Crónica del concierto de Bastille en Barcelona, Sant Jordi Club (05-02-2017)

9 febrero, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Bastille (2016)

Redacción: Pilar Cachón

El pasado domingo la ciudad condal pudo disfrutar de la actuación de la banda británica, quienes, haciendo honor a su nombre, tomaron el Sant Jordi Club y desataron una auténtica revolución.

Tras su paso por Madrid el día anterior, Bastille continuaba su gira presentando Wild World después del éxito cosechado con su álbum debut Bad Blood, con el que consiguieron ser número uno en las listas de UK Albums Chart la primera semana de su lanzamiento.

A pesar de que la meteorología no acompañaba, ni el frío ni el viento aletargaron a la multitud de jóvenes (y no tan jóvenes) que se agolpaban a las puertas del local y calentaban las cuerdas vocales. Susurros en comparación a lo que vendría después.

El ambiente ya estaba caldeado a cuenta de los dos teloneros, Frenship y Rationale, sirviendo de aperitivo a un público que se mostraba inquieto pasadas las nueve de la noche. A partir de ahí, comenzó a relatarse la historia que envuelve al Wild, wild world Tour. Mediante imágenes de un telediario ficticio (‘Wild world Communications’), un presentador déspota aparece maltratando a la banda como si de un dictador se tratase. Brillante idea para expresar la esencia del último trabajo del grupo: un grito a la libertad y a la rebelión frente al opresor en forma de indie-rock electrónico y temas que invitan a bailar como si nos fuera la vida en ello.

Con dos enormes pantallas a los laterales y una puesta en escena colorista y vibrante, los londinenses crearon una atmósfera perfectamente equilibrada en cuanto a la distribución del escenario, abrazando a un Dan Brown tan enérgico y poderoso que contagió su electricidad solo con acercarse al micro y empezar Set them off!

Fieles a su estilo, hicieron gala de un directo potente cargado de mensajes en respuesta a la tiranía del telediario, que junto con los zapateos constantes de Dan, parecían invocar al Dios del Optimismo. Y esa misma onda hedonista nos atrapó a todos los allí presentes, aumentando su intensidad con temazos del primer álbum, como Laura Palmer o Things we lost in the fire, sin bajar el nivel en Warmth, The currents y Good grief.

A tal punto llegó el grado de conexión con el séquito de fans, que incluso el cantante se aventuró a bajar a la pista e interpretar Flaws de principio a fin, aparte de ponernos tiernos en Two evils, esta vez desde las gradas. Aunque sin duda uno de mis momentos favoritos fue al llegar a la versión de Rhythm of the night (Corona): el señor Smith, subido en la plataforma central de la pista, y avisando de sus “escasas habilidades para el baile”, nos hizo danzar marcando los pasos y dirigiéndonos a la locura en el estribillo.

Y ya por si a alguno le quedaba algo de adrenalina en vena, llegó Pompeii, y con ella el clímax polifónico de Bastille, arropados por los teloneros que se sumaron a la fiesta en el escenario. Un detalle que únicamente ayudó a engrandecer el alma de los británicos.

La erupción de euforia tan solo dejó consigo un regusto a esperanza y sosiego al finalizar el show, cumpliendo al 100% las expectativas que todos teníamos al entrar en el Sant Jordi. Bravo Bastille.

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