Crónica del FIB 2017 - Sábado

16 julio, 2017
Redaccíon: dod Magazine

FIB 2017 - Escenario Las Palmas

Redacción: Ro Sánchez

Sobre el jueves os contaba que a veces hay que moverse a los escenarios pequeños para descubrir algunos de los mejores shows en el festival. Pues bien, el sábado aquello no era una opción. Sí, ya sé lo que me vas a decir. Que me perdí a Pete Doherty lanzando un pie de micro al público, que no vi el electro-disgusting de Las Bistecs ni el vandalismo de Biznaga, que cómo se me ocurre no pasarme por el Visa para escuchar a Marika Hackman o renunciar a la electrónica de Mura Masa. Ya.

Resulta que el escenario Las Palmas tenía su propio festival, ajeno al resto de áreas. Esto lo saben los que hicieron sold out para la jornada de ayer –53.000 personas, entrada arriba, entrada abajo– y los que hicieron cola desde por la mañana con camisetas de Red Hot Chili Peppers frente a los accesos al recinto, bajo el sol y el caloret. Gente que afrontaba el sábado en el FIB tal y como quisimos hacerlo nosotros: The Strypes, Dinosaur Jr., Liam Gallagher, RHCP y Biffy Clyro. Un line-up que poca capacidad de desplazamiento entre escenarios iba a dejar, siendo muchas de las confirmaciones de mayor interés para el festival.

Vamos con The Strypes, ese grupo de chavales que pisaron España por primera vez en 2013 como teloneros de Arctic Monkeys y que ya se han paseado por algunos de los festivales más concurridos del país. Por aquel entonces ni siquiera habían cumplido la mayoría de edad y ya sabían cerrar las bocas de los más escépticos. Como Mourn el día anterior, es bastante pasmoso ver la actitud que tienen sobre el escenario, el estilo con el que se trajean –y no me refiero a lo elegantes que iban con sus estampados de cuadros, sino también a su sonido– y el ritmazo que se calzan. Menudos culos inquietos estos irlandeses que hasta hacen pequeño el escenario principal. Al cantante Ross Farrelly todavía no le he visto sin gafas de sol en un concierto, pero es ‘su rollo’. Y me parece que aquí está la clave de The Strypes, que es imposible que no guste esa mezcla de rock y blues a medio camino entre lo maduro y lo teenager, que la interpretación es de 10 y que no te aburres porque tienen rollo, un rollo muy conseguido y la perfecta apertura del día.

No se podría decir lo mismo de Dinosaur Jr. La masa –porque sí, incluso a las ocho de la tarde ya podíamos hablar de multitud– ya estaba animada, los fans de Red Hot Chili Peppers ya se estaban dejando hacer por todo lo que pasara por Las Palmas esa tarde. Pero a J Mascis le faltó volumen. En el instrumental dieron una buena lección de grunge psicodélico, pero quedó tan grunge que a Mascis no se le escuchaba cantar. Fue una verdadera lástima que teniendo un grupazo de músicos que son capaces de dar un concierto impecable musicalmente, sea un problema de sonido el que les impida cumplir con el público. Cierto es también que me crean sentimientos encontrados. Dejando la falta de volumen aparte, también son demasiado quietos. Después de un concierto de The Strypes hecho para bailar y saltar dentro de tus pocos centímetros cuadrados disponibles, lo de Dinosaur Jr. fue más de observar en silencio. En silencio hasta que miembros de los RHCP se asomaban por los laterales del escenario, lo que provocaba los únicos gritos, silbidos y furor en toda la actuación.

Liam Gallagher - FIB 2017

Esta situación duró poco. Tan pronto como Liam Gallagher salió el escenario, lo que era una masa se convirtió en puré. Os lo cuenta alguien que sobrevivió toda la noche entre las primeras filas y que se siente una veterana de guerra aún horas después. Los hooligans de Oasis se vinieron arriba adelante y poco tardó en comenzar una tanda de desmayos que duró hasta que el escenario principal apagó las luces a las tres de la madrugada. Claro, cómo no se van a exaltar hasta el extremo si lo primero que hace cuando sale es tocar Rock ‘n’ Roll Star. Gallagher sabía que era uno de los más esperados y de los más aclamados por el público del FIB, y tanto para ellos como para el festival Oasis es un símbolo, Wonderwall el himno y los hermanos también los héroes de más de una generación de fibers. Como la estrella que es, señaló la misma frase, rock ‘n’ roll star, que llevaba escrita sobre el escenario, por si quedaba alguna duda del ídolo que teníamos delante. Ya he hablado de rollos y actitudes previamente en este festival, pero lo suyo no es terrenal. Como una divinidad vestida en bermudas y chubasquero, disfrutaba de ver a sus fans aplastados pero aún con el brazo en alto y desgañitándose con los éxitos de esa banda que ya no puede ser nombrada –Morning Glory, Slide Away, Be Here Now y por supuesto, despidiéndose con Wonderwall– y sin apenas salir de su clásica pose de brazos cruzados tras su espalda. Memorable. Wall of Glass y Chinatown sonaron de sobra estupendas y, te lo dice alguien que estuvo en ese último concierto de Beady Eye en Madrid: muy orgullosa y contenta de los temazos que son las nuevas canciones de Liam Gallagher, que parece que ha recuperado músculo. Sí le noto la voz algo tocada en directo, como cuentan los rumores, pero y qué. Es una leyenda, puede quedarse afónico y seguir dando el espectáculo que ofreció ayer. Sólo verle entonar ya es impresionante, y esta sensación no te la quitan los miles de personas que te están presionando los órganos vitales contra la valla o el tipo de delante, sólo te la reafirma. De verdad, es alucinante como un tipo que sólo se mueve para balancearse y tocar unas maracas provoque lo de ayer. No es Mahoma yendo a la montaña, es Mahoma moviéndola.

Red Hot Chili Peppers - FIB 2017

La densidad frente al escenario principal seguía en niveles de alerta durante la espera para Red Hot Chili Peppers. Uno a uno saltaron a escena Josh Klinghoffer, Chad Smith, Flea y finalmente Anthony Kiedis para, contra todo pronóstico porque no es nada habitual, cambiar la rutina de empezar con Can’t Stop por hacerlo con Around The World, que nos pilló a todos por sorpresa. Setlist cuestionable el que eligieron, y me explico. Cuando sólo tienes hora y media para explayarte antes decenas de miles de personas que están ahí por ti, covers como I Wanna Be Your Dog de los Stooges o Fire de Jimi Hendrix –encima esta en el bis, cuando todo lo que quieres es una despedida épica propia de la banda y no de prestado– no cumplen con las expectativas. Más si eres un grupo con esa trayectoria y con singles como Snow (Hey Oh), Otherside o Scar Tissue que harían brillar los ojos de los fans que han estado horas comprimidos para verte en directo. Que sí, que cayeron regalos como The Zephyr Song, Right On Time o Under The Bridge, pero podrían haber tocado un repertorio acorde a lo épico de la banda. Canciones aparte, me comentan que desde la multitud el sonido fue de nuevo insuficiente, y eso es imperdonable siendo el cabeza de cartel. Tampoco era su mejor día, con un Kiedis y un Flea con baja energía y flojos en las piruetas con las que suelen rematar el espectáculo. Daba la sensación de que estaban cansados, aunque seguí viendo esfuerzo en hacer un buen show. Al final, son Red Hot Chili Peppers, no es que vayan a darte nunca un pésimo concierto: la fórmula funciona, ellos son buenos y sigue siendo un goce verles, pero también tienes cierta responsabilidad de la que tienes que hacerte cargo.

Biffy Clyro - FIB 2017

El final del sábado en Las Palmas era para Biffy Clyro, los repetidores de curso de esta edición que regresaban al mismo escenario un año después. Esta gira de presentación de Ellipsis me ha dejado más de cinco conciertos y tengo que reconocer que aunque siempre salgo encantada, me tenían algo enfadada. Ninguna de estas había conseguido superar aquella noche de diciembre de 2013 en La Riviera. Tres festivales y su concierto en el WiZink Center sólo parecían evidenciar que la banda perdía potencia y que los directos ya no eran lo que fueron, sin terminar de decidirme entre las canciones del nuevo disco o los recintos grandes como culpables. Si sumamos a que la banda de nuevo en el FIB me daba sensación de déjà vu, una parte de mí estaba más cercana a la resignación.

Brutal. Biffy Clyro ayer estuvo brutal. Lo saben ellos, lo sé yo y también todos los que estuvieron presentes para ver uno de sus mejores conciertos que han dado en nuestro país. Lo que ellos veían era una multitud espectacular que lo cantaba absolutamente todo, desde las letras hasta los riffs y los coros, que levantaba sus brazos hacia el cielo y se entregaba con sentimiento de unión en una ceremonia que pocas veces he vivido. Lo que veíamos nosotros era un directo inaudito hasta ahora con un Simon Neil brillante que clavaba lo mismo los acústicos que los temas más duros, que transmitía a la perfección la crudeza y honestidad de sus canciones en unos vocales que ya desde el primer momento habían salido con fuerza y que se movía por el escenario golpeando su guitarra con un ímpetu asombroso. A James Johnston le faltaban amplificadores a los que subirse y desde los que saltar mientras tocaba el bajo y observaba a tantos miles de personas con incredulidad. Ya lo dijo el propio Neil, que la acogida estaba siendo increíble. Cuando uno tiene ganas de dejarse hasta el alma sobre las tablas y el público se vuelca para que esto pase, ocurren conciertos como el de ayer. Parte de la solución a los directos de Biffy Clyro la tiene Mike Vennart, guitarrista de apoyo en los directos de la banda, que si bien hasta ahora no te dabas cuenta de que estaba ahí, anoche hizo sonar a los escoceses como dioses. Omnipotentes. Eternos.

A mí se me saltaron las lágrimas al escuchar temas que hacía mucho tiempo que no, como Different People, y All The Way Down, regalo absoluto e insólito en sus directos, o de casi palpar este cambio fascinante en tan sólo unos meses. Sus canciones suenan muy grandes en mis altavoces, como si el estudio no pudiera contener tanta grandeza. Tenerlas en directo no es menos que épico, especialmente. Algo ha pasado también con las pistas del Ellipsis, que se me han hecho mucho más débiles durante el resto de la gira y que ayer resonaron sólidas y consistentes –sin entrar en detalles técnicos, me huele a retoque en la distorsión–. Se nota que horas después sigo sin creer lo extraordinario que ha sido, aunque espero que esta vuelva a ser la línea a mantener.

Biffy Clyro siempre han sido unas bestias que se comen el escenario que pisan, ayer se comieron el Las Palmas y el FIB entero.

Fotos:

Biffy Clyro - Adrián Morote

RHCP - Adrián Morote


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