Crónica: Fontaines D.C. en Barcelona, sala Razzmatazz 3 (02-11-2019)

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4 noviembre, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Fontaines D.C. (2019)

Redacción: Andrea Genovart

A los jóvenes irlandeses de Fontaines D.C. les espera una larga carrera. O al menos eso parece, pues con tan solo un LP ya los conoce la mayor parte de la gente y cuelgan el cartel de sold out en las salas de Madrid y Barcelona. Por no hablar de los festivales, como el formato cada vez menos minimalista del Vida Festival. Y la verdad es que, después de tanto lanzamiento de indie para dormir, sea Ángels Olsens, Snails Mails y Julien Bakers, o retornos de Vampire Weekends,  el post punk entra con fuerza y ganas. Supongo que también tiene que ver la fascinación por una gente joven que no da brincos, pero eso ya es cosa de todos esos nórdicos y su peculiaridad, como es el caso de Iceage.

A la que hay un poco de tonos bajos y oscuridad, la Sala 2 de la Apolo es una sala ideal. Su tamaño perfecto pero de escenario bajo y próximo al público hacen del concierto una experiencia embriagadora o intimista, depende del grupo y de lo que has tomado, casi al instante de entrar. Así pues, las expectativas bajo el quinteto irlandés eran altas. Un poco de biruji y oscuridad en medio de un cambio climático, que se nota especialmente a orillas del mediterráneo, es de agradecer. A las 21 y cuarto, Fontaines D.C. llegaron al escenario con una distancia que se les permite por ir en coherencia con una música beligerante, aunque los más puretillas pensaran que es excesiva por la joven edad y el bagaje casi escaso de la banda.

Tocaron lo que es todo el disco de cabo a rabo. Sonaron bien, si nos parece bien que el directo de la banda sea de un sonido rudo. No obstante, todo pareció ser algo más bien de plástico cuando uno espera que se le remuevan un poco las entrañas. Seguramente estarían cansados de darlo todo la noche anterior en Madrid, quizá venían con resaca, o todo es más sencillo y son unos sosos de cojones y así siempre lo serán. La cosa es que solo dijeron Thank You Barcelona, un tiempo de cuatro segundos que no duró más que el tiempo que se giraba Grian Chatten, cantante y líder, a beber un trago de su cerveza.

Y con todo eso no hay mucho que contar si no es a través de las carencias: el concierto duró poco más de cuarenta minutos. Que quizá el disco no dure mucho más, pero supongo que aquí un grupo de un repertorio limitado tiene que tener otros as en la manga para llegar al mínimo de una hora, una duración de principios para que el público no se sienta estafado al pagar por la entrada de un concierto que dura tanto o menos que ese directo del festival que hizo descubrirlos por casualidad y que le despertaron esas ganas de más. Ganas de más que no llegaron y que devolvieron la sensación de que era igual donde estuvieran tocando, ya sea en Barcelona, Madrid o París: no parecía ningún haber interés en construir una peculiaridad en el concierto. Tampoco para nuestro recuerdo que, aunque fuese un goce escuchar esa energía en directo, apenas teníamos ninguna anécdota - ni tan siquiera un riff más alargado de lo normal - a la que aferrarnos para el recuerdo de hoy. Una pena porque, la diferencia con el LP, apenas es tangible si no es por el colega con el que te cruzas en la barra o por esa iluminación tan pepino de la sala. Así que sí, ayer nosotros también quisimos ser Boys In The Better Land.

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