Crónica: Kurt Vile en Barcelona, sala Apolo (22-10-2018)

23 octubre, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Kurt Vile (2018)

Redacción: Andrea Genovart

Queda confirmado: Kurt Vile es un personaje. Pero no un personaje de esos que se toman el concierto como un peaje por el cual pasar para seguir publicando LP’s y se toma licencias para ignorar al público hasta rozar la indiferencia. Se trata de un personaje de los buenos: el gracioso del cuento, el de andares peculiares. El ensimismado en su mundo donde es creador de formas y colores pero que todos intuimos desde lejos. En definitiva, de una personalidad altamente marcada pero entrañable como es su música. Y todo ello es lo que todos pudimos corroborar - pues su particularidad es un secreto a voces para todo aquel que se estrenaba en su directo - ayer noche en la sala Apolo de Barcelona.

A las 21:30 clavadas como un reloj, Kurt Vile y su banda se subieron al escenario entre aplausos de una sala que no hizo sold out pero a la que poco le quedaba. La canción encargada de abrir la noche fue Loading Zones, incluida en su disco recién salido del horno el pasado 12 de octubre y elegido como uno de sus singles.

El set list estuvo marcado, precisamente, por su último LP Bottle In (2018, Matador Records) del que solamente han resultado excelentes críticas, y al que el público ya había agotado sus escuchas para reconocer los temas con gran alegría; fueron presentadas en vivo, pues, Bassackwards, Check Baby, Cold Was The Wind y Skinny Mini. Pero rivalizó con Walkin On A Pretty Daze (2013, Matador Records), que también tuvo un gran peso con Walkin On A Prrety Day, KV Crimes, Goldtone y Girl Called Alex. Escena a destacar fue cuando la banda se retiró de escenario dejando a su cantante al descubierto, para interpretar en formato acústico Hey Now I’m Moving y Runner Ups, donde el concierto experimentó un breve paréntesis de su euforia para envolverse en un silencio íntimo y emocionado por la guitarra, armónica e imponente voz de Vile.

Con una melena que tapaba todo su rostro y que disimulaba la timidez del artista, que aunque su mirada estaba fija en el suelo todos pudimos intuir que se sentía cómodo y agradecido con el concierto ofrecido, la noche avanzó pautada por los cambios de guitarra a cada canción y espacios de tiempo entre ellas que no aprovechaba ni para tomar de su agua mineral y que denotaban pura hiperactividad. También cayó alguna que otra palabra rápida, evitando toda expresividad, que fue recibida como un verdadero agradecimiento: We love you, I love Barcelona, Thanks for comming. Todo simpatía colectiva. Y, como no podía faltar, un bis que supuso un regalo caído del cielo: al minuto de haberse despedido entre gritos y esperas esperanzadas, Kurt Vile & The Violators volvieron para cerrar la noche por todo lo alto con la mítica Pretty Pimpin.

Fue, sin duda, un concierto de diez, por un sonido impecable y un directo inmejorable. Y no solamente porque el repertorio escogido entró como en la mano un guante, sino porque banda y artista se coordinaron con una compenetración silenciosa y de una forma tan natural que todo devino con una fluidez integradora a la vez que sobrecogedora. Sin que haga falta recurrir al artefacto para crear espectáculo.

 

 


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