Crónica: Jon Hopkins en Madrid, sala La Riviera (28-11-2018)

30 noviembre, 2018
Redaccíon: asier

Jon Hopkins (2017)

Redacción: Felipe Martínez

Bajo esa apariencia tan calmada, como si estuviese envuelto en un aura que transmite tranquilidad, cabe preguntarse qué es lo que puede excitar a Jon Hopkins. Quien haya leído algo sobre él o haya escuchado su música sabe que lo espiritual ocupa gran parte de su vida. Prácticas como la meditación se transmiten hacia su música. Sin embargo, ¿qué es lo que altera a Jon Hopkins debajo de esa apariencia tan normal? La respuesta es sencilla: la música. La suya en concreto. Tan importante para él es la meditación como lo es el baile.

Es un anuncio a voces, Singularity va a copar los primeros puestos de lo mejor del año en esas listas que no tardarán en salir y que acumularán detractores a montones, como todos los diciembres. El pasado miércoles pudimos disfrutarlo en Madrid, en un concierto en el que Hopkins se olvidó de sus creaciones más ambient y dio rienda suelta a los cortes más bailables, esos que se construyen alrededor de un bombo que te hace temblar hasta el corazón. Poca meditación y mucho baile.

Pude escuchar en varias ocasiones el plus que hubiese supuesto que el concierto hubiese estado programado en horario de club. Es jugosa la idea de pensar en una noche como la de ayer, a cargo de 21 Digital + Stefan Olsdal para empezar, luego Jon Hopkins y quien sabe, ¿un dj set del propio Hopkins para acabar? Jugosa, pero de momento los jueves siguen siendo días lectivos.

El set se apoyó en tres pantallas, una sobre el escenario y dos en los laterales para acompañar a la música de unos potentes visuales. De las líneas y los patrones geométricos de color verde que latían según el pulso de Singularity pasamos sin descanso a una Emerald Rush acompañada de su propio videoclip entremezclado con nebulosas y otros elementos sacados del cosmos. Habíamos comenzado un viaje por el espacio y nosotros íbamos en una nave multicolor pilotada por Hopkins.

A pesar de la sobriedad que transmite el productor y sus visuales, incorporó un arriesgado elemento que sí se aproximaba más a la pompa que suelen acarrear los conciertos de los grandes productores y djs: bailarinas. Bailarinas con palos luminosos, una estrategia que fácilmente puede desembocar en una coreografía cutre y simplona. No fue el caso. Después de la progresiva Neon Pattern Drum, las bailarinas aparecieron a mitad de Everything Connected portando unas barras con patrones luminosos cambiantes según la música y la apariencia de las pantallas. Todo perfectamente sincronizado para lograr replicar en el aire las figuras cambiantes de los visuales.

Open Eye Signal, la pieza central del aclamado Inmunity que elevó definitivamente a las alturas a Jon Hopkins como productor, fue uno de los momentos más aclamados de la velada. Es imposible no perderse en la huida hacia delante de su videoclip acompañada del sintetizador glitcheado al ritmo de este. Antes de ausentarse para reaparecer, repasó de nuevo Inmunity con Collider.

Una vez de vuelta, pudimos ver las estrellas bailando al ritmo de Luminous Beings mientras amanecía en toda la sala y, para terminar, nos sumergimos en el caleidoscópico viaje de Light Through The Veins. Un final que condujo progresivamente a la paz después del baile.

 

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