Crónica del concierto de Trentemøller en Madrid, Palacio de Vistalegre (17-02-2017)

19 febrero, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Trentemøller (2016)
Crónica: Vitor Blanco

El pasado viernes 17 de febrero ocurría en Madrid una de esas citas ineludibles para los amantes de la electrónica. Trentemøller presentaría en el Palacio Vistalegre su último álbum: Fixion. El éxito y las expectativas se manifestaban día a día en las cifras: entradas agotadas para las principales fechas europea, un cambio a un escenario mayor para el concierto de la capital,… Trentemøller se estaba enfrentando a una gira de consolidación, y uno de los frentes de esa lucha estaba precisamente aquí, en Madrid.

Anders Trentemøller es, para quienes no le conozcan, una prominencia del tecno danés. Aunque su debut ya había sucedido en 2005, habría de esperar a 2006 y el lanzamiento de su primer álbum The Last Resort para alcanzar un hueco en las pistas globales. Su propuesta inicial discurría dentro de lo ambiental y orbitaba cercana al chill – out, aunque anticipaba ya en esos ecos catastróficos que han marcado su sello.

Su desarrollo posterior evolucionará por nuevos senderos: en primer lugar, hacia la progresiva sustitución de sintetizadores por guitarras electrónicas distorsionadas, baterías y bajos; y por otro hacia la decantación por un postpunk claustrofóbico y apocalíptico que bebe de sus influencias juveniles: Joy Division, Slowdive o Ride. Además, añade en estos nuevos trabajos – Into The Great Wide Yonder (2010) y Lost (2013) – numerosas canciones vocales con voces de Marie Fisker o Jehny Beth, enérgica cantante de Savages. Esta es la fórmula que continúa su recién estrenado Fixion (2016), una deriva orgánica manifestada en directo junto a la banda de cinco integrantes y un espectáculo de luces parpadeantes haciéndose hueco entre el humo denso. Una joya ecléctica que demuestra a la perfección esa confrontación incómoda entre el baile hedonista y la destrucción que tantos años llevan transmitiendo sus composiciones.

Sobre el escenario del Vistalegre las rupturas y derivas de su carrera se desdibujaron. Coloreando toda su carrera de un tinte común y unificador el compositor danés supo explotar a la perfección la energía de una banda orgánica junto al discurrir de una sesión de electrónica sobre la pista de mezclas.

Tras la apertura de tecno puro y creciente en intensidad de Tom and His Computer – además de un pequeño retraso –, la banda reclutada por Trentemøller inició un imparable discurrir de temas con apenas segundos entre los acordes finales del primero y los iniciales del siguiente. Incluso se atrevió a acoplar algunos de los temas poniendo en un diálogo muy interesante momentos lejanos de su carrera. En conjunto, dieciséis canciones durante casi dos horas de concierto que arrancaron con sus melodías más amables, pero capaces de, desde la calma, hacernos sentir que no estamos seguros del todo. Entre ellas destacaron November, My Conviction o Redefine (de su nuevo álbum) o One Eye Open (su último single publicado). Pero la tercera canción de la noche, Never Fade, ya anticipaba que no todo serían voces melodiosas y sonidos asequibles. Para ello Trails y Still on Fire (ambas de Lost) y River in Me, pero sobre todo Circuits (de Fixion); fueron convocadas con el objetivo de desestabilizar nuestros tímpanos y hacer saltar por los aires el Palacio Vistalegre.

No faltaron tampoco oasis de tranquilidad, como la especialmente conmovedora interpretación de Miss You (éxito absoluto de su álbum debut). Supo, sin embargo, equilibrarla con el resto del directo y evitar un desentono evidente en su versión de estudio. Por su parte, el resto de los temas escogidos sabían, en su propio desarrollo interno, discurrir entre esas doble faceta de Trentemøller. Su debate entre la calma y la violencia, entre lo sintético y lo orgánico. Como ejemplos paradigmáticos, Take Me Into Your Skin, encargada de cerrar la noche; pero sobre todo la arrolladora interpretación Moan, relegada a falsa conclusión antes del bis pero que eclipsó totalmente al desenlace real.

Vistalegre era la noche del viernes el testigo de una electrónica atípica. Entre sus paredes Trentemøller presentaba una nueva y ecléctica visión del género en la que todas las aportaciones son bienvenidas si son capaces de transmitir la incomodidad violenta de un ambiente claustrofóbico en el que, sin embargo, hay espacio para el baile despreocupado y los oasis de falso sosiego. Una apuesta arriesgada, sí, pero que con el cartel colgado de “sold out” en la puerta es, también, vencedora.

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