Crónica del concierto de Inheaven en Madrid, Sala Moby Dick (11-11-2017)

11 diciembre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

INHEAVEN (2017)

Redacción: Ro Sánchez

Ya, ya sé que la moda vintage existe, pero sólo ponértela no hace que te traslades a la época que intentas emular. Necesitas algo más. Supongo que con la música pasa lo mismo. No sirve con usar tal distorsión o con cantar de aquella manera para que termines pensando que te has confundido y que esta no es la playlist de novedades. Aquí aparece de nuevo ese ‘algo’ que distingue las intenciones del éxito.

Si escuchas el debut de Inheaven, te lo crees. Crees perfectamente que has podido robarle este disco a tu padre de la estantería de los vinilos. Que te has metido sin querer en una lista de joyas de los 80 o los 90. Que tu madre está viendo una reposición de Cachitos de hierro y cromo en el salón. Que sí, que ellos tienen ese ‘algo’. Y cuando Chloe Little sale del camerino con sus pantalones campana de raya diplomática y James Taylor lo hace con una blusa de brilli-brilli, lo entiendes todo.

Inheaven consiguen transformar la Moby Dick –hace poco reformada– en un pub de los noventa. Rock alternativo con garra. Veo bombers y cazadoras vaqueras talla XL. El bajo de Chloe Little ruge en la sala. El público pisa con Doctor Martens y Converse. Jake Lucas se oculta en su melena abstraído con su guitarra. Se está perdiendo que hay una rubia en primera fila que le señala cada vez que canta esos “sólo quiero estar contigo” de Stupid Things. Hablando de melenas, James Taylor mueve la suya cada vez que cambia de riff. Hay más gente pidiendo en la barra que disfrutando del concierto delante de ella. Y los que quedan bailan sólo de cabeza, asintiendo con aprobación, señal de que les gusta lo que escuchan y ven.

Una vez que has asumido que como Marty McFly has viajado atrás en el tiempo –y miras a la pesada de los Stories de Instagram con cara de extraterrestre–, te introduces en el concierto. Hay algo bonito en las maneras de Little y Taylor, en cómo se reparten los vocales y ambos se hacen protagonistas de la escena. De alguna manera, cuando ella no roba miradas con su voz, lo mismo dulce en Drift que gamberra en Treats o seductora en World On Fire, Taylor lo hace a guitarrazos. Una coordinación armónica y especialmente romántica en Real Love.

Que cuando tuvieron que parar el concierto por problemas de sonido se lo tomaran con tanta filosofía tocando música de ascensor mientras se solucionaba el incidente con el cable de Lucas, y que la bajista pidiera encarecidas disculpas por la interrupción, sólo les hace más grandes. Terminaron la noche con el b-side Wasted My Life on Rock N Roll y el tema que bien podría ser un himno multitudinario y generacional de espacios grandes para los que estuvimos y para los que algún día escucharán en directo Regeneration.

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