Crónica: Delorean en Barcelona, sala Apolo (22-02-2019)

24 febrero, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Delorean (2018)

Redacción: Andrea Genovart

Era el último concierto como Delorean en Barcelona. Podríamos decir que el último concierto en (una de) sus casas. Aunque no es la ciudad natal del cuarteto vasco, sí que ha sido el espacio de residencia de todos ellos y que, por lo tanto, les ha permitido estar físicamente conectados como grupo. Es por eso que el concierto de ayer en la Sala Apolo era un concierto no como en casa sino en casa. Y aunque de buenas a primeras jugar en local pueda suponer una ventaja, lo cierto es que los sentimientos estaban más a flor de piel que nunca.

Pasadas las nueve, Igor, Unai, Guillermo y Ekhi se subieron al escenario. Quién sabe si se trataba de la última vez a nivel individual - en la entrevista que publicamos hace unos meses en dod Magazine, Guille nos contaba que cada uno quería seguir vinculados a la música -, pero seguramente nunca más como la formación que hemos conocido des del 2000 hasta día de hoy. Fueron recibidos con un gran aplauso, que más que denotar euforia era más bien de homenaje, y con unas breves palabras por parte del cantante la banda empezó a tocar. No sin al minuto surgir unos fallos técnicos que resolvieron casi de inmediato pero que - todo sea dicho - no evitaron asustarnos a los que estábamos allí, que mirábamos todo con pies de plomo.

La primera parte del último concierto de Delorean en la ciudad condal fue algo extraña. Algo tensa. Y extraordinariamente buena. Pero es que no podía ser otra manera. Quizá por la total conciencia de la sala de que estábamos ante las últimas imágenes de su directo, quizá por los nervios del grupo… Una mezcla excepcional de la que hay de todo un poco. A veces incluso, en este principio, costaba entender qué estaba sucediendo ante unas melodías caracterizadas por tener como base una electrónica que suelen conducir a la euforia: en los primeros minutos, los que estábamos allí mirábamos al grupo fijamente, moviéndonos lo mínimo. Pero también era inevitable, y lógico, semejante contraste.

Ese primer cuarto de hora de ambientación, con un contexto nuevo y que, paradójicamente, no se volvería a dar más, fue barrido al cabo de poco por una soltura de todos que se supo sobreponer al titular, ya de hace meses, de la despedida. Y precisamente ese punto hedonista, que arrancó y no dejó de crecer hasta el final de la noche, coincidió con la faceta más nostálgica posible: la del 2010, con algunos temas del extraordinario álbum Subiza, como Real Love y Stay Close. El setlist, lleno de éxitos, iba avanzando como la desinhibición de una sala que no estaba llena del todo y que permitió bailar sin agobios y con el espacio necesario, y con un juego de luces oscuras que llevaban todo el ritmo del repertorio. Los agradecimientos, de vez en cuando, también tuvieron lugar. Eso sí, con la brevedad y seriedad de la banda, donde Ekhi asumió el rol de portavoz, algo totalmente en contraposición con el carácter alegre y cercano de su música; aunque Unai, el más animado sin duda y con cubata en mano, iba dejando ir alguna que otra frase que hacía crecer las ganas de fiesta épica a las diez y media de la noche.

No faltaron tampoco - impensable en semejante concierto - Deli, Destitute Time o Giro. Pero a la hora y poco de tocar ya la banda se despidió. Bueno, falsamente, porque todos los asistentes ya dábamos por hecho de que como mínimo habría un bis. Delorean no se hizo de rogar mucho, aunque había tal hype en el público que tampoco hubiese costado mucho convencerlos de que volvieran a salir. As Time As You Break fue la responsable y encargada de volver a reabrir un escenario, una elección inmejorable para no romper con la magia que había entre todos los que bailábamos allí. A nuestro ritmo, para nosotros. Sin tan siquiera tener que mirarlos a ellos para sentir que estaban ahí, de la misma manera que nos habían acompañado en cada concierto, que siempre fue sinónimo de una gran fiesta, desde hace casi veinte años. Casi dos décadas de esas canciones que bien las podías escuchar tocarlas por ellos en vivo en el FIB o en un garito indie del Poble - Sec, de esas canciones que al escucharlas te conectan con una escena independiente que has visto poco a poco ir creciendo. También contigo. En definitiva: dos décadas de esas canciones que son, para tanta gente, un himno. Hasta nunca dijo Ekhi; después rectificó y dijo hasta siempre. Pero es que no hay una cosa sin la otra: precisamente, ahora que dejáis de estar, nos damos cuenta que siempre vais a permanecer. Así que por todos los hastas, Delorean.

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