Crónica del Paredes De Coura 2017 - Viernes

19 agosto, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Nick Murphy - Paredes De Coura 2017

Redacción: Vitor Blanco

Superado el ecuador de su vigésimo quinta edición, el festival Paredes de Coura abre su recinto para un tercer día que se anticipaba, en vistas del cartel, como un portazo casi radical al hardcore y al post - rock que habían dominado la jornada del jueves. Era viernes 18 de agosto, tiempo de R&B experimental, dreampop o electrónica en el Parque Fluvial del Taboão. Y pese a que un poco más tarde que en la ocasión anterior, los dos escenarios no tardaron en ofrecer gratas sorpresas.

El recinto, una gran pista de baile.

La principal impresión concluida la jornada del viernes 18 de agosto es que éste había sido el día en el que el parque fluvial del recinto se asemejaría más a una gran pista de baile. A ambos escenarios subían propuestas llenas de ritmos dance, algunas incluso muy discotequeras, que sorprendían a la audiencia pero que no la terminaron de agotar. Las energías de los festivaleros son insaciables.

Los responsables de dar el pistoletazo de salida a esta gran fiesta de viernes noche fueron Young Fathers, trío de Edimburgo (aunque invitaran al escenario a un cuarto integrante encargado de los ritmos y percusiones) que sabe partir de raíces R&B y poperas para hacer crecer un árbol de estilos eclécticos e indefinibles. Hay rap, hay rock, hay electrónica, pero para cuando todos ellos actúan a la vez todavía no se ha establecido un nombre. Y si bien la suya es una propuesta heterogénea, responde a un único y claro cometido: hacer bailar y saltar a todos los oyentes.

Por lo menos esa era la promesa de sus álbumes y singles de estudio, pero su salida al escenario dejaba las expectativas a medio cumplir. ¿Quizás el escenario era demasiado grande para Young Fathers? ¿O era demasiado temprano? Sin todavía respuesta presenciábamos cómo joyas electrizantes como Queen is Dead o WAR perdían buena parte de su energía. Incluso uno de sus éxitos más destacables GET UP, salía desfavorecido y solo conseguía salvarse con el entusiasmo de un público que no estaba dispuesto a perder otra gran composición.

Pero sucedió el milagro. Primero comprendimos las razones de esta temprana mediocridad. Uno de los integrantes salía al escenario con un aparato desconocido, y luego lo volvía a abandonar sin ocultar cómo con su uso hacía frente a una insuficiencia respiratoria. Nuestra preocupación fue inmediatamente disipada: el cantante volvía al escenario cargado de una renovada energía que consiguió impulsar el resto del concierto a tiempo. Así LOW, o su más reciente Only God Knows (incluida en la banda sonora de la segunda parte de Trainspotting) hacían justicia y conseguían arrancar un merecido baile. Para dar paso, en último lugar, a una brillante interpretación de SHAME precedida de la primera - y por supuesto última - conexión de Young Fathers con su público.

Antes de abandonar definitivamente el escenario el cantante quiso demostrar su completa recuperación, para lo que saltó al foso, se acercó al público, rodeó corriendo el escenario de camino al estrado y pegó un par de berridos finales que ponían la guinda en un concierto que, definitivamente, convenció.

Siguieron con la fiesta, ahora ya en el escenario menor, unos autóctonos Octa Push entregados a una curiosa mezcla entre la electrónica más actual, la tradición musical portuguesa y las propuestas urbanas que llegan desde África. Un sonido de fuentes diversas que ya parece haberse consolidado entre los productores portugueses y siempre asoma en los festivales organizados en el país luso.

Sin embargo, tanto la propuesta de Octa Push como el resto de ofertas semejantes sigue llamando a audiencias locales y a extranjeras atraídas por los ritmos contagiosos, la energía desenfrenada y el ambiente despreocupado que tan bien caracteriza los conciertos de esta tipología tan propia. El caso de Octa Push, además, viene respaldado por el liderazgo de Conspira, considerado uno de los pioneros de la electrónica en el país; y goza, además, de canciones imparables (Bright Lights o la insuperable Please, Please, Please) que la noche del viernes daban un primer bocado a la sesión afterhours que vendría después.

Inaugurada con R&B electrónico, continuada con ritmos urbanos discotequeros, la fiesta llegaba a su deselace al ritmo del tecno pop de Roosevelt. Subía al escenario Vodafone.fm cuarenta minutos después de la anunciado, arrastrando el retraso de Beach House (consultar el final de esta crónica). Para avivar los ánimos fiesteros ofreció un espectáculo ininterrumpido de dance contagioso con el que revisó grandes temas de su único disco homónimo. Todo un mérito que con solo un larga duración publicado, el productor alemán cuente ya en su mochila con innumerables hits rompepistas que en ningún momento de su "breve" concierto (superó ligeramente los cuarenta minutos) descendieron el nivel.

Y entre tantos grandes temas electropop, algunos especialmente destacables. Es el caso de Elliot, que llegaba entre las primeras, justo después de Wait Up. O Fever, que alargó en un ejercicio de experimentación de sintetizadores y batería para volver a romper en un estribillo imposible ya de olvidar. Y también ese momento final que contra todo pronóstico no colocó en Teardrops (su cover dance del famoso clásico ochentero de Womack & Womack's), sino en una inesperada Sea que no defraudó las expectativas.

El último reducto hardcore.

Entre el baile discotequero y otras ofertas alternativas, los sonidos de post - rock y hardcore que habían protagonizado la noche del jueves daban sus últimos coletazos en dos propuestas dispares.

La primera, Moon Duo, formación doble de Erick Johnson y Sanae Jamada, subía al pequeño escenario Vodafone.fm para ofrecer algunos retazos de su carrera a bordo de un rock psicodélico de manual. El suyo no fue un concierto de grandes sorpresas, más bien de actuaciones fieles de temas como New Dawn, Mirror's Edge o Creepin' que no supusieron grandes sopresas ni consiguieron atraer a demasiado nuevo público.

Dejaban vía libre, al no ofrecer competencia, para el éxito hardcore de Japandroids. Los de Vancouver sorprendieron por austeros, pero nada les impidió firmar el concierto que todos los seguidores y neófitos esperaban. Cedieron todo el protagonismo a la música, sin grandes efectos especiales ni necesidad de avivar al público con sorpresas continuas. Y aún sin golpes maestros inesperados, triunfaron.

Porque su repertorio puede arrancar ya con nuevos himnos de la talla de Near To The Wild Heart Of Life sin desmerecer toda la continuación del concierto. Prosiguiendo con novedades como North East South West (que dedicaron a todos los habitantes de O Porto tras confirmar que pronto tendremos un videoclip grabado en esa ciudad portuguesa durante su paso por el Nos Primavera Sound) o No Known Drink Or Drug. Sin olvidar viejas composiciones como la Wet Hair de su álbum Post-Nothing, que no consigue alcanzar el nivel de sus compañeras de setlist; o la obligatoria guinda del pastel, The House That Heaven Built, su mayor himno desde la publicación en el Celebration Rock de 2012.

Con ella concluían los canadienses su impresionante concierto austero. Algunos ya habíamos tenido la ocasión de disfrutar de Japandroids en sala, pero ganaron muchísima salud en un gran escenario exterior. El habitat de ese repertorio de garage rock y hardcore no es la pequeña pista cerrada, donde el espacio para el baile desenfrenado no es suficiente. Su lugar está en las grandes explanadas festivaleras, en el polvo de todos los pisotones que impedía respirar. Es ahí, donde no existe tranquilidad, donde Japandroids deberían ofrecer todos sus conciertos.

Entre la tempestad, la "calma".

Por todos es sabido que toda buena noche de fiesta no se mantiene en la cresta de la ola infinitamente. Tiene que contar con algunas bajadas que te recuerden que lo que vino antes, y lo que vendrá después, es de nuevo la cima de la montaña.

Un símil podría haber sucedido la noche del viernes en el Paredes de Coura. Si a lo largo de la tarde y de la noche encontrábamos razones para el baile elecrtónico y discotequero o para el hardrock más demoledor, algo debía de servir de contrapunto reposado, pausado. Algo con menor ritmo pero llamado a calar más profundamente en nuestros sentimientos.

Cuando escuchas en tus auriculares BadBadNotGood parece que estos jóvenes canadienses y su propuesta de jazz fusión entraría directamente en la lista de actuaciones "distendidas" de la jornada. Es muy fácil caer en este error, más cuando entre las primeras canciones del setlist se encuentran Speaking Gently o Triangle. Pero sobre el gran escenario Vodafone BadBadNotGood dieron razones de peso para demostrar que su propuesta es solo calmada cuando se escucha reposado en una habitación.

En primer lugar, llamar calmado al jazz puede ser un pecado imperdonable - más cuando lo que hacen los australianos es una fusión de tintes rockeros bastante evidentes -. Pero cuando les preceden Young Fathers y les siguen Japandroids podéis haceros una idea de a qué atendía cuando decidí introducir a BadBadNotGood en este epígrafe de oasis "algo más pausado". Hubo pogo, por supuesto - ¿acaso no lo hay en algún concierto del Paredes de Coura? -, pero esperemos a ver qué sucede hoy con Foals para empezar a hablar de comparaciones.

La segunda razón que aleja a BadBadNotGood de la calma fue su actitud sobre el escenario, especialmente la de su batería. Sobre el escenario se acercaban más a los grandes héroes de estadios que a recogidas y herméticas figuras del jazz. Era su primer concierto en Portugal y nada más salir al escenario afirmaban que esto solamente acaba de comenzar. ¿Se referían al propio concierto o a su relación con el país luso? Habrá que esperar unos meses para poder responder a la pregunta, pero de momento sí podemos asegurar con firmeza que en su primer cameo portugués consiguieron hacer levantar las manos de toda la audiencia, dirigieron coros enormes e incluso hicieron agachar a todo el anfiteatro natural del recinto del festival antes de un salto y baile descontrolado que recordaremos como uno de los más multitudinarios de esta edición. Y todo ello sin dejar de lado esas raíces jazz de saxofón, piano y bajo.

De cara al desenlace sorprendía el divertido baile del batería y el instrumentista de viento, una danza entre esotérica y clásica que despertó alguna que otra carcajada (¿pero no érais un grupo de jazz?). También ciertos cameos en la electrónica más pura, con bases que, despejadas de todo artificio, podrían hacer delicias del mismísimo Jamie xx. Pero fueron las dos últimas canciones las que condensaron en sus escasos diez minutos toda la esencia del concierto.

La primera, de nombre Chompy's Paradise, reflejaba a la perfección esa calma placentera a la que todos los que no les habíamos visto en directo asociábamos a la banda canadiense. Pero la segunda desmontaba el mito y ofrecía toda la energía inexistente en la versión de estudio. Era la prueba viviente de que BadBadNotGood saben ofrecer un gran concierto festivalero sin desmerecer a su esencia.

Pero modificar su sonido para coordinar un concierto más llevadero y menos lineal no fue la estrategia de Beach House. El dúo formado por Victoria Legrand y Alex Scally sabe perfectamente que ha conseguido la merecida distinción de líderes del dream pop, y no están dispuestos a perderla ni ante una horda de festivaleros que pedían un poco más de variedad y energía. Su paso por Paredes de Coura como cabezas de cartel fue un concierto de calidad intachable, pero arrastraba consigo los lastres a los que se suele asociar su directo: monotonía, tedio o falta de conexión. Todo ello empeorado por la media hora con la que demoraron su salida al escenario, por la que pidieron perdón y que achacaron a problemas técnicos. En definitiva, lo suyo fue una extensa hora que hizo delicias de sus fans más acérrimos, pero que condenó al exilio a muchos de los posibles nuevos oyentes.

Pero toda crítica es menor cuando recordamos la calidad prácticamente perfecta con la que repasaron una fructífera trayectoria que ya supera los diez años y firma un mínimo de siete álbumes (y alguna rareza más). Desde la Levitation de Depression Cherry que marcaba la oscuridad propia del grupo - de su dream pop, y también de su juego lumínico -, pasando por Wild de Bloom oWalk in the Park de Teen Dream. Toda una progresión con algún repunte dramático marcado por mayores ritmos y experimentaciones, que caminaba imparable hacia un final obligatorio: el de Sparks (nosotros la recordaremos como la mejor interpretación de su paso por el festival) seguida de Myth, la primera y última gran ocasión en la que Beach House levantaron un coro multitudinairo.

Clausuraban el escenario Vodafone casi a las tres de las mañana y con un público exhausto bajo el peso de su solidez y oscuridad musical. Menos mal que Roosevelet retrasaba su salida al escenario secundario para que ninguno de los festivaleros se perdieran su sonido y pudiéramos aligerar aquella carga moviendo nuestros brazos y caderas. Empezaba la sesión afterhours para todos esos que apuraban sus últimas energías a apenas un día del desenlace del festival.

Hoy, sábado 19 de agosto, último día del cumpleañero Paredes de Coura, veremos quien de todos aquellos fiesteros del viernes noche continúa con vida.


MÚSICA RELACIONADA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cross-circle
linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram