Crónica del concierto de Tricky en Madrid, Sala Joy Eslava (16/03/2016)

18 marzo, 2016
Redaccíon: dod Magazine

Tricky

Redacción Vitor Blanco

Escribir sobre Tricky plantea todo un reto periodístico. Los que disfrutaron de su directo el pasado miércoles 16 de marzo en Madrid pueden comprenderme. Una figura controvertida, con una historia de película, una carrera musical muy extensa y desigual y un directo que podemos empezar etiquetando de peculiar. Además de, por si fuera poco, jugar dentro del sonido trip hop.

Definir el trip hop ya es complicado de por sí. Una variante del hip hop, sí, alternativo, claro. Que nace, sin embargo, en la música electrónica y tras el acid house británico, al que añade soul, funk y jazz. Un cacao tan ingenioso como realmente explosivo, créanme. Y en este contexto estilístico aparece Tricky en 1995, tras haberse desligado del proyecto de Massive Attack y publicar en solitario su debut Maxinquaye. Tricky, de Bristol, abandonado por su padre antes de nacer, huérfano tras el suicidio de su madre; escribe desde sus primeros momentos una historia muy peculiar digna de leer. Una historia que a lo largo de los años le ha llevado a una breve amistad con Björk o a actuar en la película El quinto elemento; y que el pasado 16 de marzo escribía un nuevo capítulo en la Sala Joy Eslava madrileña.

Polémica es una palabra lo suficientemente neutra para definir esa noche. La salida al escenario con la contundente You Don’t Wanna y un instrumental extenso semejante a la archiconocida Sweet Dreams (de Eurythmics) prometió demasiado. Para la siguiente canción, I’m not going, su micrófono ya estaba lo suficientemente bajo para desatar la ira del público. Porque recordemos que, ante todo, la música de Tricky se caracteriza por sus murmullos y susurros graves, pero lo del miércoles fue excesivamente exagerado.

Continuó imparable con Hero, Diving Away y Here My Dear, sin pausas más allá de un par de caladas a algo que no olía especialmente a tabaco. Presentando continuados algunos de los mejores temas de su último álbum, Skilled Mechanics, para luego dar un salto a su pasado más remoto, al Maxinquaye con el que se presentó al mundo, en Overcome. Un corte profundamente meditado, calmado y repetitivo, en contraste con la Parenthesis (de su False Idols) que llegó después. Dos canciones que mostraron la doble cara de Tricky: su faceta de electrónica experimental frente a sus desgarradoras guitarras. Que no solucionaron, sin embargo, las aparentes carencias técnicas. Tampoco cambió su actitud y siguió siendo más importante la voz programada que la suya propia, y siguió faltando sobre el escenario, físicamente, la vocalista femenina tan importante en su último álbum.

My Palestine Girl sonó también la noche del miércoles. Junto a Boy (la que, si se me permite, considero la mejor canción de su carrera) ejemplifican perfectamente la proyección psicológica e inestable del artista en su producción. La oscuridad, el descontento y los “juegos mentales”, como él mismo los denomina. Valentine o Sun Down sonaron más amables y menos introspectivas. Y para cuando lo hicieron ya se habría producido una aparente reconciliación con un público que a medida que avanzaba el concierto pedía con más fuerza explicaciones.

Entre los gritos y abucheos de los sectores más críticos y los aplausos, y también gritos, de los más leales, Boy puso de lado la polémica. Junto a Beijing to Berlin, ambas más directas y sólidas, unieron a detractores y seguidores, preparando el ambiente necesario para la explosión de Vent, extraída de su álbum Pre Millenium Tension. El tema, que se construye sobre acordes rotos y repetitivos de guitarra, quebró en una orquesta catartica, que, situada al final de concierto (aunque luego saliera a tocar uno más a petición del público) actuó como una especie de perdón por todos los desastres anteriores.

Al final de la noche las opiniones se enfrentaban. Hubo quienes entendieron el concierto casi como performance, y aplaudieron una apuesta tan atrevida como musicalmente envolvente. Frente a éstos, quienes habían acudido a la sala buscando otras experiencias, criticaban la ausencia de un papel sólido de Tricky en el micrófono. De lo que no cabe duda es de que el miércoles el británico ofreció en la Joy Eslava algo totalmente diferente de todo lo que hemos visto y veremos este año. Y lo diferente, aunque siempre sea polémico, también es necesario.

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