Crónica: Joe Crepúsculo en Cara•B XTRA 2021

29 marzo, 2021
Redaccíon: dod Magazine

Joe Crepúsculo - Cara B E

Redacción: Andrea Genovart | Fotos: Sarai Moreira

Un concierto de Joe Crepúsculo en la nueva normalidad es, como mínimo, curioso. Porque si alguien ha ido a alguno del músico sabe que se lía parda. Pero bien parda. Que existe el ritual de acabar todos encima del escenario con Mi fábrica de baile, medio despelotados, intercambiando bacterias y codazos. Algo totalmente inadmisible en tiempos de covid. 

Sobre la hora del vermut alargado, a las 15 puntuales, el de Sant Joan Despí ahora afincado en la capital se subió al escenario directo a empezar su segunda sesión para el ciclo de conciertos de CARA B XTRA. Repitiendo en sold out. Toda una respuesta de un público cuanto menos positiva, teniendo en cuenta que en Catalunya la restauración abre hasta las 17:00 de la tarde y todo el mundo espera el fin de semana para estar unas cuantas horas bebiendo cerveza y haciendo el lagarto en una terraza. Calaveras negras fue la canción encargada de abrir el directo, que entró imperceptiblemente con fuerza por el gran número de aplausos recibidos. Le siguieron Te brilla la cara, una Gabriela del primer disco y Serenata. Pero lo mejor no fue tanto oír indiscutibles temazos en directo sino ver un Joe Crepúsculo con la broma a rienda suelta. ¿Habéis comido? ¿Todo bien? Quien quiera que pare que levante la mano. ¿Llamar shawarma a los kebabs es cosa mía o es de Barcelona? En Madrid los llaman kebabs. Los comentarios para si mismo con los que nos reíamos todos tuvieron lugar todo el rato, como si no pasara nada, como si todo fuera espontáneo y estuviésemos mirándolo sentados, en filas, con una separación reglamentada por el estado.

Joe Crepúsculo - Cara B Xtra 2021

No faltaron las referencias al domingo de ramos en el día que era. ¿Alguien ha traído una palma? Y entre bromita y bromita se abrió paso la segunda mitad del concierto, marcada por las canciones por las que principalmente todo el mundo había venido. A bailar, se oyó un par de veces, aunque un poco entre dientes. Porque fue así, moviendo un poco los brazos y balancéandonos en la silla; algo que en otro contexto sabría a poco, pero que era sin tapujos y generalizado. Libre de vergüenzas. Chococristos fue, sin duda, el punto de inflexión del show y que inició una escalada non stop para que el público diera todo lo que podía dar en la edición alternativa del festival barcelonés, seguido de un La verdad revisado y mucho más discotequero, que todos nos guardamos mentalmente para disfrutarlo como Dios manda. Es decir, más adelante. Rosas en el mar bajó un poco el ánimo, aunque es un hit consensuado del extenso repertorio del catalán, como también lo son la emblemática Pisciburguer y Música para adultos. Cuarentena sin ti, su último adelanto, semicaduca hoy, fue vista en directo por muchos por primera vez, no sin antes introducirla con una broma tentadora de “os tenéis que quitar la mascarilla”. Con La canción de tu vida y Lo peor se anunció la recta final de una hora y cuarto marcada por un nivel de intensidad que no decayó en ningún momento, incluso con un parón de cinco minutos de problemas técnicos y que hasta cayeron en gracia por aquello de los problemas del directo que había antes. Que sí, que ahora hay otros, pero no sientan del mismo modo. 

Joe Crepúsculo se puso a todos los asistentes en el bolsillo, aunque ellos ya venían metidos en él.  Porque si algo constatan estos nuevos formatos es que la única garantía es el ánimo compartido, tanto de público como del músico y su banda, que tocaron como si no pasara nada y, cuando pasaba, le daban la vuelta al temita y se lo tomaban a guasa. Mi fábrica de baile fue el regalo que todos nos merecíamos y deseábamos, un caramelito como premio por soportar tanto tiempo sin música en directo y obedecer tan bien eso de no mover - demasiado - el trasero del asiento. Aunque respecto a ésto último, cabe decir que casi cien personas con esta última canción pusieron fin a la excesiva represión y la bailaron de pie, saltando, solos pero con la complicidad de la gente que compartía música, espacio y separación en el recinto Fabra i Coats. Incluso nuestro querido Joe se bajo en un momento dado al público, solamente para comprobar que algún día llegaría a ser lo de antes. Porque cómo dijo al despedirse: nos vemos en el futuro. Y eso es de lo poco que tenemos seguro.

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