Crónica del concierto de Gorillaz en Manchester (01-12-2017)

7 diciembre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Gorillaz (2017)

Redacción: Andrea Genovart

Gorillaz es un algo aparte. Y no me atrevo a decir “banda” porque tampoco lo es, no en su sentido estricto. Gorillaz es un colectivo de genios que han diseñado algo insólito que solo les pertenece a ellos, y que no puede limitarse a la irreductibilidad de una casilla fija. Un proyecto pionero con un formato musical nuevo, pero sobre todo interdisciplinario. Gorillaz no es Gorillaz sin sus luces, sin sus pantallas de proyección de vídeo de detrás, sin la presencia volátil de sus integrantes, sin las apariciones sorpresa y estelares de sus colaboradores que nunca son los mismos, que nunca son fijos. Sin su show. Gorillaz es música, pero también es espectáculo. Es algo que ver, que contemplar y en muchos sentidos. En todos sus aspectos reunidos mágicamente con tanto sincretismo.

Un Manchester Arena lleno y de todas las edades. Un público heterogéneo: padres con hijos, hijos sin padres, padres sin hijos. Tranquilos, tomando una cerveza sin gritos, sin el desfase por delante. Tampoco muchas camisetas de Gorillaz. Allí la música es el deporte nacional y, está tan asumida, que las significaciones son innecesarias. Se da por hecho el arraigamiento; está de más, pues, reafirmarlo. Manchester, Reino Unido, es otra historia, a la que nunca nosotros vamos a pertenecer. No al menos como ellos.

M1A1 fue la canción encargada de romper con puntualidad el concierto esperado. El antepenúltimo de la gira de UK. Hora y media antes, Little Simz, que después intervino en una pausada y coreada We Got The Power en el primer cierre el directo casi dos horas. Después, todo fue una tensión increscendo de la que el público no podía estar más agradecido: Last Living Souls, Rhinestone Eyes, Tomorrow Comes Today, Dirty Harry, People y todo de hits y otros temas no tan hit pero que no dejaban de ser generosos con su pasado y, por supuesto, con 21.000 personas fidedignas. Cabe destacar como ya en la octava y novena canción de un setlist de veintiocho, irrumpieron con las genialisimas Superfast Jellyfish con De La Soul, que también estuvieron en Feel Good Inc.; y On Melancholy Hill, vociferada emotivamente por un público. Poco a poco, se iban entrelazando con Humanz, al que le faltaron temazos - bueno, como es todo el disco en sí - como Submission o Momentz, aunque no tantas como del repertorio mítico donde se incluyen Dare, Dracula, Sleeping Powder, Doncamatic, Detroit. Las Interludes de Elevator Going Up y Penthouse, introducieron Andromeda - con la versión nueva hecha con D.R.A.M e interpretada por su magnífico equipo de coro negra publicada ese mismo día  -, Sex Murder Party - con la partición y performance del dúo de Zebra Katz, que también volvió con Out Of Body, y Jamie Party -, tampoco pudieron faltar Saturn Baz, Ascensión - ¡y con la colaboración de Vincen Staples! - y Garallage Palace.

Un bis esperado y previsible por su ausencia evidente en el repertorio de dos horas. Kids With Guns y Clint Eastwood - ésta, tristemente, sin colaboración -, rompieron ya como catarsis esperada. Junto a Hong Kong, Don’t Get Lost In Heaven y Demon Days, que fue clausura de un concierto sin parar y que supuraba trabajo y cálculo de todo milímetro. Porque está claro que, si Gorillaz hace lo que hace, es para hacerlo no bien sino impecable. No sabemos si compartiendo cartel en un marco de festival como el Sonar o el BBK podrán lucirse tanto pero, sea lo que sea. hay que ver a Gorillaz. Al menos una vez en la vida: hay que ver todo esto.


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