Crónica del concierto de nudozurdo en Madrid, Sala Copérnico (20-01-2018)

22 enero, 2018
Redaccíon: dod Magazine

nudozurdo (2017)

Redacción: Javier Nieto

Más larga de lo habitual ha sido la espera para poder saborear la propuesta de nudozurdo en la capital. El pasado mes de diciembre tenía un día marcado en rojo en mi calendario, pero por trucos del destino, ese fecha se tuvo que postponer para este 20 de enero, por lo que casi un mes después, con el 17 convertido en 18 y con un cambio de sala, la apuesta estaba clara y no nos iba a defraudar.

La sala Copérnico presentaba un aspecto extraordinario y luego nos confirmó que el sonido le iba a la par. Disciplina Atlántico fueron los encargados de caldear el ambiente una hora antes de que el trio, que probablemente haya recogido mejores críticas en 2017, no solo de su ultimo disco; Voyeur Amateur, si no también de su directo, pusiera pies, alma y corazón encima del escenario.

Cada concierto de nudozurdo te depara sorpresas y este no iba a ser una excepción. Nudozurdo no suena en las radios, ni sonará. Su propuesta es más de banda sonora de ciencia ficción que de Onda Melodía. Da igual lo que tengan en mente, lo estrafalario que quieran sonar o lo rebuscado de su repertorio, siempre te enganchan y te hacen mover la cabeza al ritmo de Ricky a las baquetas y de “Meta” al bajo.

Las canciones se puede prorrogar más allá de cinco minutos, la contundencia y rotundidad son implacables y nadie mueve una pestaña. Pueden acabar un tema con minutos de guitarreo y ni cortos ni perezosos, enlazan otro tema en la que la voz de Leo no hace atisbos de aparecer hasta bien pasado el minuto cuatro. Esto es nudozurdo en estado puro, disfrute encima de las tablas sin reparar en lo que el público quiere escuchar, pero resulta que el público quiere exactamente eso, salir del monotonismo del tema pop y dejarse llevar por grandes músicos a los que solo les interesa el disfrute propio y por consiguiente el ajeno.

Leo es un caso aparte, un frontman escorado a la izquierda, su voz peculiar hace que nudozurdo sea peculiar y ni a él le importa ni a mi me importa. La banda ya no son esos principiantes que salen nerviosos al escenario y lo saben. Esa seguridad se plasma en el encaje de los temas de sus ya siete discos sobre las espaldas.

Pueden tocar mil, dos mil, tres mil o cuatro mil espejos, todos ellos me gustarán y creo recordar que en todos y cada uno de los conciertos que he visto de nudozurdo (y son muchos) el tema ha sonado, por lo que presagio que el gusto es mutuo y que a la banda esa canción le hace tilín desde el mismo momento en que se convirtió en el primer tema que aparecía en su primer disco. El hijo de Dios, es otro de esos temas perpetuos para la banda y que encajan a la perfección con otro nuevos como el rotundísimo Voyeur Amateur (probablemente ayer fuera mi preferida) o la delicadísima Úrsula hay nieve en casa.

Dicho lo dicho, mañana volverá nudozurdo y mañana volveré yo, porque hay gente enganchada a U2, a Coldplay a Bruno Mars o a Los Chichos, pero eso es muy fácil, dejarse llevar por las masas. Pero dejarse llevar por nudozurdo es ser un extraño entre la multitud, y creo que seré siempre un extraño y dejaré que la multitud fluya por sus grandes recintos, dejándonos disfrutar de nuestra propia extrañeza.


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