Crónica: Kakkmaddafakka en Madrid, Sala But (28-11-2019)

1 diciembre, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Kakkmaddafakka

Redacción; Pablo García Torres

Han pasado tres años desde el último concierto de Kakkmaddafakka al que fui. Por aquel entonces acababan de sacar su cuarto disco KMF (2016) y yo era bastante fan. Tenía camisetas, pegatinas, setlist, discos y púas de todas las veces que los había visto. Con el paso de los años, dejé de seguirles la pista, por lo que decidí dejarme llevar por la nostalgia y me acerqué a la sala BUT de Madrid a ver qué nos tenían preparados estos noruegos. Esta vez presentaban Diplomacy (2019), su sexto disco, en el que apuestan por las guitarras distorsionadas y temas más maduros.

Me senté a esperar a el grupo saliera ya que no había teloneros. A medida que pasaba la hora, la sala no paraba de llenarse de a lo Carolina Durante llama “Cayetanos” ¿en qué momento ha ocurrido esto? No recuerdo encontrarme a gente de este tipo en conciertos anteriores. No quise darle mucha importancia y me dediqué a estar con el móvil.

Lo primero que sentí al ver al líder de la agrupación fue repelús. Axel llevaba tres trenzas, una a cada lado y otra por la tarde de atrás. A parte, llevaba un intento de barba vikinga y un aspecto bastante desmejorado. El resto, menos el bajista, llevaban bigotes.

Comenzaron fuerte con Touching, su canción más divertida y bailable. Esta vez, se les veía más parados. Hacían alguna que otra coreografía moviéndose de un lado al otro lado del escenario coordinados, pero nada comparado con lo que hacían anteriormente. Luego se fueron animando más. Tocaron canciones de sus discos más recientes como Galapagos, Neigbourhood, Moonman, Get Go y Frequency. En algunas hubo algún que otro acople de sonido, desafine y descoordinación.

No paraban de interactuar con los fans haciendo las mismas tonterías que llevan haciendo desde que el grupo empezó: que si imitad los gritos que hago, que si qué placer venir a España, que las chicas que hay en el público son unas sexys señoritas… Yo ya me los sabía de memoria. Lo más impresionante de todo es que la técnica funcionaba con el público. Hubo en un momento, durante Heidelberg en la que los otros miembros del grupo le quitan la camiseta al vocalista mientras esta posa con una actitud chulesca. La verdad es que esto me dio bastante vergüenza ajena, y más ver cómo la gente estaba eufórica por la escena. Además, el teclista sacó la bandera con la nueva tipografía del grupo. Al ser un espacio bastante pequeño y la bandera grande, al ondearla y chocarse con la pared, la barra se dobló y el público la cogió. El teclista la tiró al público, pero Axel pidió que se recuperase porque era la única que tenían.

El esperpéntico show continuó con Is she? La gente ya estaba revolucionada. Tampoco faltó el single del nuevo disco Runaway Girl. Cuando se marcharon para luego hacer el bis, el público tarareó Seven Nation Army. Al final, tocaron Naked Blue y Forever Alone. Cuando yo ya pensaba que había visto y oído todo, antes de empezar la última canción, Axel dijo que el bajista era un buen “fingerer” por tocar el bajo y que no solo usaba sus dedos para tocarlo. El público le reía las gracias.

Supongo que me he hecho ya demasiado mayor para escuchar este tipo de grupo que parecía haber madurado como la música que están haciendo últimamente. No he sentido tanta vergüenza ajena en un concierto en mi vida, ni por parte del grupo, ni por parte del asistente. Si os digo la verdad, me hubiese gustado no haber asistido al concierto para, por lo menos, quedarme con el buen recuerdo que tenía de ellos.


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