Crónica del Primavera Club 2017 en Madrid - Sábado

23 octubre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Superorganism - Primavera Club 2017

Redacción: Vitor Blanco / Foto: Dani Cantó

Segundo día de búsqueda y descubrimientos musicales en el madrileño Primavera Club con una jornada que inclinó la balanza hacia las guitarras y el rock pero que no defraudó en la exploración de otros estilos y corrientes. A apenas cuatro conciertos para concluir este inusual festival (la del domingo será una velada recortada) se va configurando en nuestra mente y en nuestras listas de reproducción una idea de cómo sonará el próximo Primavera Sound. Y con él, por supuesto, el sonido del nuevo año.

Las guitarras rockeras estuvieron presentes desde el arranque con una propuesta muy autóctona. Bajo el nombre de FAVX se esconden los madrileños Nico, Elena y Daniel, que, con apenas cuatro canciones subidas a Spotify (entre las que destaca especialmente esa de nombre tan sugerente como Born in the 90s) comienzan a despuntar una carrera a la que tendremos que seguir la pista. Ya han tocado en festivales nacionales como el Low o el Monkey Week, pero el que podría ser su arranque al estrellato será su paso por el texano SXSW el año que viene. Por lo pronto, su parada en el Primavera Club supo a poco. Podemos decir que, como el de Moor Mother en la jornada del viernes, lo de FAVX fue otro intento frustrado por el horario. Quizás si hubieran sonado algo más tarde, con la pista más concurrida, habrían conseguido exprimir un repertorio que promete pero que brilló sin exceso. Los madrugadores de las seis de la tarde todavía estaban estirando sus músculos como para lanzarse a ese grunge punkarra, y algo noise, de FAVX. No obstante, nuestra antena está puesta sobre ellos. No hacerlo sería una gran equivocación.

Flat Worms también bucean las turbulentas aguas del punk. Pero ellos lo hacen en la costa Oeste norteamericana. Este trío de Los Ángeles explora sobre el escenario una fórmula canónica de garage punk que, sin convocar ninguna revolución sonora, adquiere una solidez y contundencia inéditas para un grupo novel (su único disco, homónimo, se publicó un día antes de su concierto en Madrid). Investigando un poco en los “trapos sucios” de Flat Worms descubrimos el porqué: entre los angelinos encontramos exmiembros de las bandas de Ty Segall, Thee Oh Sees o Kevin Morby. No extraña entonces que el suyo – favorecido también por una mayor audiencia que en FAVX – fuera un concierto de destreza técnica y dominio de las emociones del público. A nosotros no nos sorprendieron especialmente, pero entre la audiencia despertaron un merecido éxito (materializado en un aplauso interminable) que les abre las puerta de los principales festivales multitudinarios.

Del punk enciclopédico al pop electrónico más actual. Tal fue el cambio cuando subimos al recién inaugurado escenario del Cielo Barceló. Ganges fueron la segunda apuesta autóctona y un descubrimiento de lo más agradable. Lo suyo es un ambient intimista que por momentos rompe en sonidos mucho más bailables (el tema Origami lo demuestra perfectamente) y que alcanza su equilibrio en la sugerente voz de Teresa Gutiérrez. Quizás explorar esta vertiente más dance les ayudaría a cerrar un directo más intenso, pero lo cierto es que sorprendieron con sus propias herramientas y poco hay que rebatirles. Incluso se atrevieron con el español en su ya primer éxito, 400 Millas Norte, y cerraron con una cover de los intocables Artic Monkeys, I Wanna Be Yours. En definitiva, Ganges tienen el poder para importar un sonido muy británico con respeto y calidad. Nosotros solo podemos esperar ansiosos a su crecimiento.

De aprendices a mentor en apenas veinte minutos. Eso supuso el cambio de Ganges al londinense PAULi. en el escenario El Cielo Barceló. Pauli Lovejoy se sube en solitario a los escenarios para complementar una carrera prolija en colaboraciones momentáneas: Damon Alblarn, FKA Twigs, Sampha o Jamie xx ya han contado con su ayuda. En el Primavera Club algunos problemas técnicos hicieron que pospusiera su salida tras un intento fallido, pero la espera mereció la pena. Comenzó, como su EP THE IDEA OF TOMORROW., con esa narración contada con la voz de Idris Elba (MEMO ON A POSTCARD, Pt. 2). Una breve introducción que enseguida dio paso a sus bases R&B bailables de BELIEVE IN ME o I DON’T CARE; para las que bajó a bailar a la pista o pidió a espectadores que se subieran a acompañarle en su danza.

El retraso de PAULi. nos hizo temer que perderíamos a los rompepistas Clap! Clap!, pero al final los tiempos se adaptaron. Cuando llegamos al escenario principal ya habían empezado, pero solo nos perdimos algunos minutos. Pudimos disfrutar, por lo tanto, de la maestría rítmica de esta banda de sintetizadores, bajos y dos baterías que se entregan a una electrónica que repudia la pausa y explora sonidos, samples y cadencias sudafricanas. El italiano Cristiano Crisci dirige desde los platos una danza imparable que deleitó a todos los presentes. En la pista nadie podía permanecer parado bajo el embrujo de Clap! Clap! Y si algunos cambios se le resistieron por una mala coordinación entre los integrantes, se lo tomaron con humor y siguieron levantando las energías de una audiencia que poco a poco se adentraba en el ánimo de una larga noche de fiesta.

Lo que vino a continuación todavía resulta difícil de explicar. Ya habíamos oído hablar de Superorganism. Ya habíamos leído acerca de este grupo joven y peculiarmente secreto. Su fama aumentó cuando su tema Something on my M.I.N.D. apareció en la red, deleitó a Frank Ocean (que, nunca es malo recordarlo, tiene una cuenta pendiente con el sello Primavera) y la pinchó en su programa de radio. Después, la canción desapareció misteriosamente de internet. Temas que llegan a cuentagotas, presencia muy precaria en las redes sociales y fuertes rumores de un directo “peculiar” hacían de su paso por el Primavera Club una cita fundamental. Y no defraudaron. Superorganism, formados por Orono (japonesa de 17 años) y sus amigos de Londres, salieron al escenario llenos de purpurina, tocando unas campanillas y envueltos en abrigos de plástico. Desde ese momento supimos que el suyo no sería un directo al uso. A su sonido de pop travieso y joven, inspirado por Gorillaz, dicen, pero que también recordaba por momentos a Crystal Fighters o a Animal Colective; se une una escenografía de proyecciones incomprensibles (de hipopótamos cantando a gambas a la sartén, móviles sonando o ballenas sobrevolando el universo) y una actuación muy cercana a la performance. Los movimientos al unísono de los coristas reafirmaban exageradamente su juventud, mientras la cabeza del grupo permanecía casi estática en el centro del escenario, con una gafas 3D de cartón y cantando casi sin pasión. Toda una declaración de aesthetics futurista que no dejó indiferente a nadie, llenaron la sala de curiosos y elevaron temas como el homónimo Superorganism, Everybody Wants to be Famous o la ya mítica Something For Your M.I.N.D. Quizás haya un sector del público que reniegue de su sonido, pero no podrá negar que Superorganism saben explotar todo un repertorio de recursos escénicos que confirma que han llegado para quedarse.

Como en una estructura circular, los últimos conciertos del Teatro Barceló retomaron el punk rock con el que había comenzado la jornada. Los primeros fueron los barceloneses Medalla, editados por El Segell, sello fundado por el propio Primavera Sound y que ya nos ha descubierto a Belako, Jeremy Jay o Las Bistecs entre muchos otros. A Medalla los definen como la promesa encargada de hacer sobrevivir el rock de guitarras en una ciudad, la Condal, que poco a poco se inclina por la electrónica. En el Primavera Club cumplieron con su deber y dieron un breve concierto que supo extraer las energías de un público entregado al pogo desde el minuto cero. Con solo un álbum publicado Emblema y Poder (2017), los barceloneses, cada uno con su trayectoria anterior, saben como guiar un concierto para hacerlo explosivo, y es posible que acaben por cumplir su misión en la tierra y salven Barcelona del imperio de los sintetizadores.

Misión que sería mucho más sencilla con la ayuda de Cocaine Piss. Desde un pueblo de Bélgica nace este grupo de punk descontrolado que, pese a varios problemas técnicos, ofreció uno de los conciertos más entretenidos del Primavera Club, en parte gracias a la actitud irreverente y muy cercana de su frontwoman. Canciones de apenas dos minutos y sin descanso extraídas de sus dos álbumes (The Dancer y Piñacolove, de 2016 y 2017 respectivamente) llenaron un breve directo en el que la cantante bajó a bailar y cantar entre el público. Buena parte del concierto la dio tumbada en una posición imposible en el centro de la pista, justificando a los más “trasnochadores” del Teatro Barceló que habían tomado una buena decisión al no irse todavía.

La fiesta continuó entregada a los platos discotequeros en la malasañera Sala Taboó. Javi Redondo, residente del club madrileño Sport; LOR, llegado desde Belfast; y Baba Stiltz, exbailarín de ballet entregado ahora al tecno y al house; hicieron bailar hasta entradas las seis de la mañana al público que conservaba intactas sus energías. Para no agotar de cara al próximo lunes, la jornada del domingo no supondrá tal esfuerzo. Será en la sala Joy Eslava y acabará apenas entrado el nuevo día. Cruzamos los dedos para que, como los dos primeros días, nos ofrezca razones suficientes para confiar en el año nuevo.

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