Crónica del Primavera Club 2017 en Madrid - Domingo

24 octubre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Yellow Days - Primavera Club 2017

Redacción: Vitor Blanco

Solamente cuatro fueron los conciertos elegidos por el Primavera Club para terminar su última edición madrileña. Un cambio de sala – del Teatro Barceló a la Joy Eslava – y una jornada recortada marcaron el desenlace que, sin grandes sorpresas, mantuvo los estándares de calidad y novedad a los que Primavera nos acostumbró este fin de semana.

Recién llegados de Barcelona, hace dos días todavía en su Murcia natal, Poolshake (anteriormente conocidos como Glasgow) sorprendieron a escépticos de  esta nueva corriente de rock playero y psicodélico que tan fructífera está resultando últimamente en el país (a Alien Tango o Baywaves podríamos referirnos). No solo su solidez técnica triunfó, también lograron conectar con un público todavía resacoso de la noche de ayer. Y aunque no hubo baile (aunque la música lo pedía), sí hubo un muy buen recibimiento. Los de Murcia (víctima de constantes menciones a lo largo de la velada) pudieron alabar a Britney Spears (y a su segundo EP, “de obligatorio conocimiento para los eruditos del Primavera”), bromear con sus padres, con su falta de seguidores y de calidad, y hasta recibir un inesperado  “cumpleaños feliz”. Todavía no tienen disco, pero sí varias canciones que seguro incluirá. Las últimas, Seventies Sugar Dream o Golden Smoothie, apuntan bien arriba. Golden Smoothie ya supera las cien mil escuchas en Spotify y tiene un arranque que en seguida se adhiere a la piel.

Los siguientes en subirse al escenario de la Joy Eslava demandaban oídos exigentes. Las composiciones de Camila Fuchs navegan desde el ambient a la electrónica kraut en largas y muy meditadas melodías. Bajo ese nombre se esconde la actividad conjunta de la mexicana Camila de Laborde y el muniqués Daniel Hermann – Collini. Asentados en Londres, exploran con teclados, sintetizadores, percusiones y voz en un resultado que por momentos se acerca a Björk, al trip hop  y de manera muy momentánea a un tecno de cadencias más cotidianas. En Madrid gastaron cuarenta minutos de los que apenas fueron necesarios cinco para atraer ojos y orejas curiosas. Se pudo hacer pesado, sí, monótono incluso (una vez deleitados por su rareza y encanto), pero no por ello desmereció su calidad y su capacidad para situar la música en un plano de experimentación superior al entretenimiento. Camila Fuchs son una apuesta difícil de triunfar entre el gran público, difícil también de colarse en un festival usual; pero de esas que de vez en cuando brotan para poner a prueba nuestro gusto musical y abrir oídos a nuevas e inusuales melodías. Su disco debut, Singing From Fixed Rung (2016) está disponible online. Os animamos a escucharlo, va a ser complicado volverlos a ver por la ciudad.

Pero poco nos duró la calma tecno. Apenas veinte minutos después de la despedida de Camila Fuchs subían al escenarios Starcrawler, que suelen ser definidos como iconos de un cierto revival setentero. Lo cierto es que Starcrawler suenan mucho más contemporáneos de lo que creíamos, y la etiqueta que los asocia a los setenta pronto se les queda pequeña. Lo suyo es un espacio entre el punk y el hardrock fuertemente influenciado por la estética y actitudes del emo y de las corrientes heavy. Hubo irreverencia, y mucha – mucha – violencia en su concierto en la Joy Eslava. Temas rápidos de guitarras agresivas, bases de bajo sencillas y todo el peso de lo visual puesto sobre su cantante y frontwoman, Arrow de Wilde. Salió al escenario con unos calzoncillos suspensorios y encorsetada en una camisa de fuerza de la que se libró fácilmente al desenlace de la primera canción. Al final, todos los ojos estaban puestos en sus bailes incomprensibles, sus caídas, sus piruetas, su carrera que arrasaba con todo y con todos a través de la pista de baile y la sangre con la que completaba su “outfit” según avanzaba el concierto. Con apenas tres sencillos publicados (Let Her Be, Ants y Used To Know), su parada en el Primavera sirvió para confirmar que el resto de material – a punto de ser publicado con la ayuda en producción de Ryan Adams – mantendrá los estándares. Esto es: minutos de agresividad despreocupada y ninguna concesión a la calma.

Le tocó bajar el telón del festival a Yellow Days. Es el nombre del proyecto liderado por el cantautor George van den Broek, que bebe del minimalismo melódico y del protagonismo vocal de estrellas en alza como King Krule, sin renunciar por ello  a un deleite guitarrero más tradicional. El resultado fue un concierto intimista destacable, pese a que no convenció al propio George por una molestia en la garganta de la que ni nos dimos cuenta. Canciones de su único álbum (Harmless Melodies, 2016) y nuevas publicaciones, entre las que destacaron Holding Old, pero sobre todo Hurt in Love; llenaron un setlist sin cambios fundamentales. Exprimiendo su fórmula de blues y soul renovados sobre la que llorar por el amor desgarrado. Estaremos atentos a su futuro. Sobre el escenario demostró tener el potencial necesario para poner los focos sobre él.

Terminado Yellow Days el Primavera Club tocaba su fin tras tres días con más de veinticinco conciertos en cinco salas. Llegamos a su desenlace con melancolía. En un momento de festivales estandarizados – por especialización, por repetición de nombres – apostar por un ciclo de propuestas totalmente desconocidas, de un eclecticismo inaudito, donde prima descubrir por encima de reconocer; debería ser aplaudido con todavía más fervor. A su paso por Madrid, el Primavera Club nos ha dejado nuevas joyas de escucha diaria.  Del tecno experimental de Smerz al hardcore electrónico de Blanck Mass. De la lucha política de Moor Mother, a la exaltación teenager de Superorganism, enfrentada a la desazón adolescente de Yellow Days. Y en el plano más cercano, la nueva promesa de Luup Records: Cor Blanc; y el pop electrónico de los madrileños Ganges. Podríamos seguir (re)explorando el cartel y recordando cada una de las virtudes de sus integrantes una vez presenciado cómo se desenvuelven sobre el escenario. Pero primemos la calma. Sus carreras están empezando y no sería acertado construir su torre sin empezar por los cimientos. Nuestra lupa está puesta sobre todas estas promesas descubiertas, envueltas y regaladas por un Primavera Club que – por favor – esperemos que vuelva a Madrid un año más.


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