Crónica del concierto de Kokoshca y Mujeres en Madrid, Sala El Sol (24-02-2017)

26 febrero, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Kokoshca (2016)

Redacción: Vitor Blanco

2016 fue, sin duda alguna, un año de importancia vital para Kokoshca. Los de Navarra, que ya han subido a los escenarios desde incluso antes de su debut Hay una luz (2013), han visto como su segundo álbum, Algo Real, recibía críticas elogiosas y aumentaban exponencialmente sus fans y seguidores. Hasta el punto de haber sido para muchos medios, autores del mejor disco nacional del año pasado; a la vez de haber logrado colgar el cartel de completo de la Sala El Sol en Madrid.

Las expectativas arrastraron a los madrileños la noche del viernes. ¿Cómo sonarían desde encima del escenario aquellos grandes himnos rockeros con letras nostálgicas y existencialistas? – nos preguntábamos horas antes de comenzar el concierto. La respuesta ha sido dada por los propios Kokoshca en varias ocasiones: las voces pierden calidad, pero ganan en intensidad y gritos; las guitarras se olvidan de la contención; mientras que el público, que en la soledad de sus casas podría verse cabizbajo ante el implícito pesimismo de sus versos, opta aquí por saltar y empujar al prójimo, por iniciar un pogo irreversible.

En definitiva, sobre el escenario Kokoshca muestran su naturaleza verdadera: el punk desenfrenado. ¿Y cómo anunciarlo a los neófitos de mejor manera que anteponiendo una buena dosis de rebeldía inconformista y ritmos garage de mano de Mujeres? Con temas como Aquellos Ojos, Salvaje o Vivir sin ti, interpretados en las antípodas de la pulcritud musical pero repletos de actitud, descubrieron un público entregado. Una audiencia dispuesta desde temprano a no dejar la pista de baile en pie. Y para alimentar todavía más el entusiasmo estrenaron dos temas inéditos, continuistas pero eficaces, para los que deberemos esperar a Semana Santa si queremos escucharlos con mayor dedicación.

Hasta este momento la noche fluía perfecta. Mujeres, excusados en su conducta punk, alargaban su directo varios minutos más de lo prometido para el mayor deleite del público. Un gran problema surgirá inmediatamente después. Un cúmulo de errores técnicos impedirá a Kokoshca conseguir un sonido decente, a la altura de sus composiciones en estudio, hasta la quinta canción del directo. Si la causa fue el retraso de los teloneros, ineficiencias de la sala o del propio grupo, es algo a lo que no podemos responder. Lo que sí podemos afirmar es que incluso molestó a los propios navarros y desmereció grandes de sus temas viejos y nuevos, entre los que se encontraba su éxito más reciente: Mi consentido. Un micrófono solapado y una combinación de volúmenes mal distribuida provocaron la indignación de los propios integrantes. Y, sin embargo, perseverantes y sólidos, mantuvieron su energía y dedicación.

Aunque tarde, los problemas acabaron solucionándose. A tiempo para su single independiente Corazón Caliente o para la crítica socio – política deYo Nací (“crea una nación gran, libre y sin siglo XX”). Pero, sobre todo, alcanzaron la plenitud y la perfección para El Escultor, una balada profundamente reflexiva que se corona como la mejor canción (tanto en álbum como en directo) de su carrera. De ella en adelante su concierto ya no sería igual. Con los problemas técnicos solucionados y el público todavía alterado por los primeros temas, a Kokoshca se le planteaba el reto de ofrecer un final que hiciera olvidar el despropósito inicial.

Cumplieron mediante la interpretación desenfrenada de cualquier canción de su repertorio. La misma brocha de guitarras enérgicas, gritos verdaderos y batería violenta pintó No queda nada y Directo a tu corazón, La Fuerza y RBU; calentando motores para el estallido final. No volveré fue el desenlace redentor que merecía la noche. Si Kokoshca se encontraban decepcionados con el sonido inicial podrían perdonarse el auto – castigo: con la progresión de las últimas cinco canciones cualquier reproche estaba, indudablemente, condenado a desaparecer. Y para demostrarlo el público saltó al escenario. Literalmente. Decenas de seguidores entregados invadieron el patíbulo – incluso parece que dañaron una de las guitarras – para un último minuto de baile y también de canto. Pero lo más curioso ocurrió durante La Fuerza cuando alguien del público pidió el micrófono y monopolizó la voz de toda la canción.

Se acababa un directo capaz de morir y resurgir de sus cenizas en poco más de una hora. Un concierto que incluso compensó a los afectados otorgándoles la capacidad de participar directamente en su final. La prueba definitiva de que Kokoshca, como ave fénix, trascenderán al éxito de 2016 y que durante este 2017 caminarán, estamos seguros, al éxito

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