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Crónica de Unknown Mortal Orchestra en Madrid, Sala Penélope (12-11-2015)

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Unknown Mortal Orchestra

Redacción Vitor Blanco

Unknown Mortal Orchestra es uno de esos grupos que cuando escuchas sabes que va a triunfar pero al que parece que nunca le llega su momento de gloria. Injustamente. Este año han editado su tercer disco y ya han pasado por festivales de la talla de Pitchfork o el mismísimo Primavera Sound. Pero siguen girando y girando por pequeñas salas europeas y americanas. La noche del 12 de noviembre triunfaron en una semi – llena Penélope, sala clave de la noche universitaria madrileña.

Dejando de lado cantidades, sí que cumplieron las calidades. La primera sorpresa de la noche fue la jovencísima Nuria Graham, aún nerviosa al tocar delante de apenas 60 personas. Después de su actuación telonera de la noche, debería empezar a plantearse que esas 60 personas pronto se convertirán en cientos, casi miles. Pero, por favor, conserva tu ingenuidad mágica. Las baladas de su álbum debut (Bird Eyes) maduraron hacia un envolvente sonido distorsionado, con la voz más rota de su invisible boca escondida entre rizos. No podíamos dejar de pensar en el majestuoso directo que Soak nos había regalado en octubre.

Pero la gente estaba ansiosa por Unknown Mortal Orchestra; y aunque Nuria Graham podría habernos regalado un concierto completo y redondo, se despidió finalmente para dar paso a la banda de la noche, tras declararse fan indiscutible y bajar a bailar con nosotros. Y bailamos. Desde el momento en que Ruben Nielson, frontman indiscutible de la formación americana – neozelandesa, apareció en el escenario y entonó los primeros “LA LA LA LA YEAH” de Like Acid Rain. Él saltó, bailó, tocó sentado en los amplificadores o se tiró al suelo a jugar con sus pedales. No fue el único que se entregó por completo a su música. Riley Geare rompió con su pasión el bombo de su batería.

La música también avanzó imparable. Sin cortes, como un único tema de solos infinitos de reverberaciones, distorsiones y ruido perfectamente melódico; se enlazaban todos sus éxitos. From the Sun nos transportó atrás en el tiempo, a un ya lejano 2013, año en que su álbum II apareció en las tiendas. Lo hicieron también dos himnos: So Good at Being in Trouble y Swim and Sleep (Like a Shark). Y FFunny FFriends nos llevó aún más atrás, al 2011 de su debut homónimo. Aunque vinieron a presentar Multi-Love, su último álbum, que ocupó la mayor parte de la noche. No nos quejamos. The World is Crowed, Ur Life One Night o Stage or Screen son temas increíbles.

Pero, a pesar del paso de los años, el directo de Unknowm Mortal Orchestra sirvió para entender que el suyo es un sonido atemporal. Que sus composiciones han encontrado una fórmula última y definitiva: la de los estribillos repetitivos, onomatopeyas y ritmos funk psicodélicos, con ecos de un rock ya desaparecido. Es así como han conseguido que todo su repertorio, ordenado y sistematizado, se convierta en una única canción extensísima. Aunque no tanto como nos habría gustado. Una hora y cuarto de canción se nos hizo excesivamente corta.

Lo compensó, de nuevo, la calidad con que sonaron sus tres últimos temas. Multi – Love es la canción más desmerecida del álbum. Lo pudimos comprobar primero con su directo en el show de Seth Meyers; y la noche del jueves en la Penélope. ¿Qué han hecho en el estudio para que una canción con tanto potencial quede eclipsada tras un piano demasiado artificial o una voz tan excesivamente sintetizada? En Madrid, en la naturalidad del escenario, hizo saltar a un público tremendamente entregado a las canciones finales del concierto. Un público que consiguió convertir una balada en un arrebato disco. Incluso en un tremendo pogo amable que hizo la boca agua a Nielson.

Cuando falsamente dieron por terminado el concierto, no tardaron mucho en volver a salir para no frenar excesivamente la alegría colectiva que acababan de desprender. Necessary Evil sirvió de transición hacia la guinda final. Y cuando sonaron los primeros toques de Can’t Keep Checking My Phone, esa canción tan descolocada en su producción y a la vez tan necesaria, volvieron los gritos, los saltos y los empujones. Y nos dimos cuenta de la verdadera importancia de la batería en esta pieza de psicodelia setentera.

Unknown Mortal Orchestra ya llevan el suficiente tiempo en escena para ganar la fama que se merecen. Han sabido tomar su ya extensa producción e interpretarla desde una óptica nueva, creando un directo único. Único en cuanto a que la división en temas parece absurda. Un directo monótono, también en sus letras repetitivas, tomando lo mejor de la homogeneidad tecno. Pero que, más que caer en el aburrimiento, hace bailar a la pista como no se había hecho durante décadas. Un viaje en el tiempo muy contemporáneo, y, repetimos, injustamente desconocido.

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