Crónica del concierto de Love Of Lesbian en Madrid, Wizink Center

20 noviembre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Love Of Lesbian - Wizink Center Madrid

Foto y Redacción: Marta González y David Moya

Corría 1997 cuando unos jóvenes catalanes empezaban a hacer ruido en algunas casas y salas pequeñas de Barcelona, mucho han progresado desde entonces, puesto que 20 años son demasiados. Cambio de idioma, sumas y bajas de integrantes; penas y alegrías y trabajo duro; sobre todo trabajo duro. Estamos hablando de Love of Lesbian, como es obvio. Por si fuera poco el número de público que han conseguido arrastrar durante estas dos décadas, su último trabajo, El Poeta Halley; conseguía que la banda catalana diera la sorpresa el 14 de febrero de éste año y nos anunciara a viva voz y con orgullo que por fin se atreverían con el antiguo Palacio de los Deportes. La fecha anunciada era el 18 de noviembre y parecía un día lejano, pero ya sabemos cómo es el tiempo: efímero y traicionero, aunque en esta ocasión nos alegramos mucho de ello. El día había llegado.

Los elegidos para abrir boca en una cita tan especial, fueron una banda da la que Love of Lesbian tiene un gran cariño, Mucho. A pesar de no tocar uno de sus temas más conocidos, hicieron del preámbulo una pequeña fiesta. Como es costumbre, no defraudaron.

Todo preparado, escenario a oscuras y con Qualsevol nit pot sortir el sol sonando por los altavoces empezamos a ser conscientes de lo que viviríamos esa noche. Los primeros acordes de Cuando no me ves empezaron a escucharse en un abarrotado WiZink Center y fueron apareciendo en escena todos los integrantes del grupo. ¿Todos? Todos no, aparentemente faltaba la voz cantante; y digo aparentemente porque ahí estaba, desviando la atención de todos los presentes hacia el único punto de luz del escenario, una gran sombra china que nos dejaba ver la silueta de una de las personas más queridas del panorama musical nacional. Su inconfundible voz empezó a retumbar en el recinto y todos confirmamos algo que ya sabíamos, Santi Balmes estaba allí y El Gran Truco Final había comenzado.

Cuando un grupo ordena el setlist de su concierto, lo más normal y común es que deje sus grandes éxitos para el final del mismo o para alguno de los encores. Pero no estamos ante un grupo al uso, supimos que comenzaríamos a ver caer las primeras lágrimas por las mejillas de algunos de los asistentes en cuanto vimos a Santi colocarse su Fender roja al hombro y sonaron las primeras notas de Allí donde solíamos gritar. Nunca defrauda, ¿por qué iba a empezar a hacerlo ahora?

Pronto supimos que estábamos ante un espectáculo a la altura de cualquier gira internacional que se encuentre de paso por nuestro país. Una luna enorme que descendió hasta la altura de Santi Balmes, el cuál le quitó una funda transformándola en una gran bola de discoteca; visuales muy currados y una iluminación medida a la perfección y perfecta, como pocas veces he visto en España.

El momento tenso a la vez que cómico para los componentes de Love of Lesbian, lo puso Coque Malla, el cual tuvo que ser llamado a escena reiteradas veces haciendo caso omiso. Apareciendo con una sonrisa nerviosa, siendo consciente de la metedura de pata, pero aportando un matiz diferente a Contraespionaje. Acto seguido comenzó la parte más emotiva del show, dejando entrever las más sinceras lágrimas de muchos de los asistentes; empezando con un bonito acústico de la primera parte de Los Males Pasajeros, siguiendo con el mítico viaje a 1999 y terminando con el desgarrador Belice. Pero no todo iba a ser llorar, y supieron animarnos como solo ellos saben con sus canciones más optimistas, cerrando la primera parte del concierto con uno de sus más conocidos hits, Club de Fans de John Boy.

Dándonos un breve respiro, y transportándonos a sus anteriores discos, volviendo a golpearnos en el estómago con esa maldita nieve de un largo enero y pidiendo que les acompañáramos a andar por los cables. Sois unos cabrones, que lo sepáis. Pero suerte que aparecieron Buda, Sopenhauer y Murakami para que el WiZink saltara y cantara al unísono como si de una sola voz se tratara. Volvieron a desaparecer, y apareció el Mago Pop en las pantallas para advertirnos de que El gran truco final aún no había terminado. ¡Qué bien traído! ¿Verdad? Truco final, un mago…

Pero estaba claro, se habían propuesto hacernos llorar, jugar con nuestros sentimientos y transportarnos por parajes recónditos de nuestros corazones que, muchos de nosotros, ya habíamos olvidado que existían. Balmes dijo: “espero que, ya sea en forma de sonrisas o lágrimas, hayamos conseguido que hayáis olvidado el mundo de ahí fuera. Porque si eso ha pasado, nuestro trabajo sirve para algo”. Y vaya que si lo consiguieron. Nos llevaron a intentar convencer a alguien de que lo nuestro es real y todo terminó con Planeador, pidiendo que alguien nos salvara. Pero entre ambos temas ocurrió el momento más emotivo de la noche, cuando interpretando El Poeta Halley, apareció Serrat en pantalla para recitar los versos finales; tal y como ocurre en el disco. Muy bonito el momento, pareciendo insuperable, pero ver cómo se le saltaban las lágrimas a Santi Balmes y cómo se derrumbaba Uri Bonet sobre la batería demuestra que esta gente ama lo que hace. Nunca lo he puesto en duda.

He visto más de 30 conciertos de ésta última gira de Love of Lesbian, les sigo desde hace tiempo y la primera vez que les vi era en una sala que, probablemente, en tamaño no supere ni a la mitad del escenario del Palacio de los Deportes. Me han acompañado en buenos y malos momentos, me han enfadado y han hecho que se me pase dicho enfado; Yo también tenía miedo de un concierto en un lugar así, desencantarme y quedarme con un mal sabor de boca, medio odiando a gente que quiero como si fueran mis hijos. Pero no, el 18 de noviembre de 2017 entendí por qué es el grupo de mi vida. Da igual el tamaño de la sala, si están tocando ante una o dieciocho mil personas, porque siempre sentiremos que Santi Balmes nos está cogiendo de la pechera y mirándonos a los ojos. Ojalá se hubieran atrevido antes a dar éste paso, pero supongo que cada cosa tiene su momento. Espero que no se vuelvan a tomar un año sabático y pronto podamos estar disfrutando de ellos de nuevo, pero hasta entonces, a brillar ¡que son dos sílabas!


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