Crónica El Columpio Asesino en Madrid, Ocho y Medio Club (3-12-2015)

5 diciembre, 2015
Redaccíon: asier

El Columpio AsesinoRedacción: Vitor Blanco

Definir El Columpio Asesino es una tarea complicada para cualquiera. No solo el eclecticismo de su música (¿rock?, ¿punk?, ¿pop?, ¿electrónica?), sino la variada temática de sus canciones, su estilo, su puesta en escena. Parecen una esponja ultra absorbente que tras empaparse de toda la Historia de los ochenta hasta hoy, se escurre en un líquido que, por juntar cosas inimaginablemente juntas, se vuelve único.

Los ritmos pop (no olvidemos que tocaron dentro del Pop&Dance Madrid) se combinan con silencios envolventes y momentos de simple ruido sobrecargado. Los estribillos pegadizos con las estrofas recitadas. Rimas consonantes tras versos libres. Voces melódicas contra gritos desafinados y agudos. Letras de amor típicas (heterosexuales) que, sin embargo, derrochan grandes dosis de material queer y BDSM: “Has sido un chico malo y ahora vas a pagarlo” gritan en Motel, un tema bastante lejano pero que no faltó en la noche del jueves 3 de diciembre.

El resultado es tan caótico que asombra. Aunque no nos pilló por sorpresa. Lo esperábamos en este concierto final de la mayor gira que El Columpio Asesino ha realizado desde que empezaron en Pamplona allá por 1999. Una actividad que se inició en Navarra pero que se prendió y expandió en Malasaña y Chueca. Barrios que no faltaron desperdigados en el desorden de las tres colas que se formaron a la entrada de la Joy Eslava. Esperando que se abrieran las puertas, con casi media hora de retraso, para escuchar, una vez más, a unos de los grandes maestros de la escena.

Tardaron en salir y no hubo ningún telonero para hacer más agradable la espera. No fue un fallo de organización. Uno de los integrantes de Mirémonos (Alex), que estaban llamados a iniciar esa noche la fiesta, sufrió un problema cardíaco y tuvieron que llevarlo al hospital. Por suerte se encontraba estable. Todo el concierto fue dedicado a él, desde la breve canción que tocaron sus compañeros de grupo (un gesto realmente entrañable), hasta el despliegue electro-pop de El Columpio Asesino.

Pero tras más de una hora de música predeterminada de la sala y con un público cada vez más cansado de esperar, empezaron a sonar los primeros acordes de Babel, uno de los grandes hits del último álbum de los pamploneses (Ballenas muertas en San Sebastián). Y supimos de qué iba a ir el concierto de esa noche.

Desplegado todo el potencial de la sala, se nos presentaba a un Columpio Asesino envuelto en un espectáculo lumínico asombroso. Aunque sobraba la enorme figura geométrica del fondo, que sería más útil en el árbol navideño de la Puerta del Sol; consiguieron, con la ayuda de mucho humo, crear el clima perfecto para que se desarrollaran sus temas. Construyeron un ambiente irreal y desconcertante, acorde con sus letras surrealistas de asociaciones extrañas. “El rostro del espejo ha desaparecido. Bajo mi sombrero habita un desconocido”. Lo que parece un pie de página de un lienzo de Magritte es, en realidad, la letra de La Lombriz de Tu Cuello, que siguió a Babel consolidando, paso a paso, la estética y sonido del concierto. No faltaron tampoco Entre Cactus y Azulejos, o la descomunal Ballenas muertas en San Sebastián. Parece increíble la capacidad de este último tema para clavar estacas en la espina dorsal de nuestro planeta. Terrorismo, cambio climático, drogas, sexo… todo tiene cabida en este desgarrador corte escrito para levantar ampollas. Una pena que cogieran la versión original de la canción, y no el acertado remix pop de David Kano.

Pero no todo fueron temas de 2014. De La Gallina sorprendió La Marca En Nuestra Frente Es La De Caín. “Hace tiempo que no eres niña”. Y claro, sonaron las descomunales canciones de Diamantes. Como no. Desde el tema homónimo hasta la archiconocida Perlas, pasando por Toro. Toro. Histeria musical colectiva con mayúsculas. Una canción que se ha convertido en himno de la noche madrileña, y que, una vez más, hizo saltar a generaciones. Un tema que, pese a cantar sobre un viaje a Berlín, nos trasladó al Ocho y Medio Club (donde tocaron hace nada junto a Somos La Herencia), cualquier viernes o sábado. 4:30 a.m.

Tras Toro intentaron abandonar el escenario. Pero aún quedaba muchas energías y demasiado repertorio. Y volvieron. Para cinco temas más que intercalaron melodías de drogadicciones con saltos pop que se convirtieron en pogo en toda la pista del antiguo teatro céntrico. Y de 2006, de De mi Sangre a Tus Cuchillas, recuperaron Floto para cerrar su concierto. Y cerrar su gira. Por eso la canción rompió en frenesí bailable varias veces. Aparecía y desaparecía. Se alargó varios minutos. Era como si la gira luchara por no terminar, hiciera fuerza para seguir desprendiendo música de los instrumentos, voz de los micrófonos y luz de los focos. Pero como todo, tuvo que acabarse.

No acabó en vano, sin embargo. Sirvió para dejar constatado un hecho. Que desde los ochenta (desde los años de la Movida) hasta ahora se ha creado, desarrollado y expandido un movimiento genuinamente nuestro. Un estilo eclético que, como todas las vanguardias españolas, agrupa tanto viejo que acaba creando algo nuevo. Que sabe interpretar lo extranjero (en el caso de El Columpio, la herencia de Pixies es más que notable) pero con un prisma propio. Ahora es su presente. En el futuro algún historiador le pondrá una etiqueta. Y El Columpio Asesino será uno de sus principales representantes.

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