Crónica del concierto de Cigarettes After Sex en Madrid, Sala Copérnico (27-11-2017)

29 noviembre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Cigarettes After Sex (2017)Redacción: Ro Sánchez

La crónica del concierto de Cigarettes After Sex no empieza en el recital de los de Greg González. Comienza en el rápido sold out que les hizo pasar de la Sala Sol a la Copérnico, y continúa en la mala suerte que nos hizo tener que decidir entre este concierto o el de Perfume Genius en la Joy Eslava. La promotora del Primavera Sound me partió el corazón y tocaba elegir. En mi caso aposté todo al negro, pero me divierte imaginarme ciertas discusiones de pareja y grupos de amigos por tomar una decisión ante el conflicto.

Cuando crucé la puerta de la sala lo primero que me golpeó fueron los cientos de personas apiñadas hasta el escenario. Sé que las entradas estaban agotadas, pero tampoco era esta la manera en la que me esperaba ver un concierto así. Al final conseguí un huequecito apoyada en una de las barandillas al fondo, acolchada y rodeada de abrigos y bufandas de mis compañeros de visibilidad reducida. Allí conseguí encajar las cabezas de la pareja acaramelada más alta en el espacio entre González y el bajista Randall Miller cuando estos salieron al escenario. Aquella aparición que provocó aplausos eufóricos –la expectación no daba para menos– pronto transformó la sala en un ambiente de silencio e introversión. Al menos durante un tiempo.

Cigarettes After Sex han editado uno de los discos más intensos y conmovedores de 2017. Han conquistado desde el estudio, y la tarea del lunes era comprobar si también enamorarían desde el directo. Podría decirte que Copérnico no es mi sala favorita si lo que quiero es quedarme embobada con un artista en lugar de intentar esquivar cabezas y columnas de piedra, que la luz que parpadeaba continuamente sobre la cabeza de González me estaba volviendo neurótica o que las proyecciones melancólicas en blanco y negro de la pantalla a sus espaldas me distraían más que completarme la escena. Me costó conectar con estos cuatro chicos de Texas, inmóviles y ensimismados en sus melodías. La vista desde arriba era la foto del alcance del hechizo de la banda, que tenía encantados a las primeras filas pero que se deshacía conforme se alejaba de la cornisa del escenario. Estoy convencida de que los poderes mágicos son de Greg González, tanto de su voz aguda como de la expresión de su cara mientras canta que “nada va a hacerte daño, cariño” con la delicadeza de estar dedicándoselo a cada uno de los presentes. Pero el sonido que captaba el micrófono llegaba a nuestras filas casi inentendible y camuflado en el de su propia guitarra. Con este panorama, los que no fueron alcanzados por la brujería del grupo pronto terminaron cayendo en otros embrujos como el de eliminar todas las notificaciones de su smartphone, emprender varias expediciones hasta la barra del bar –acto de valentía entre lo complicado del tránsito y el riesgo a no poder regresar a tu sitio– o entregarse al amor desenfrenado con la pared de la sala como lecho vertical. Mención especial a los camareros que en un acto de lógica indiscutible levantaron sus brazos con el flash de la cámara del móvil en alto y empezaron a balancearse durante Opera House, aunque se quedaran solos en la propuesta ambiental.

Durante ‘John Wayne’, de las primeras en salir en vivo pero de las últimas en su trabajo homónimo, me di cuenta de que no merecía la pena intentar buscar los dedos de Phillip Tubbs sobre el teclado y por supuesto me di por vencida en intentar atisbar al resto de miembros tocar. No creo que fuera un concierto de observar lo que ocurría sobre el escenario, por mucho que ellos se hubieran esforzado en vestir tan monocromáticos como la portada de su disco o en contar con visuales. Más bien se trataba de cerrar los ojos y escuchar los sonidos que se escapaban por los bafles y se colaban entre los murmullos de las últimas filas. Si haces el ejercicio de abstracción y dejas tu mente y tu mirada también en negro puedes sentir la paz y la sensibilidad con la que Cigarettes After Sex interpretan temas como ‘Each Time You Fall In Love’ o ‘Affection’, pero el deleite no llega a tus oídos como debería: con la práctica superando al disco, que no dejar de ser la mera experiencia sobre el papel. Y aun así seguí sonriendo cada vez que Greg González pronunciaba con gracia ese “señorita” de ‘Young & Dumb’.

Como vi a gente marcharse antes del bis, me gustaría confirmarles que efectivamente hubo dos canciones más y que esta es la principal razón por la que el técnico no quiso encender las luces. Una fue la sorpresa ‘Please Don’t Cry’ de aquel trabajo de 2011 Romans 13:9, y el cierre final vino con ‘Dreaming of You’, algo más reciente pero también escondida en el EP I. de 2012. Simplemente como sugerencia de que, ya que has llegado hasta ahí, dos canciones más no van a arruinar tu noche.

Al salir pensé que nunca voy a saber qué hubiera visto si me hubiese decidido por Perfume Genius, y tampoco sé si habría alguien en la Joy Eslava pensando también en cambiarme el sitio. Puede que la próxima vez apueste al rojo.


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