Crónica del concierto de Tycho en Barcelona, Sala Razzmatazz 2

30 octubre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Tycho (2017)

Redacción: Dani Luengo

 

Noche de plena actividad en la icónica sala Razzmatazz de Barcelona. Por un lado, en la sala principal, la pareja de hermanos australiana, Angus & Julia Stone; por otro, el californiano Scott Hansen.  Los bares y alrededores del recinto dejaban a las claras que se trataban de dos conciertos que iban a conseguir llegar a cuotas muy elevadas de aforo.  Pero había que decantarse por uno u otro, si no se tiene el don de la ubicuidad, y como no es el caso, nos decantamos por ver qué nos iba a ofrecer la vista de Tycho.
Hablemos por tanto del que nos toca, sin distracciones.  El show de Tycho bien merece dedicar plenamente los cinco sentidos, haciendo especial hincapié en el oído (obvio) y en la vista: otro de los atractivos que ofrece el artista, es ver su propuesta en el terreno visual, tan pródigo en la fotografía y el diseño gráfico -disciplinas en las que es más conocido por el sobrenombre de ISO50-.
Había expectación por ver en sala el desempeño de Tycho, que volvía a visitar Barcelona, acompañado de su grupo, tras su paso por el Primavera Sound. No es lo mismo embutir su concierto entre dos propuestas de cualquier otro género, que tener la oportunidad de perderse exclusivamente en las atmósferas sonoras creadas en un concierto a sala cerrada, con un público, se supone, dedicado en cuerpo y alma.
El show, de hora y diez minutos, tuvo un crecimiento sostenido casi continuado. El trío inició con Glider, su último lanzamiento en forma de vídeo, homenaje al film Solaris (de Andrei Tarkovsky,1972), y durante el set, fueron mezclando antiguas composiciones con material más reciente, centrando el grueso en los tres trabajos editados con Ghostly International (Dive, 2011; Awake, 2014; y Epoch, 2016). Durante el recital, Scott fue variando sintetizadores con instrumentación (guitarra), y se hizo acompañar de un teclista y un percusionista, salvo a mitad de la función. Cayeron entonces un par de temas en parte nostálgicos, Dictaphone's Lament y A Walk, donde Jansen quedó sólo al frente del escenario con un sonido plenamente orgánico, apoyado en sus cajas, pedales y clips de sonido.
Los visuales, que ayudaban a la contextualizacion de cada composición, ya fuera en su vertiente más ambiental (Horizon) o en la más progresiva y futurista (Slack o Awake), quedaron desafortunadamente algo desaprovechados por el vapor de hielo seco, el bajo contraste y la luz presente en la sala.
El trío reservó lo mejor de su artillería para el final, Epoch, y Division, esta última ya como bis, para dejar con un buen sabor de boca a los asistentes. Eso sí, quizá con un regusto amargo pensando que el concierto sí o sí habría funcionado mejor un viernes y ya puestos a pedir, a una hora más avanzada y con un tempo más agresivo.
¿Fue un error escoger el show de Tycho? Si bien es verdad que esperábamos ser envueltos más ferreamente por Tycho, no podemos entrar en valoraciones -sólo presenciamos uno de los directos-, pero esta claro que el que adquirió viralidad en las redes fue el concierto de Angus & Julia, gracias a su versión de Alaska y Dinarama. No se puede mirar atrás, no hay solución, no busquemos culpables. Ni Tú Ni Nadie.

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