Crónica del concierto de Jamiroquai en Madrid, Wizink Center (25-11-2017)

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26 noviembre, 2017
Redacción: dod Magazine

Jamiroquai - Jay Kay

Redacción: Vitor Blanco

Eran las nueve y media de la noche y al Palacio de Deportes de Madrid (Wizink Center) corrían los más retardados. Llenaban las últimas sillas y los últimos huecos de la pista en un recinto abarrotado como muy pocas veces he conseguido ver (15.500 personas, según he leído). Todos ellos congregados para recibir a Jamiroquai y su danza imparable, en una visita que se antojaba histórica tras nueve años de ausencia del británico Jay Kay y su banda.

La suya es una propuesta electrofunk que ha dado que hablar – y que bailar – durante los últimos 25 años. Y a ese largo aniversario dedicó su concierto madrileño. 25 años de renovación (la más evidente, su nuevo casco electrónico de luces que no tienen nada que envidiar al recién encendido alumbrado navideño) con algunos silencios notables (siete años han pasado para ver publicado su último disco), que ahora le devuelven a los escenarios con una carrera extensa y una producción lo suficientemente prolífica para jugar con ella desde el escenario. Tanto que nuevos temas, como Automaton (homónima de su último disco) se reservaba en un primer momento para una intro de luces y audiovisuales épicos pero distópicos, una reflexión sobre las nuevas tecnologías que no dejaba demasiado espacio para la esperanza.

Pero una vez concluida esa introducción desasosegante entraba en el escenario Jamiroquai customizado con ese casco de armadillo que encendía mientras arrancaba otro nuevo tema: Shake It On. Y nos recordaba que con los nuevos medios, por lo menos en lo que respeta a la música, también se pueden crear cosas hermosas. Un bueno caldero de esperanzas para que pudiéramos bailar despreocupados. Y eso hizo el madrileño Palacio de Deportes, entregado a una fiesta hedonista que avanzaba por los temas del británico con las energías intactas. Y lo mismo hacía desde el escenario Jay Kay, imparable bailarín funk, acompañado de su banda y su coro, corriendo de un lado al otro del escenario, girando y saltando; toda una hazaña si recordamos que apenas arrancada su gira tuvo que ser operado de la espalda, y, como recordó a los madrileños, tienen encima veinticinco años que se hacen notar. “Las caderas no mienten” dijo en una cita de Shakira que se convirtió de inmediato en la anécdota de la noche. Pero a nosotros sí pudo engañarnos con sus contorneos juveniles.

Giros y coreografías funk que acompañaban a los temas de su carrera, algunos intactos y otros ligeramente modificados para la ocasión. En un privilegiado tercer lugar del setlist llegó Little L (de A Funk Odyssey, 2001, considerado uno de sus discos fundamentales) acompañada, ahora sí con interpretación completa, por Automaton. Sonaron también The Kids (publicada en 1994 dentro de Return Of The Space Cowboy) o la misma Space Cowboy, una distensión groove que frenaba la marcha de la noche pero que sonaba maravillosa acompañada por su coro. Después de ella, Alright servía de puente hacia el reinicio de la fiesta, marcado por una nueva versión Cloud 9, un himno que deberían envidiar hasta los reyes Daft Punk.

Superfresh pertenece a su último disco pero parece sacada del epicentro de los 90. Es un himno discotequero imparable, de los que construyen un ritmo y un beat del que es imposible permanecer impasible. Antecedía, además, a Cosmic Girl, sin duda una de las favoritas del público.

Ya se había superado la primera mitad del concierto y los nuevos temas avanzaban enlazados sin pausas. Desde el mensaje tan necesario actualmente que lanza (Don’t) Give Hate a Chance, pasando por Something About You (que no suele aparecer en sus setlist). Y también Runaway, su primer gran tema Emergency on Planet Earth, Canned Heat y Love Foolosophy, tras la cual abandonaba el escenario. Pero el público le obligó a regresar. Todavía quedaba un tema fundamental. Y lo hicieron encendiendo todas las linternas de sus teléfonos e iluminando el Palacio de los Deportes entre gritos de “Another Song”. Al final Jamiroquai volvieron al escenario y cerraron el concierto con la merecida Virtual Insanity, que ya es el tema inseparable al británico. Con ella se despedía tras lanzar varias camisetas y firmar varios discos, en una de las salidas del escenarios más largas que recuerdo. El público madrileño tenía ganas de Jamiroquai tras la larga espera, y ante la perspectiva de otros tantos años de ausencia, no querían dejarle marchar. Al final supo pedir perdón por ese largo vacío con lo que mejor sabe hacer: música funk de alta calidad. Y mucho baile.

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