Crónica de Nothing y Fear Of Men en Madrid, Sala Moby Dick (06-10-2016)

13 octubre, 2016
Redaccíon: dod Magazine

Nothing (2016)

Crónica: Vitor Blanco

Escuchar la versión de estudio de cualquier canción de Nothing anticipa perfectamente el sonido de su directo. Es la primera conclusión que, una vez subidos los norteamericanos al escenario de la sala madrileña Moby Dick, pudieron entender todos sus espectadores. Tanto en directo como en álbum, Nothing se han planteado un objetivo: transmitir tristeza y frustración con una energía arrolladora o con un desgano melancólico.

Pero no nos adelantemos a los acontecimientos. El jueves 6 de octubre los primeros llamados a subir al escenario eran los británicos Fear of Men. Y ellos sí que fueron una sorpresa inesperada. Sus canciones (acumuladas a lo largo de tres álbumes) suenan meditadas, calmadas, con rupturas dramáticas pero sin espontaneidad. O al menos esa era la impresión del estudio. Pero en Madrid han demostrado dos cosas. La primera, que una energía liberadora y realmente inesperada (espontánea) reside dentro de ellos. La segunda, que no han sabido plasmarlo todavía en sus conciertos. Sane o Trauma, ambas extraídas de su último trabajo Fall Forever, fueron buenos ejemplos de ello.

Para cuando se fueron, apresurados por el reloj y con algunas canciones que quedaron sin tocar, el público comenzaba a acostumbrarse a los bajos que reverberaban por toda la sala y hacían temblar los vasos. Y Nothing no tardaron en salir. Con varios problemas técnicos y algunos que otros fallos del directo, fueron sacrificadas algunas canciones hasta que consiguieron encontrar su lugar en una sala y un equipo de sonido que no acababan de comprender. El propio Dominic Palermo, principal nombre propio de la banda y conductor de la noche, se refirió a dichos errores en varias ocasiones.

Las afectadas fueron las grandes triunfadoras de su último disco (Tired of Tomorrow) Fever Queen y Vertigo Flowers, que encabezaban la setlist. Ruido, ruido y más ruido. El planeado y el espontáneo, aunque los límites entre ambos se difundían. ¿Qué estaba preparado para aportar rabia destructora a las letras nihilistas y suicidas? ¿Cuáles eran resultado de fallos técnicos? Lo cierto es que no importaba, porque el conjunto creaba la atmosfera y la expresividad perfectos: el sonido incomprensible de nuestra época, el ruido intolerable de nuestra generación.

Lo cierto es que ese último trabajo, Tired of Tomorrow, protagonizó la velada y se llevó el grueso del tiempo (sorprendieron Eaten by worms, o la mejor interpretación de la noche, A.C.D. (Abcessive Compulsive Disorder). Es el resultado de dos años de carretera y estudio que ahora les ha llevado a una gira de más de 30 fechas, muchas de ellas consecutivas. No obstante, sobre la tarima de la Moby Dick no vimos a los norteamericanos extasiados. Quizás cabizbajos, deprimidos, pero no agotados. Más bien ejemplos de una juventud sin futuro ni esperanzas, es decir, “Cansada del Mañana”.

Pero si sobre el escenario había momentos de calma depresiva estos eran simples concesiones a la rabia incontrolable y descorazonadora de una batería enérgica, guitarras distorsionadas y voces reveladoras. Y para representar de mejor manera esta faceta que tanto aman sus fans, recurrieron a un trabajo anterior pero menos amable. Se trata del sorprendente Guilty of Everything, publicado en 2014 como bandera blanca a la estancia en la cárcel de Dominic Palermo. The Dead Are Dumb fue la primera de esta época en sonar, dedicada a sus amigos fallecidos y llena de desesperación. Pero el público pedía más material de esta sorprendente ópera prima y Nothing correspondieron con B&E o Bent Nail. Ambas en esa línea característica de shoegaze roto momentáneamente en hard y metal descontrolados.

Puntuales y sin concesiones, Nothing concluyeron su show de poco más de una hora y abandonaron el escenario (ya lo habían hecho falsamente una vez). El final supo a poco. El concierto había sido impresionante pese a sus fallos técnicos y los norteamericanos supieron explotar a la perfección su marca y transmitir las emociones desgarradoras de sus temas. Sin embargo, la sensación de no haber conectado totalmente al público con la banda (sí hubo algunos comentarios, sí algunos bailes y movimientos desconcertantes, pero lo cierto es que la música llamaba a destrozar literalmente la sala), o la sensación de espectáculo no concluido desde la salida apresurada de Fear Of Men, no se escapaban de la mente de los presentes. El resultado, una cita que consiguió enamorar a fanáticos del shoegaze y de la banda, pero que pudo fallar en la conquista de neófitos. Una consolidación de Nothing como referentes de shoegaze rockero atravesada por algunos contratiempos que, no obstante, no desmerecieron al nihilismo y la calidad sonora de sus temas.

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