos los gustos.

Carolina Durante - Low Festival 2022

Pero el cuerpo nos pedía a título personal cerrar el sábado noche con riffs y descaro, ya fuera echando mano de la azorada ristra de nuevos temas que “cuatro amigos” nuestros tenían pendiente presentarnos, o enfrascándonos en los “juramentos y promesas” de una de nuestras debilidades más personales. Por su parte, Diego Ibáñez y su tropa salieron a ganar el partido sin concesiones ni prisioneros, sacando la mandanga fuerte con rapidez y acierto. No se les da nada mal esto, y lo saben. Se gustan, se regalan, y el público los abraza ya en su lista de favoritos como si llevaran toda la vida entre nosotros, y no es para menos. Tan pronto como sonaban los últimos acordes de esa inmortal y tan apropiada En Verano, análogamente y en el Escenario Radio 3 ya calentaba motores Gerard Alegre, presto y dispuesto a removernos la fibra con su habilidad innata. Quizás, como apunte personal, su set se nos hizo escueto, pero eso tal vez se deba no tanto a su responsabilidad como a nuestra querencia de necesitar que un concierto de El Último Vecino dure horas. Hay algo en su crudeza que nos conquista con arrebato, ya sea echando mano de clásicos (Tu Casa Nueva) o entregándonos nuevas joyas que no puedes quitarte de la cabeza ni aunque quieras (Niño Discúlpame), y es que Gerard, con esos donaires de crooner oscuro, consigue que euforia y lágrima se sucedan la una sobre la otra y nos quedemos exhaustos emocionalmente después de su show. No sé si el aludido lo considerará un halago, pero siempre he dicho que es nuestro Morrissey (en el mejor de los sentidos) y ayer lo volvió a confirmar.

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