Crónica de Minor Victories en Madrid, Teatro Barceló (21-10-2016)

23 octubre, 2016
Redaccíon: dod Magazine

Minor Victories (2016)
Redacción: Vitor Blanco

Un grupo que junta sobre el escenario a la voz de Slowdive con las guitarras de Editors y Mogwai tiene, persé, una presencia imponente e indiscutible. Hablamos de Minor Victories, una idea, más bien proyecto musical, de Rachel Goswell, Stuart Braithwaite y Justin Lockey que éste 2016 han parido uno de los estrenos más interesantes de la temporada, de título homónimo (Minor Victories, 2016) y con el que ya han viajado a lo largo del globo.

El viernes 21 de octubre era el turno para que Madrid se sorprendiera con su energía. En una sala (Teatro Barceló) que se les queda pequeña si vemos la dimensión de su música pero que tampoco consiguieron llenar; Minor Victories compusieron un concierto que, pese a saber a poco, consiguió demostrar lo que ellos buscan: que han sabido absorber lo mejor de cada experiencia individual dentro de sus respectivos grupos para remezclarlo en un sonido donde el Art Rock y el shoegaze se complementan a la perfección.

Echamos en falta algún telonero, algún tipo de clima previo a la experiencia sublime que estábamos a punto de experimentar. A las nueve exactas subían sobre el escenario, con profesionalidad y sin dejar ningún detalle al azar, todos esos nombres propios que ni siquiera necesitaron hablar para ser aplaudidos. Esas personalidades a las que su historia ya ha conseguido elevar al olimpo de artistas y no necesitan demostrarlo día a día. Es quizás por esta veneración que la introducción (para la que se escogió la misma que encabeza su álbum, Give Up The Ghost) supo a poco. Algunos problemas técnicos sepultaron la bellísima voz de Rachel entre todos los instrumentos, hasta el límite de hacerla incomprensible, y la energía (que posteriormente nos demostraron que tenían) no asomaba en ningún momento.

Le siguió The Thief arrastrando alguna de las deficiencias iniciales, pero con la llegada de Hundred Ropes, uno de los mejores temas del álbum, todas nuestras dudas desaparecieron y entendimos que el arranque de la noche solo había sido un mal sueño del que estaban a punto de hacernos despertar. Potencia y energía, voz desgarrada y profunda, momentos puramente ambientales que hacían desaparecer la sala para otorgarle todo el protagonismo a la música. Letras cabizbajas que solo se podían bailar a saltos. Imposible quedarse impasible.

Después de un puente formado por las interpretaciones de Cogs y Breaking My Light, los primeros acordes de Folk Arp inauguraron el clímax más alto de la noche. Difícil saber cuando acaba una canción y cuando empezaba la siguiente, cuando rompería la melodía en aparente improvisación sin control de guitarras, batería y teclado. La canción arrancaba en calma, como en el álbum, como había comenzado también esa noche en el Teatro Barceló. Era el momento de gracia de Rachel y aprovechó para demostrar toda su valía vocal. Pero pasados unos minutos la calma desaparecía con una violencia repentina mucho más contrastada que en la versión de estudio. Le siguió Scattered Ashes (Song For Richard), el tema que más se mantiene en la cima enérgica de todo su repertorio. El único que fue capaz de levantar a una audiencia adormecida y saltar con su letra tan existencialista coreando al unísono “Take my life back to the start!”. Higher Hopes, en penúltimo lugar, cerró este pico climático desde la tranquilidad total de su inicio, su crescendo lento, muy lento, casi desapercibido, su ruptura dramática, y ese verso final, “higher hopes”, entonado a capela cuando ya todos los instrumentos han parado de sonar.

Out to Sea era la elegida para cerrar el paso de Minor Victories por Madrid. Probablemente este era el sitio para Hundred Ropes, pero la calma inicial de Out to Sea pareció la mejor opción para devolvernos a la realidad. Sin bis, apenas una hora después de haber subido al escenario, este popurrí de artistas abandonaba el escenario del Teatro Barceló dejando huérfanos a sus fans. Imposible no sentirse incompleto por la poca duración o defraudado por la poca audiencia (y más si comparamos con su paso por el festival portugués Paredes de Coura). Pero imposible también no sentirse asolados por la energía derrochada desde el escenario o confusos por haber vuelto a la sala después de ese viaje emocional por el que nos guiaron. Minor Victories aprovecharon su paso por la capital para demostrar una vez más su capacidad ecléctica, su fórmula peculiar de crear música imprescindible y aumentar aún más nuestras ansias de que este proyecto, que ya han anunciado como temporal, no acabe nunca.


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