Crónica del concierto de Ellie Goulding en Madrid, Palacio Vistalegre (06-02-2016)

8 febrero, 2016
Redaccíon: dod Magazine

Ellie Goulding (2015)

Redacción: Vitor Blanco

Mientras Rihanna se atreve a versionar a Tame Impala y a regalar su nuevo disco. Mientras Miley Cyrus se alía con The Flaming Lips y sube a Sound Cloud un álbum al que novedoso se le queda corto. O Lady Gaga se apunta al jazz con Tony Bennett y Beyoncé pide a la policía estadounidense que abandone de una vez por todas su racismo asesino. Mientras tanto, Ellie Goulding hace POP con mayúsculas.

Siguiendo la estela de esos grandes nombres de la música de masas, que en los últimos años parecen haber olvidado la fórmula que las llevó a la cima de las listas de éxitos, Ellie Goulding sorprende (no por novedad, sino por calidad) con esa combinación de hits bailables y baladas de amor. Y siguiendo también el camino de sus maestras, desde el estreno de su último disco, Delirium, se ha lanzado a un homónimo tour mundial que el pasado sábado la situó en el Palacio Vistalegre de Madrid.

Su estilo, que se puede interpretar como un paso atrás en el camino evolutivo de la música de masas o como una determinación firme y fuerte a permanecer tras esa trinchera del pop; viene acompañado de un concierto tan precocinado y repetido como espectacular para quien quiera pasar una noche divertida, bailable y acompañada. Y es que aunque su paso por el Vistalegre se haya construido en torno a los clichés más cliché de los conciertos pop que llenan estadios, lo cierto es que nadie se esperaba nada fuera de la norma y todos parecían contentísimos y emocionados del resultado. ¿Quién puede decir algo malo de eso?

Porque Madrid saltó con sus grandes hits: con Aftertaste que abrió rotundamente el concierto, o con Holding of For Life que la siguió. También en Something in the Way You Move, y en Outside, su segunda y prolífica colaboración con el DJ Calvin Harris. Con bailarines, coro femenino, pantallas que proyectaban imágenes de la cantante y un espectáculo de humo y luces sin limitaciones que dieron paso al primer cambio de vestuario de la noche. Clichés, clichés y más clichés. Para comenzar después la parte sentimental y lenta, la de dejar perplejos a los espectadores con su voz y intentar soltar alguna que otra lágrima. Fue el momento de Heal, My Blood y sobre todo la descorazonadora Explosions capaz de emocionar hasta a los padres que acompañaban a sus hijos demasiados jóvenes para poder pasarlo bien a solas. Halcyon Days, el disco que le dio la fama; y Delirium, el que la mantuvo en lo alto; a partes iguales. Hasta que, inesperadamente, la cantante británica se atrevió a volver a sus orígenes, a su debut Bright Lights de un lejano 2010, y regalar a los fans más fans una versión en acústico de Lights. Su voz y una guitarra acústica que pronto cambió por una actitud desenfrenada y rockera. Combinando sentimentalismo con pasión desenfrenada, cogiendo la bandera del país, asegurando que son su público favorito y que muchas de las cosas que hace son la primera vez que la hace. Tiene aprendida la fórmula y sabe como aplicarla. Pero al público le da igual, porque está pasando una de las noches más divertidas del año.

Para la recta final se reservaron sus éxitos más rotundos. La salida la marcó la increíble Figure 8, comenzando una carrera final con On my mind, Codes, Don’t Panic, I Need Your Love y finalmente Burn, que sabe exactamente como usar en directo: alargándola, rompiendo el sonido muchas más veces que en la versión del disco, acompañada de luces cegadoras y creando silencios tensos en la cima del estribillo.

Entre las ausencias, todos esos temas que no podrían ser singles de magistral pop. Sonaron Devotion (más contenida, más electrónica, más “tropical house”) y I Do What I Love (y sus ecos orientales tan acertados), pero no salieron de la voz de la británica, si no que las reservó para los interludios y cambios de vestuario. Sonaron también alt-J, justo antes del concierto con su descomunal Hunger of the Pine; pero Ellie Goulding decidió eliminar su versión Tessellate de la tracklist de la noche. Lo cierto es que los únicos atisbos alternativos fueron los de Sara Hartman, su risueña telonera, que se atrevió a cantar Stranger In A Room de Jamie xx.

No faltaron Anything Could Happen, ni su incuestionable gran éxito: Love Me Like You Do, que hizo concluir el concierto exactamente donde debía concluir. Cerrando dos horas de música minuciosamente programadas. Exactamente un día antes de haberlo hecho idéntico en el Sant Jordi de Barcelona, y a tres días de hacerlo de nuevo en Bélgica. Pero los aplausos y las lágrimas, y las sonrisas y fotografías que este sábado se llevaron los fans en el Vistalegre podrían callar cualquier crítica. Lo alternativo, también, necesita lo mainstream. Sin un guion marcado no puede existir improvisación.

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