Crónica de Shura y Fujiya & Miyagi en Sound Isidro 2017 – Teatro Barceló (05-05-2017)

7 mayo, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Shura (2016)

Redacción: Vitor Blanco

Otra noche más y otra cita en el madrileño ciclo de Sound Isidro. Este viernes 5 de mayo la ciudad se abría a propuestas más internacionales, concretamente de esa Inglaterra que cada año, incluso cada mes o cada día, exporta nuevas y nuevas propuestas musicales. Desde las islas llegaban, por primera vez en Madrid, la promesa del pop 12, y los desconocidos por estos lares, pero también estandartes de una curiosa mezcla entre pop y dub, Fujiya & Miyagi.

Cuando la ciudad en que vives te brinda estas oportunidades no puedes si no pensar que te encuentras en el lugar acertado en el momento oportuno. Y, sin embargo, los madrileños no parecen conscientes de lo privilegiados que son cuando sus barrios y sus salas se abren a ciclos y propuestas tan, a priori, interesantes como éstas. Y es que Shura y Fujiya & Miyagi tuvieron evidentes dificultades para llenar el no tan modesto, pero tampoco macro estadio, Teatro Barceló.

Los primeros en salir fueron ellos. Fujiya & Miyagi, cuarteto de Brighton lanzado en 2006, se encontraron poca audiencia y desconocimiento absoluto acerca de su música. No obstante, y por ello merecieron ese aplauso final, consiguieron levantar algunos pies del suelo y hacer sonar algunos coros colectivos, sobre todo en aquellos temas de letras repetitivas que tanto les caracterizan. Nos referimos, concretamente, a esa Ankle Injuries (de Transparent Things, 2006) donde el nombre del grupo es repetido en susurros durante largos periodos de tiempo.

Para ella, la de Manchester, el Teatro Barceló ya gozaba de una mayor audiencia. Con un único álbum debut bajo el brazo (el Nothing’s Real publicado el año pasado) Shura supo crear un línea emocional clara y muy funcional. Empezando por una fuerte carga enérgica para evitar abandonos y despertar rápidamente la pasión de su público, dando paso después a baladas más melancólicas y finalmente cerrando con nueva potencia desgarradora (alegato a favor de la diferencia incluido).

En el primero de los bloques la homónima Nothing’s Real fue la elegida como carta de presentación. Contiene las claves de la fórmula Shura: letras de pasiones juveniles y bases pop con una mezcla ecléctica de instrumentos y sintetizadores. Le seguía otro de sus hits bailables, What’s It Gonna Be? confirmando nuestros peores temores. La compositora no se sentía, o no conseguía sentirse, cómoda sobre aquel escenario. Algo en su interpretación la alejaba del sonido depurado y claro de su álbum, aunque su actitud cercana y amistosa con el público la curaba de cualquier crítica.

En seguida llegaron las baladas a salvar el directo. Kidz ‘N’ Stuff fue la primera de ellas y consiguió devolver a Shura a ese repertorio vocal de gran belleza que tanto nos ha encandilado en Nothing’s Real. Para la siguiente Indecision, que retomaba de nuevo lo más dance, ya no cabían reproches. Como tampoco para esa What Happened To Us? de letras nostálgicas pero energía bailable.

Los titulares, sin embargo, llegaros después. Empezando por 2Shy, cuya brillante interpretación hizo justicia a esa balada descorazonadora y arrebato emocional que tanto nos enamoró en el disco. Siguiendo por Touch, su mayor éxito en las redes, presentada con un español sorprendentemente fluido (“Quiero tocarte”, le dijo a su bajista). Decidió cantarla agarrada a sus fans, notablemente emocionados en primera fila. Y en tercer lugar, y como sorpresa más destacable, ese apoteósico final para la realmente desapercibida White Light, con Shura aporreando sintetizadores hasta casi romperlos, su banda distorsionando guitarras y rompiendo baquetas y la sala saltando en asombro.

Terminó demasiado pronto y con canciones todavía sin tocar. Pero aquel final nos impedía estar descontentos. Al igual que en los directos de SOAK, Shura acababa de demostrarnos toda la energía y la rabia que habitaba en su interior y que puede ser transformada, como solo ambas jóvenes promesas saben hacer, en música. En música de sentimientos y emociones ingenuamente reales. Aplausos, gritos y más aplausos. No había ninguna otra alternativa. Y una petición, o más bien un deseo, de cara al futuro. La próxima vez que entres en el estudio, Shura, por favor, demuestra esa energía última y materializa para la eternidad aquel momento catártico que solo unos pocos pudimos visualizar estupefactos una noche de mayo en Madrid.


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