Crónica del Paredes De Coura 2017 - Sábado

20 agosto, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Festival Paredes De Coura

Crónica: Vitor Blanco

El sábado 19 de agosto era la jornada decisiva. Todo lo anterior había sido una celebración previa, un precedente para el momento que toda fiesta de cumpleaños marca como fundamental. Al Vodafone Paredes de Coura le quedaba apenas una noche para soplar las velas de su vigésimo quinto aniversario, y reservó para este gran día algunos de sus platos más fuertes.

No solo Foals –dispuestos a ganarse ese discutible puesto de protagonistas únicos del cartel – sorprendieron en una despedida de altura. Desde ambos escenarios, antes y depués de la actuación de los británicos; Paredes de Coura ofreció acontecimientos fundamentales para que su cumpleaños fuera definitivamente inolvidable.

Arranca la recta final.

Llamados por la curiosidad, nuestra jornada de despedida comenzaba antes de lo habitual. Los responsables, un cuarteto nacido en la autóctona Guimaraes de nombre Toulouse que desde el escenario Vodafone.fm se encargaba de la importante tarea que supone marcar el inicio el fin. Eran las seis de la tarde y todavía combatíamos un calor infernal. Pero cuando algo está a punto de terminar, uno se obliga a exprimir su jugo al máximo.

El suyo fue un concierto que comenzó con ritmos de pop envolvente muy cercanos a los Beach House que nos habían deleitado la noche anterior. Pero pronto se alejaron de los maestros de las atmósferas dream para entregarse a una vertiente más rockera de ese inconfundible y sugerente estilo. Dieron un concierto breve, como suele suceder a las horas tempranas de todos los festivales, pero Toulouse no solo deleitaron a la horda de seguidores y amigos, sino que con composiciones como Battery (en el ecuador mismo de su directo) o la final Juniper (la única que conocíamos tras una escucha curiosa a la playlist del festival) nos obligaron a buena parte de los presentes a marcar su álbum Yuhng como futura y atenta escucha.

Sobre el Vodafone.fm seguían a Toulouse unos desubicados White Haus. Desubicados porque a esas horas de la tarde (todavían daban las siete en punto) su propuesta de electrónica nos cogía a todos los presentes desprevenidos. Durante su primera canción recordaban ligeramente a LCD Soundsystem (precisamente un año después de su paso por el Paredes de Coura), sobre todo a temas en la estela de su último hit: tonite. Para una segunda canción se acercaban más al sonido de Arcade Fire (que también pasaron en su momento por el festival). En concreto en el dúo de voces masculina y femenina que tanto marca el estilo de los canadienses. Pero ambos símiles no son del todo absolutos, y mientras que tanto a LCD Soundsystem como a Arcade Fire les caracterizan algunos momentos de melodías épicas, para White House lo importante es la pura y temprana electrónica. Después de su cuarta canción cualquier comparación era ya injusta. Los de João Vieira (líder de esta composición portuguesa) estaban haciendo tecno, a secas, celebrando el cumpleaños del festival en una muy "madrugadora" fiesta dance.

Rock de manual.

Entre celebración y celebración, a medida que se acercaba esa meta final que marcaba un año más en la vida del festival, hubo tiempo para un oasis de rock sin etiquetas renovadoras. No cabían prefijos como "post-" o "neo-" en la actuación de Foxygen, que desde el escenario principal desprendían toda la energía de un rock tan retro que, en un momento de revisiones y fusiones; resultó paradójicamente original.

Su frontman cantante, Sam France, actúa como la viva imagen del cliché rockero. Desde la vestimenta: tejanos de campana, gorro, una gafas de sol con forma de corazón marca personal y cobertura de purpurina plateada (que parece ser ya el complemento obligatorio en cualquier festival que se precie); hasta su actitud de palabrería egocéntrica tan odiosa como entretenida. "No es fácil ser una estrella de rock como yo", afirmó. Lo que también implica, por supuesto, que según avanzaba el concierto se fuera deshaciendo de su vestimenta; e incluso dejar espacio para un cambio de vestuario al nivel de las grandes divas del pop.

Pero dejemos de lado anécdotas estilísticas para centrarnos en lo que hace de Foxygen una auténtica trinchera de rock nostálgico: sus composiciones rockabillies. La progresión de entrada en el festival incluía Whe Are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic, homónima de su disco publicado en 2013, así como otras pertenecientes a aquel álbum, en el orden de San Francisco (para la que presentó a la corista de todo el directo) o Shuggie. Pero también hubo suficiente espacio para nuevas composiciones extraídas de su último larga duración, grabado sin la ayuda de ningún sonido de ordenador haciendo justicia a su nostalgia pre - digital. Entre ellas no faltaron Follow the Leader, Rise Up o Trauma, que se alargó en solos interminables y gritos expresivos haciendo de su paso por el setlist el momento más espectacular del concierto.

Tal fue la energía desplegada que los de Foxygen se olvidaron de consultar su reloj, y tras un repaso de No Destruction abandonaron sin previo aviso el escenario apurados por el horario. ¿Estrategia de irreverencia rockera o verdadera falta de tiempo? Jamás tendremos una respuesta definitiva. Pero lo que sí sabemos es que si se fueron cuando la hora obligaba es porque en el escenario menor comenzaba a tocar uno de sus protegidos descubrimientos.

Su nombre es Alex Cameron y el inicio de su relación con Foxygen es digno de ser contado. Los de Sam France lo conocieron en un concierto en "Silencio", la discoteca de David Lynch en París. Desde que lo marcaron como imprescindible, Alex Cameron se ha enfundado en un característico disfraz de artista fracasado y personalidad deprimente con la que recorre escenarios del globo como telonero, entre otros, de Mac DeMarco. Junto a Cameron, es famosa la colaboración del saxofonista Roy Molloy, que tampoco quiso faltar a esta nueva cita portuguesa. Cita a la que llegábamos con un imperdonable retraso (la culpa la tienen Foxygen, no nosotros) mientras sonaba Real Bad Lookin', de su álbum Jumping the Shark.

La suya también era una estética y una actitud rockera, pero con canciones como The Comeback o Happy Ending demostraba que, al contrario de sus protectores, él sabe desligarse de purismos y permitir que el pop y a electrónica inunden también su repertorio.

Atravesando la meta final.

 Benjamin Clementine comparte con Alex Cameron la historia de un descubrimiento que lo catapultó a la fama. Pero la del primero es una travesía mucho más complicada. Originario de Inglaterra, se mudó a París donde comenzó a ganarse la vida tocando para los pasajeros del metro lo que había aprendido como autodidacta. Quiso el destino que un amigo lo encontrara y produjera su primer EP, iniciando un camino que desencadenaría en la salida del álbum At Least For Now en 2014.

Al amigo de Benjamin Clementine le debemos, y me atrevo a decirlo sin ningún tipo de duda, el mejor concierto de la vigésimo quinta edición del festival Paredes de Coura. Un directo que sorprendió por una acogida cariñosa y multitudinaria incluso antes su inicio (¿es Portugal un lugar de éxito asegurado para Benjamin o habría pasado lo mismo en España?), pero que podría haber conseguido el mismo resultado final con méritos estrictamente propios.

Comenzó con una inédita By The Ports of Europe, que no necesita una explicación extensa para comprender su ácida crítica. La canción demostraba también la experimentación y las inquietudes sonoras de Benjamin Clementine y su coro femenino. Experimentaciones e inquietudes que no cesan en temas de su álbum debut, como God Save The Jungle, en nuevos como Phantom of Aleppoville, y en inéditos como Jupiter. Pero fueron Nemesis y Condolence las que arrancaron los mayores aplausos. Merecidísimos en el caso de la segunda, que con un repetido estribillo que reza "I'm sending my condolence to fear and to insecurities" (o "le envío mis condolencias al miedo y a las inseguridades") hizo a la numerosísima audiencia cerrar los ojos y cantar directamente a sus demonios. Remedio contra un tiempo en el que el miedo, por desgracia por sus terribles consecuencias, asoma en todos nosotros alimentado por los medios y la desinformación.

Repetimos por si no quedó lo suficientemente claro: lo de Benjamin Clementine el sábado 19 de agosto es la definición de un concierto de éxito. Y sí, dolió demasiado la ausencia de una genial London en el setlist. Pero el desenlace estaba reservado para una obligatoria Adios con un solitario Clementine depositando toda su energía en el piano de cola. Boquiabiertos una vez más, la sugerente letra de Adios, de despedidas veloces y personas que se deben subir a un tren, nos dejó pensando en la trayectoria que había llevado al joven inglés desde las estaciones del metro parisino hasta el gran escenario de la Playa Fluvial del Taboão.

Pero no hubo demasiado tiempo para sentimentalismos. Ty Segall seguía a Clementine sobre el escenario Vodafone para hacer callar nuestras neuronas y enterras nuestros sentimientos más conmovedores. Su primera canción Break a Guitar, era ya toda una declaración de intenciones acerca de lo que nos depararía su directo.

Con una prolífica carrera que suma ya alrededor de 30 singles, innumerables LPs y canciones; escoger cuáles serán los temas afortunados para el directo es una tarea vertiginosa. Al final Ty Segall se decidió por lo fácil: no ofrecer ningún segundo de descanso a una audiencia que se entregaba entusiasmada a los últimos pogos del año. Así sonaron Freedom y su sucesora Warm Hands (Freedom Returned), pero por encima de todas sus éxitos Caesar o Squaler. Alegato de rock multitudinario de estadio que sorprendía, claro está, pero que quedaría eclipsado por la magia única de un previo Benjamin Clementine, y por la antológica actuación de unos posteriores Foals, ante los que Ty Segall quedaría como un mero telonero.

Porque si bien es cierto que Foals comienzan a perder poco a poco un aura mítica confirmando actuaciones continuadas de calidad mejorable; su paso por el Paredes de Coura les volvió a elevar al Olimpo de las grandes bandas internacionales. Porque en comparación con otras ocasiones, como su paso por el madrileño Mad Cool este mismo año; los británicos ofrecieron en Portugal un espectáculo inmejorable.

Las razones que separan esta ocasión de las otras muchas que han tenido los de Yannis Philippakis para sorprender pueden ser varias. La más convincente es la energía y voluntad que otorga conocerse cabezas protagonistas de un cartel de tan alta calidad (junto a los posibles incrementos en medios que ello conlleva). Pero también, no nos quedemos sin decirlo, el público portugués pudo haber aportado su granito de arena con un recibimiento y una entrega intachables – que, por cierto, dejaron a la audiencia madrileña por los suelos.

El camino conducía al éxito asegurado, y Foals no perdieron la oportunidad. Al igual que en su paso por el Mad Cool, salían al escenario con Mountain At My Gates, pero esta vez añadían una intro con Yannis Philippakis en solitario haciendo intuir la pegadiza base de la canción. Todo un inicio épico que perdió parte de su efectismo por algunos desajustes técnicos, pero que supondría el primer y úlimo error de los británicos. Le seguían otras canciones de su ultimo disco (What Went Down) como Snake Oil; pero pronto daban paso a viejas composiciones tal y como tienen acostumbrado en esta última gira que repasa al completo toda su carrera. Así, de su primer Antidotes sonaron Olympic Airways, Red Socks Pugie, pero sobre todo una rareza como Heavy Water, la rompepistas Electric Bloom, y una Two Steps, Twice que reservaron para el desenlace definitivo del directo. Mientras que de Total Live Forever rescataban Black Gold y la bellísima (¿será su major canción?) Spanish Sahara, que crece, explota, se condensa y vuelve a esparcirse con una energía renovada. Balada imperdible que encontró su momento de calma arropada por la nueva Knife in the Ocean, y por – muchísimas gracias Foals – la Late Night de Holy Fire. Sus primeros acordes nos pillaron por sorpresa, recordando que su ausencia en el setlist del Mad Cool había protagonizado una de nuestras críticas más severas a los británicos.

No quiso faltar Late Night en Paredes para completar un setlist redondo, sirviendo, por otro lado, como contrapunto distendido de cara al arrollador final. Inhaler llamaba a los presentes a un último pogo que no agotó las pilas de los festivaleros tras cuatro días de baile; por lo que Foals tuvieron que volver al escenario para interpretar su útlimo hit, What Went Down (junto a la ya mencionada Two Steps, Twice).

Concluía el concierto más esperado de la edición y con él el Festival Paredes de Coura alcanzaba unos merecidos veinticinco años. Un ‘Parabéns Pra Você’ inesperado, confeti, bolas de plástico y un último y alegre baile en el escenario Vodafone eran la sorpresa guardada para la ocasión; pero la fiesta de celebración estaba todavía lejos de su desenlace. Con la idea de estar viviendo un momento histórico rodando nuestra mente nos dirigimos al escenario Vodafone.fm, donde la sesión afterhours prometía dejar inútiles por fin todos nuestros músculos. Y así, entre el rock duro de Throes + The Shine, y la sesión del reconocido dj portugués Nuno Lopes despedimos a un festival que entraba recién en la edad adulta. A Paredes de Coura le toca ahora escribir una vigésima sexta edición a la altura, y a nosotros estar ahí para volver a contarlo.

Foto | Hugo Lima


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