Crónica del Primavera Club 2017 en Madrid - Viernes

22 octubre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

The Breeders - Primavera Club 2017 - Madrid

Crónica: Vitor Blanco | Foto: Dani Cantó

Escribir una crónica sobre el Primavera Club es un reto periodístico. Exige desaprender grandes máximas de la escritura de un reportaje por una sencilla – pero fundamental – razón: obliga a enfrentarse a los acontecimientos con ningún (o muy poco) conocimiento previo. Y es que a no ser que resultes el mayor experto en música global, o el mismísimo programador del ciclo, Primavera Club te sorprenderá con una selección de pequeños nombres en ciernes, totalmente desconocidos para el gran público, y bajo la premisa de buscar nuevos sonidos. Futuras promesas o estrellas que, dependiendo su mayor o menor fortuna en el Club, darán un paso fundamental dentro de dos estaciones en el barcelonés Primavera Sound 2018. Por ello, no tendría demasiado sentido adoptar una pose experta y fingir conocer de antemano todas las propuestas y sus pormenores. Razón que hace de esta crónica no una demostración de conocimientos (no habrá tracklist exactas, ni datos específicos), sino una cronología de sensaciones y emociones, un recorrido por lo que fue escuchar y observar los grupos y sonidos que podrían definir la siguiente temporada musical. Creemos que solo así mantendremos pura la esencia de fascinación del Festival. Sin más preámbulos, he aquí nuestra revisión de la crónica “clásica”, nuestras impresiones, vocaciones y previsiones de lo que está por venir.

Cayó en manos de Moor Mother inaugurar el Primavera Club y la jornada del viernes en el Teatro Barceló madrileño. Cualquier arranque de festival es complicado, más en uno de pequeñas dimensiones, y por mucho que nos pese decirlo, es probable que la elección de su horario ensombreció la actuación de Moor Mother. Poco público y ánimos todavía en pre – efervescencia no hicieron justicia a la amalgama de punk, hip – hop y electrónica que esta activista de Filadelfia emplea para denunciar la supremacía blanca y el racismo. Estaba algo incómoda con el recibimiento, era visible, y no pudimos “disfrutar” esos temas cercanos al hardcore y al noise que en su escucha casera parecen sacados de la misma revolución. No obstante, nos anotamos bien en grande su nombre. Al fin y al cabo firma ese Fetish Bones que con razón muchos señalan como una de las propuestas experimentales más interesantes de 2016.

A Moor Mother le siguió sobre el escenario una de las apuestas más convincentes de la tarde. Smerz son un dúo noruego que experimenta con la electrónica, el pop y el R&B para componer canciones de voces gélidas y melodías imprevisibles pero nada desconcertantes. Sobre el escenario defendieron con gran soltura cuarenta minutos de repertorio en actual expansión. Crecimiento motivado, por supuesto, por su reciente firma con el epicentro fundamental de la música experimental: XL Recordings (FKA Twigs, Arca). Composiciones como Oh my my o No harm ya nos había llamado la atención en nuestras casas, pero lo volvieron a hacer en el Teatro Barceló con pasión renovada. Si no están en el próximo Primavera Sound, por lo menos deberían hacer una parada en el Sónar – acompañadas, si se me permite el consejo, de los franceses Easter, con quienes comparten bastantes rasgos, entre ellos el permanecer desconocidas por nuestros circuitos.

Terminadas Smerz corremos al recién abierto segundo escenario. La carrera está justificada: en las escaleras de El Cielo Barceló está tocando la nueva apuesta del sello barcelonés Luup Records. Parecería que entrar a formar parte del sello es una carta asegurada para subirse a un escenario “primaveral”, y así lo es. Pero Cor Blanc despejaron nuestras sospechas y estuvieron a la altura de la oportunidad como antes ya lo habían hecho PAVVLA o Museless. Las nuevas promesas barcelonesas deleitaron a un público sorprendentemente entregado, que nos hace reflexionar que Luup Records ya se ha consolidado en nuestro imaginario como sello de calidad. Desde un sonido melancólico componen pop de letras nostálgicas junto a ritmos bailables, con un resultado onírico de sonrisa placentera. Y entre todo un repertorio que explora esa fórmula, se cuela Alice (la última en su paso por Madrid) toda una declaración pop que en directo cobra energía inédita e invita a un baile incontrolable.

De energía, pero ésta mucho más destructiva, versa el trabajo del productor Blank Mass. Sobre los platos vierte toda su rabia en forma de hardcore electrónico. Tanto, que sobre el escenario Barceló hubo momentos en que pudimos ver la sombra de Aphex Twin. Si tuvisteis la suerte de presenciar su set en la última edición del Primavera Sound sabréis de qué estamos hablando: infinitas capas de sonido superpuestas y una fina línea entre la música y el ruido para someter a la pista de baile a una violencia musical apasionante. Blank Mass, sin embargo, sí que hizo concesiones pop amables en medio de su set (cosa que Aphex Twin aborrecería), y lo mismo interpretaba su Rhesus Negative que su Please, ambas de su último trabajo World Eater.

Cambio radical para Gabriel Garzón – Montano, autor de Jardín (2017) y responsable de un sonido minimalista (el concierto lo dieron él y su teclado) donde el pop se impregna de sonoridades tropicales y una revisión contemporánea del soul; situando las melodías a la misma altura que una voz sorprendente. Primero consiguió que Drake le sampleara, ahora era turno de ganarse al público. Quizás por ello el suyo fue el concierto que mejor conectó con los espectdores (le ayudó la afinidad lingüística, su madre es colombiana) y ciertamente consiguió fidelizar a una parte de la audiencia. Pudo ser monótono, pero canciones como Fruitflies o su osadía para colar una cumbia en el centro de la escena independiente justificaron una actuación nada performática y muy personal. Cabe preguntarse si tiene espacio en un macro – festival como el Primavera Sound una apuesta tan cercana incapaz de levantar energías en las legiones festivaleras. Ahora bien, a la hora de plantearnos esa pregunta no debemos olvidar que fueron precisamente Primavera quienes consiguieron colocar a Rosalía y Raül Refree en medio de su programación.

Después de Garzón – Montano vinieron una sucesión de actuaciones mucho más “festivaleras”. Ahora eran ellas las que estaban fuera de lugar en esas salas de interior, recortadas de espacio para un baile desenfrenado. La primera fueron una de las revelaciones más destacables del día: Jakuzi. Esta banda de gran influencia en el underground turco hace una suerte de new wave donde el shoegaze y la voz grave de su cantante se encuentra con bases bailables llenas de ritmo. En la línea de Lust for Youth o First Hate, pero algo más oscuros y con menos sintetizadores. Su impecable actuación deleitó al público y, estamos seguros, les abrió en grande las puertas del siguiente Primavera. A nosotros, aún boquiabiertos por su propuesta poco rupturista pero sí enormemente consolidada para un grupo amateur (solo tienen un disco, Fantezi Müzik, 2017), nos parecen también el grupo canónico para el portugués Paredes de Coura. Su fama en la península, por lo tanto, parece a punto de despegar. Vulk, punkarras de la escena bilbaína, siguieron a Jakuzi con una breve actuación donde demostraron destreza y muchísima energía. Sin embargo, no fuimos una audiencia a la altura. Solo en el desenlace se les concedió un pequeño pogo, cuando todo su concierto había sido una llamada al baile incontrolable con interpretaciones bastante más violentas que su sonido de estudio.

Concluyeron y la sala se vació por una razón de peso. Unas horas antes se había anunciado el nombre del “Unexpected Primavera”, táctica que la promotora ya ha interiorizado en su quehacer habitual y poco a poco la convierte en sello característico. El funcionamiento es sencillo: se anuncia una actuación pero no se dan los detalles de la misma hasta que la dirección lo decide. Así se tejió la sorpresa de Arcade Fire, Mogwai y HAIM en Barcelona; y para el Club madrileño reservaron a The Breeders. Banda formada por una de las integrantes de Pixies, famosa por ayudar a configurar el sonido de la década de los noventa; su integración en el Club es realmente incómoda (¿dónde está la novedad? ¿Y el descubrimiento?). Pero fue una sorpresa de tal magnitud que nadie pensó en ello. El recibimiento no pudo ser mejor. Hordas de seguidores vivieron un oasis nostálgico en la sala Ocho y Medio mientras se sucedían grandes temas de toda su carrera, como No Aloha, Drivin’ on 9, y, por supuesto Cannonball. Todas ellas acompañadas de una increíble conexión con los fans por parte de la frontwoman, Kim Deal. Con una gira europea anunciada sin ninguna fecha en España y con un carrera en standby hasta la publicación de su primer single en años (Wait in the Car) hace apenas un par de semanas; Primavera ha conseguido ganarse al público madrileño y afianzarse un poco más como el festival de las sorpresas.

Los últimos acordes de The Breeders lo fueron también de la primera jornada del Club. Hoy sábado volveremos a las salas ávidos de nuevos sonidos. De momento ya hemos completado nuestras playlist particulares con lo más novedoso – la mía ya incluye a Smerz, Cor Blanc y Jakuzi. A fin de cuentas, el Primavera Club está aquí para entrenar nuestros oídos para el porvenir. Y el futuro puede ser menos oscuro de cómo lo pintan.

 


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