Crónica del FIB 2017 - Viernes

16 julio, 2017
Redaccíon: dod Magazine

FIB 2017 - Escenario Las Palmas

Redacción: Ro Sánchez

Una de las mejores cosas del FIB de este año es el ritmo del festival. No tienes un momento de descanso casi desde la apertura de puertas y siempre hay algo que ver en alguno de sus cinco escenarios. Esto se agradece cuando quieres vivir una experiencia frenética y hacer del recinto el nuevo patio de tu casa.

El día empezaba cargadito si tu primer concierto era Ella Rae y seguías con The Sherlocks, ambos dando el pistoletazo de salida a una jornada que desde la apertura de puertas ya contaba con bastante público. Mourn tomó la batuta que Belako les había dejado el día anterior en el escenario principal para confirmar que las guitarras alternativas españolas son más que infalibles en directo, lo que va a llevar a muchos descubridores a animarse a explorar sus trabajos de estudio. Aunque a su alrededor todavía píe eso de banda emergente, han conseguido al menos quitarse la etiqueta de 'hijas de', algo que no les hace falta con conciertos como este —y bueno, siempre que desenfundan instrumentos—. No, de verdad, ni un titular más diciéndome de quiénes son familia. Vestidas con ropa blanca manchada de pintura como si acabaran de llegar de una batalla de paintball, salieron efectivamente con ganas de guerra y musicalmente, la dieron. Sobre el Las Palmas demostraron personalidad creciente —que se va gestando poco a poco en la expresión y postura de la cantante y guitarrista Jazz Rodríguez—, una interpretación que da gusto ver y por qué no decirlo: que tienen entre 16 y 21 años aunque tú no te vas a dar ni cuenta porque la madurez cuando tocan no deja lugar a que te lo pienses. Esto hay bandas que tardan años en alcanzarlo, y llama la atención que cuando se supone que ni siquiera tendrían que tener una todavía, sí se hayan construido a sí mismas sobre las tablas.

 

Temples - FIB 2017

Mi siguiente cosa favorita del FIB es que, si —casi— siempre deja claro que tiene un cariño especial hacia el rock y la música alternativa —que sí, que para eso es un festival indie—, este año está mimando todo lo que es guitarreo eléctrico en el cartel. Así que muy contenta me voy desde Mourn a Temples en el Visa. Mitad de set que pude ver como aperitivo antes de llegar a Blossoms después. Comenzaron con A Question Isn't Answered y vale, en directo son bastante calmados, pero es que la hora tampoco ayuda. Con un poco de dificultad me hice a la idea de los efectos de luces que, paradójicamente, no lucen nada de día. Me quedo con ganas de ver un concierto entero que no sea bajo el sol. El otro problema de Temples fue que todo su público estaba bastante ansioso por la actuación de Blossoms y vi primeras filas abandonar posiciones para intentar ganarlas en el escenario principal antes de que empezara. Para lo acostumbrada que me tiene la masa británica a vociferar las letras de las canciones en conciertos, lo ayer estaba a medio gas. Así que sí, yo también me marché. Parecía evidente que había algo que no me podía perder.

Blossoms - FIB 2017

Blossoms era una de las actuaciones con más expectación, según se palpaba entre los asistentes del camping. No es que en el asfalto del Las Palmas no cupiera un alma, pero el ambiente estaba ya caldeado entre los gritos a Jeremy Corbyn en lugar de los lo-lo-lo-lo de Seven Nation Army, broma que había empezado Stormzy el día anterior y que parece que ya se ha quedado en el festival. Cuando Tom Odgen sale al escenario te quedas pensando qué pasa y por qué crees que esto ya lo has vivido antes. Lo que ocurre es que cada vez que le miras te viene la imagen del Alex Turner del Humbag, y desde ese momento no pude evitar la comparación en la puesta en escena, desde el movimiento de caderas hasta las muecas en su cara e incluso el peinado. Fue su momento de consagración en un festival al que son asiduos como asistentes, pero no antes como artistas, y de hecho el propio Odgen confesaba: "estuve aquí en 2013 y mi ex-novia me dejó por otro durante el festival. Ahora he vuelto aquí y estoy tocando en el escenario principal, así que voy a dedicarme este tema a mí mismo", justo antes de tocar My Favourite Room, canción que escribió para la chica en cuestión, que debe de estar dándose golpes contra la pared en esos mismos instantes. Blossoms llegó para triunfar con un indie británico de libro que dominan a la perfección, y una presentación lo mismo elegante que rebelde de casi todo el material que tienen hasta ahora publicado, por lo que no hubo un alma que no quedara contenta. El aliento inglés se nota, sentirse como en casa hace mucho y qué más decir que a Blossoms se les ve un futuro prometedor si siguen haciendo riffs tan sugerentes y melodías tan cañeras que entran como agua.

Eso del cantante de Blossoms pareciéndose mucho al Turner de Arctic Monkeys me recordó a la relación que tiene el indie español en general con Los Planetas en particular. Casualmente, estos tocaban en el mismo escenario algo después, así que me quedé para intentar comprender por segunda vez el movimiento planetario que se genera alrededor de la banda. La primera vez que les vi fue también en el FIB hace dos años y fue toda una decepción, sin conseguir pillarles, sin entenderle ni un verso completo a Jota y con una serie de fondos hortera en movimiento muy del diseñador de los salvapantallas de Windows Media Player. Con el mismo plan de visuales que tienen regustillo cutre igual que de vintage, lo que viene a ser el Sistema Solar de la galaxia que es el indie patrio sale y se coloca. Y durante las tres primeras canciones pienso que estoy volviendo a ver lo de la otra vez y que me voy a marchar a casa habiéndome rendido con este grupo. Pero a partir de Santos que yo te pinte el concierto parecía otro. Tampoco te voy a decir que de repente se iluminaron frente a mí, pero sí vi a gente llorar, abrazarse y cantar al unísono como si fuera el mejor día de sus vidas, y eso es conmovedor, te remueve por dentro. Jota decía que estaba encantado de estar allí y a mí lo de ayer me pareció una reconciliación con el FIB de hace dos años, aunque siguen sin tenerlo fácil con un público mayoritariamente guiri que sólo está esperando para ver a Foals.

Me sigo preguntando por qué no se sube el volumen del micrófono para que sus fans le oigan. No sé si llenar el repertorio con tus hits es señal de que quieren llevar al fan a un viaje de significado y recuerdos o de vivir de las rentas de lo que fue la banda. Jota parece muy suyo, introvertido y en un universo aparte en los directos. Con tan poco movimiento en el escenario —a excepción del batería que le pega bastante bien y un par de momentos en los que Jota se marcha del escenario o se enciende un cigarrillo—, la noche parece que pende más del ánimo del cantante y de cómo se haya levantado esa mañana, pero efectivamente, cuando quiere es una joya. Son personalidad propia y todo carisma, te guste o no. De no aguantarlos a aprender a entenderlos no está mal para una segunda vez. Y a la tercera espero que sea la vencida.

Foals - FIB 2017

Pero a mí que no me digan otra cosa, el cabeza de cartel por excelencia era Foals. Cuando Philippakis sale con los primeros acordes de Mountain At My Gates parece que se va a parar el mundo y durante una hora y media, de verdad, se para. Yannis es único en el escenario. ¿Sabéis eso que canta en What Went Down de "cuando veo un hombre, veo un león"? Pues él es el león. Esa manera de deslizarse mientras toca, de gesticular con las manos para no perder oportunidad de expresarse y su cara, que lo dice todo. Es un animal a la guitarra, que la exprime, y lo es cantando hasta dejarse las cuerdas vocales. Dos veces se bajó al público apoyado en las vallas antiavalancha para gritarnos y manifestar la garra que tienen en directo. Sonido rock tropical y distorsiones que son marca propia y lo exaltan en vivo. No sé si tienen hambre de la masa que se consume frente a ellos o somos nosotros los hambrientos por la banda, que avanzaba hasta la compresión o formaba pogos entre la multitud. Imposible oponerse ante los reyes de la selva, en un concierto de Foals sólo puedes rendirte y dejarte comer.

Ya no se puede decir que la gente esté esperando al temazo de My Number —que además se quitan rápido de encima—, sino que el repertorio entero es una brutalidad. Eso sí, aunque ellos estuvieron perfectos, algunos entre el público fueron bastante cafres. Al escenario les tiraron decenas de las bombillas que iluminan los aplaudidores con luz de los festivales, sombreros, una zapatilla e incluso un balón de fútbol. Todo lo esquivaron con mucha maña y suerte, pero algunos apuntaban a matar. El batería Jack Bevan se puso el sombrero pirata, Gervers, bajista, chutó con la pelota y fue el propio Yannis el que devolvió la zapatilla de una patada y la hizo volar por los aires. A Philippakis se le vio un poco cabreado con la situación golpeando su tambor con mala leche, y no es de extrañar, pero tampoco dejó que esto arruinara su noche en el FIB. Y ya está, después de haberse paseado por casi todos los macrofestivales españoles con su gira en los últimos dos años, este podría ser un cierre de etapa para los de Oxford en nuestro país, y han firmado conciertos bastante brillantes en esta temporada. Para cuando vuelvan, han dejado listón alto con el que cumplir.

El último cabeza de cartel era Deadmau5, encargado principal de la electrónica en la noche del viernes. Aunque la masa potencial se la había colocado ya Foals, no fueron tantos los que se quedaron a la fiesta y hubo bajas entre los fibers. La jornada de hoy sábado merece retirada como fiesta de guardar.


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