Crónica del concierto de Mount Kimbie en Madrid, Sala Joy Eslava (23-11-2017)

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25 noviembre, 2017
Redacción: dod Magazine

Mount Kimbie (2017)

Redacción: Vitor Blanco

Estaría mintiendo si escribo que Mount Kimbie no sorprendieron a su paso por Madrid. Y, sin embargo, algo en mi interior me lanza a escribirlo. Porque sabe que es verdad. Porque sabe que el concierto de los británicos – héroes ya de la electrónica más experimental – era tan prometedor que, cuando efectivamente cumplieron con su promesa, no nos llevamos ninguna sorpresa. Pero claro, esto lo pienso ahora, con el concierto recién concluido y las emociones y tímpanos a flor de piel. Porque cuando acudimos al concierto de alguno de nuestros grupos favoritos llevamos encima la esperanza de poder vivir uno de los mejores momentos de nuestras vidas, pero sobrevuela siempre por nuestra imaginación la amenaza de la mediocridad.

Pero hablar de mediocridad en una crónica de Mount Kimbie no tiene el menor de los sentidos. Son, junto a James Blake, las caras más visibles de una corriente que los periodistas – en nuestras ansias de etiquetar – hemos venido definiendo como post – dubstep. Y visten la corona con méritos propios que también defienden perfectamente sobre el escenario. Navegando entre los bajos propios del dubstep pero revisándolo desde el ambient y algunos – los menos – acercamientos pop. La prueba de ello la depositaron en su primer tema sobre el escenario de la céntrica Joy Eslava: una interpretación de Four Years and One Day que nos dejó de piedra. Me atrevo a señalarla como la mejor de la noche, pese a su irrelevancia en el repertorio de los británicos. Es también la primera de las canciones de su más reciente trabajo, Love What Survives (2017), el responsable que les ha embarcado en una gira europea bastante exitosa y el tercer álbum en su carrera. Por lo que no es de extrañar que dominara gran parte del set con ejemplos como Audition, Marilyn y You Look Certain (I’m Not So Sure) en pleno arranque de la noche. Pero no faltaron T.A.M.E.D., ni las más aclamadas como Delta, con la que falsearon con irse definitivamente y que en sus ritmos veloces pero desconcertantes, casi esquizofrénicos, consiguió poner bailar a los madrileños. La segunda más aclamada, por razones evidentes, fue Blue Train Lines, que todos esperábamos como desenlace y apareció inesperada en medio del set. No cantó – obviamente, y para nuestra desgracia – King Krule, pero su voz sonó pregrabada por debajo de los intentos de los Mount Kimbie para lograr esa grave voz tan característica. ¿Habría sido mejor dejar la pregrabación impoluta, sin voces en directo por encima? ¿O habría quedado demasiado falso, demasiado perfecto para ser real? Son preguntas que todavía no consigo responder. Pero lo que sabemos con certeza es que el tema funcionó sin desmerecer a la versión de estudio, lo que hace de todas mis preguntas, realmente, un poco absurdas.

Pero Love What Survives no logró el monopolio del directo. Tanto Crooks & Lover (2010) como Cold Spring Fault Less Youth (2013) cedieron sus temas para equilibrar la balanza del concierto. El primero, debut de Mount Kimbie, lo hizo con inesperadas como Before I Move Off y Field, que en directo manifestaban, de la misma manera que cuando repasamos su carrera desde nuestros reproductores, la evolución en el sonido de los británicos hacia una depuración más minimalista. Por su parte Cold Spring Fault Less Youth inauguró su aportación con el jazz onírico del arranque de Home Recording y ofreció también So Many Times, So Many Ways.

Y fue en el desenlace donde consiguieron conquistar con post-dub de manual. Primero con Maybes, canción de 2009 realmente inesperada y que, si alguno siente la curiosidad, se encuentra en Spotify en dos versiones imprescindibles: una en directo desde Berghain, y otra re-trabajada por el mismo James Blake. Mientras que el cierre, esta vez real, se reservó para Made To Stray, que empieza con unas percusiones digitales veloces muy características y sabe construirse al completo sobre esa base constantemente referida. Una joya de la electrónica, en definitiva.

Terminaba un concierto, de nuevo, sorprendente pero sin sorpresas. Mount Kimbie prometían un espectáculo tecno de luces estroboscópicas y manejo insuperable de los sonidos, y eso es precisamente lo que la noche del jueves dejaron en Madrid. Podría hablar de ausencias, como sus inmejorables temas con James Blake (y We Go Home Together dolió especialmente). Pero manipulado por la calidad del resto del concierto podría comprar la excusa de que esos temas tiene un encaje demasiado complicado en un directo de electrónica pura. Esperemos que vuelvan pronto con una nueva fórmula donde sí tengan cabida. O con la misma. Repetiría seguro

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