Crónica del Festival Tomavistas 2017 - Sábado

Redaccíon: dod Magazine

Festival Tomavistas 2017 - Parque TIerno Galván

Redacción: Vitor Blanco

Segunda jornada para el Festival Tomavistas, la última trasnochadora (hoy domingo el horario respetará a aquellos que mañana deban madrugar para un nuevo comienzo de semana), con una propuesta menos internacional que la del viernes y más enfocada en esa festivalera rockera de guitarras y baterías enérgicas. Una demostración perfecta de que dentro de esta amplia etiqueta común caben tantas variedades como ingeniosos sean los artistas.

Una tarde de marcada presencia nacional

A diferencia del resto de días, la tarde del sábado el Festival Tomavistas apostaba exclusivamente por iniciativas españolas. Y decimos exclusivamente con todas las letras: hasta pasadas las diez de la noche, con los británicos The Horrors subiéndose al Escenario Corona, ninguno de los espacios llamó a su palestra a bandas que producen más allá de las fronteras. Pero esta decisión en lugar de desenlazar en una precariedad homogénea, consiguió todo lo contrario: remarcar la prolífera escena actual en el país.

Los barceloneses Her Little Donkey abrían con escasa audiencia “madrugadora”, recién pasadas las tres de la tarde. Todavía pesaban a los festivaleros los últimos acordes de Hércules & The Love Affair la anterior madrugada. Se perdieron la interpretación de su álbum debut, Campestral (2016), de pop veraniego y amable que tan acorde funcionaba con la tarde del sábado. Aunque fueron realmente los Cala Vento los grandes desaprovechados por todos aquellos a los que las sábanas pudieron más que una nueva jornada de música. Sobre el Escenario Wegow desplegaron esa propuesta suya, tan somera en medios (son ellos dos, uno a la guitarra y otro a la batería, sin ningún otro artificio) como rica en calidad. En dos años han sacado un par de largas duraciones consecutivos, el homónimo de 2016 y el Fruto Panorama de este mismo año. Del último trabajo interpretaron Hay que arrimar (empleada como carta de presentación pese a su sonido mucho más amable), Historias de Bufanda (levantando al público con su “¡Te jodes y bailas!”) o Sin apenas conocernos (la que más se acerca a una comparación obligatoria: la que une Cala Vento con Japandroids). Pero fue Abril, rescatada del primer álbum y con el privilegio de cerrar el concierto, la mejor de sus interpretaciones, dejándonos casi convencidos de que, quizás, sea el mejor corte de toda su producción.

Los de Cala Vento sonaron reveladores mientras tocaban, pero en perspectiva incluso podríamos asegurar que se llevaron el premio a la mejor actuación de la tarde del sábado. Y tuvieron rivales dignos. No tanto en Rural Zombies que interpretaron con gran calidad y factura excelente temas de su disco Bat (2015), pero no acabaron de sorprender del todo. Pero sí en desconocidos titanes en el ring como los irreverentes Alien Tango, Las Odio, Baywaves, o los incipientes Mourn; junto a los mastodontes del indie español e ídolos de masas que son Los Punsetes o León Benavente. No pudieron participar en esta batalla musical los pamplonicas Kokoshca, tras sufrir uno de sus integrantes un desmayo – desde aquí nos unimos a la llamada de Baywaves para enviarle todo nuestro apoyo – y obligados a cancelar su concierto.

Alien Tango parecen tenerlo todo menos coherencia. Y sin embargo sus canciones, que a primera vista semejan bromas de azar dadaísta, están perfectamente selladas y su directo sorprendentemente solidificado. No solo han bebido del resto de conciertos del festival (llevamos viendo a sus integrantes en la pista de baile del Tomavistas desde su arranque), sino que además han sabido aprovechar los problemas técnicos que sufrieron los otros para convertirlos en un recurso más de su música. Así, las cuatro canciones de su Supernatural Mango (2015) sonaron igual de frescas que en su momento de estreno en EP, con especial atención a Happy Family y sus ritmos orientales, y, por supuesto, Honey, su modesto pero interesante éxito.

Por su parte, Las Odio planteaban su irreverencia desde otros preámbulos. Lo suyo también es punk de sonidos despreocupados y ajenos a cualquier pulcritud, pero es en sus letras desde donde las madrileñas metieron el dedo en la llaga. Hubo para todos: para los festivaleros que se involucran en absurdas luchas para ver quién es más indie o auténtico (Yo lo vi primero); hasta para la precariedad de los alquileres actuales haciendo referencia a un conocido texto de Virginia Wolf (Un cuarto propio); así como para el propio festival como gran festival nacional que es (Indiespañol); todas ellas extraídas de su prometedora ópera prima: Futuras esposas (2017).

Cerraban la tarde en el Escenario Wegow dos propuestas bastante diferentes. Los primeros fueron los jóvenes Mourn, que enfocaron casi todos sus esfuerzos en lograr el sonido perfecto, despreocupando otros aspectos de un buen directo. Quizás sea la inmadurez sobre el escenario, pero entonces mis argumentos pierden todo su criterio cuando se comparan con la calidad que Mourn derrocharon la tarde del sábado. Venían presentando un álbum homónimo que ya ha despertado la atención internacional y al que solo le quedan algunos conciertos para lograr ese sonido sucio (Your Brain is Made of Candy es el mejor ejemplo) que tanto nos gusta de su versión de estudio. La otra de las propuestas del escenario Wegow fueron Baywaves. La cercanía de Baywaves con Alien Tango es solo afectiva. Sobre el escenario trabajan desde polos opuestos. A Baywaves la improvisación les huele peor que la pólvora y la sienten igual de peligrosa si no la manejan con cuidado. Su sonido psicodélico es preciso, y en directo procuran que Time Is Passing U By, The Freak Kingdom o Marsupilami permanezcan tan pulcras como en su versión de estudio, con gran fortuna solo interrumpida por problemas técnicos que parecen irresolubles.

Al escenario principal le cuesta brillar

Abandonamos el pequeño Wegow para correr hacia el Escenario Corona. Allí pesó demasiado la ausencia de Kokoshca, que restó protagonismo y peso a este espacio durante la tarde del sábado. La primera parte del remedio a este vacío fueron Los Punsetes. Al igual que Las Odio se quedaron a gusto repartiendo todas sus críticas ante la audiencia. A las ya antológicas Opinión de mierda (sobre la irrelevancia de nuestros comentarios), Tus amigos (llamada a olvidarse de todo y despreocuparse en una noche de desenfreno) o Me gusta que me pegues; se unieron nuevos cortes de ¡Viva! (2017), su último trabajo. Producido con gran maestría por El Guincho, ofrece cuantiosos argumentos en forma de canciones para consolidar un directo más rico para el grupo. Ahí están las interpretaciones de Tu puto grupo, Mabuse o la propia ¡Viva! (junto a las positivas reacciones del público) para demostrarlo.

Acompañaron la interpretación con esa puesta en escena tan característica como chocante, que ya se ha convertido en sello de la formación pero sigue suscitando numerosas sorpresas y comentarios. El motivo: una cantante principal que permanece congelada todo el concierto (vestida además con un característico vestido azul de época) y alrededor de ella, desplegados, y sí dotados de movilidad, el resto del grupo. Ni siquiera para la acertadísima Maricas la cantante Ariadna movió un centímetro sus piernas.

Tras Los Punsetes era el turno de León Benavente, llamado a la palestra del Escenario Corona. No anduvo con rodeos. Saltó al escenario con su arrollador éxito Tipo D (extraído de su último disco, 2, 2016) y haciendo a todo el Parque Tierno Galván saltar al coro de “¡Es un hit!”. Tras ella desplegó todo un repertorio que suena a artista consolidado de prolífica y longeva carrera, y sorprende cuando se descubre que cuenta únicamente con dos larga duración.

Del 2 de Tipo D rescató también California, Gloria o la preciosa La Ribera; con ese punteo de guitarra inicial con ecos de los mismísimos U2 y que suena increíblemente a festival de verano. De su primer trabajo, el homónimo León Benavente (2013) no faltaron éxitos como Ánimo, valiente; Revolución o Ser Brigada; alcanzando el punto álgido de su concierto con la incorporación al escenario de Las Odio.

Llega la noche, se levantan las fronteras

Pasadas las diez de la noche el relevo del Festival, que hasta ese momento pertenecía exclusivamente a propuestas nacionales, fue transferido a más allá del país.

Los primeros en cogerlo fueron los británicos The Horrors, que sobre el Escenario Corona firmaron uno de los llamados a convertirse mejores conciertos de todo el fin de semana. Fue breve, demasiado breve, pero de una calidad increíble. Comenzó con Who Can Say (extraído de su Primary Colours de 2009) que les sirvió de carta de presentación para que algún despistado entre el público supiera lo que es el post – punk británico. Le siguieron Scarlet Fields y Sea Within a Sea, que, junto a Mirror’s Image en el penúltimo lugar, elevó a ese álbum de 2009 al pódium de los favoritos de la banda para interpretar en directo.

Lo cierto es que las canciones de estudio se escondía entre capas y capas de una interpretación magnífica, con la atención puesta en ofrecer un sonido perfecto por encima de una sucesión de hits indiscutibles. Aquí importaban esos solos finales apoteósicos, esas rupturas inesperadas que levantaban aplausos entusiasmados.

Eso sí, consiguieron dejar fuera grandes cortes como So Now You Know; pero no se atrevieron a abandonar a la ojito derecho del público: Still Life. Una maravillosa composición que se teje con cuidado, preparando con delicadeza una ruptura que parece no llegar, pero que, ya casi concluyendo la canción, explota.

Fue el Escenario Corona el hábitat por conquistar de los también británicos Temples. Su esperado directo (durante toda la tarde se pudieron escuchar los comentarios nerviosos de los que esperaban la llegada de las doce de la noche para verlos subir al estrado) fue una joya de rock psicodélico que unió tanto a la audiencia más fanática como a los más críticos en un baile desenfrenado y sin coreografía.

Venían a presentar su recién esternado trabajo, Volcano (2017), para lo que no faltaron All Join In, Roman God Like Man, las favoritas Certainty, y Strange Or Be Forgotten, o la favortita de quien redacta: Mystery of Pop. Pero el público demandaba también cortes antiguos, de ese Sun Structures con el que se presentaron al mundo allá por 2013. Y Temples, conscientes de que para cerrar un concierto que permaneciera en la memoria de todos los fans madrileños, interpretaron primero Mesmerise, para luego dar paso a sus dos últimas canciones: A Question Isn’t Answered, una composición que gestiona maravillosamente los tiempos y las repeticiones; y finalmente la demanda colectiva: esa Shelter Song que les ha catapultado a la fama y que sabe cómo desenvolverse en directo con perfecta naturalidad psicodélica.

Terminados Temples corremos hacia el escenario secundario, donde Delorean arrancan los acordes de su primer tema. Son las dos de la mañana y los cuerpos piden baile. Entre los árboles del parque y con una audiencia masiva para el pequeño espacio, los de Guipúzcoa crean una de las fiestas más memorables de lo que llevamos de festival. Apenas tenemos que esperar a grandes composiciones como Muzik o la – y perdonen lo exagerado que puedo sonar – increíble y mágica Deli; para disfrutar de casi una hora de baile ininterrumpido bajo el sello de unas de las propuestas de electrónica más interesantes (por novedosa) de todo el panorama nacional.

La fiesta duró poco y la resaca llegó demasiado rápido. Tenía el nombre de Suuns y sobre el Escenario Corona estaba comenzando sus primeros compases. Arrancaba uno de los conciertos que menos convenció al público por su propia naturaleza (¿krautrock experimental justo después de una sesión de electrónica plenamente bailable?) pero que, por su calidad innata, cerró la segunda jornada por todo lo alto.

Desde Canadá, Suuns aterrizaron en Madrid con un directo da baile cabizbajo, entre lo fiestero y lo siniestro, que encontró su punto álgido en esa 2020 y su riff inicial. No fueron tantos como los de la noche del viernes los que esperaron a su desenlace; pero joyas como Edie’s Dream pagaban una nueva velada de poco sueño.

Para hoy, domingo, se nos exige un poco más de esfuerzo madrugador. El Festival comienza por la mañana y, en contraposición, no se alargará hasta tan tarde en la noche. Aunque si fuera para volver a deleitarnos con las dos propuestas que cerraron los escenarios el sábado, sin duda volveríamos a privarnos del descanso.

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