Crónica de Kurt Vile y Lushes en Madrid, sala Penélope (23-11-2015)

25 noviembre, 2015
Redaccíon: dod Magazine

Kurt Vile (2015)

Redacción: Vitor Blanco

El pasado 23 de noviembre la sala Penélope de Madrid llenó su aforo. Para asombro de todos. No solo porque fuera lunes, sino por la reciente tensión desplegada tras los terribles atentados de París apenas 10 días antes. Sucesos que, desgraciadamente, permanencían en la mente de todos aquellos que aquella noche nos habíamos reunido para disfrutar con la música del verdadero protagonista: Kurt Vile. Sucesos recordados por James Ardery, vocalista y guitarrista de Lushes, encargados de telonear esa noche; que no dudó en comenzar su actuación agradeciendo a todos los allí presentes nuestra asistencia en un tiempo tan complicado para las salas.

Fueron la gran sorpresa, Lushes. Tras este alegato a favor de la diversión y la música en vivo y, como no, en contra del terror (terror que, por cierto, no se merece más menciones en esta crónica); iniciaron cuarenta minutos (ojalá más) de ese explosivo cóctel musical que conocimos en 2014 con su álbum debut What Am I Doing y que consolidaron apenas un año después en Service Industry. Rock progresivo, shoegazing ochentero, psicodelia, ruido y una voz recitada más que cantada (¿y escondidos beats techno en los ritmos?); se juntaron para ofrecer un espectáculo que, si bien se fue desinflando tras la tercera canción, nos llegó a hacer dudar de si no merecían ser ellos los cabeza de cartel de la noche.

Porque no fue, realmente, la mejor actuación de Kurt Vile. Y no se le hizo justicia a ese enorme b’lieve i’m goin down…, llamado a entrar en las listas de los mejores álbumes del año.

Quizás porque cometió el mismo pecado que sus teloneros juntando sus mayores hits de ese arrollador nuevo disco en el inicio del concierto. Quizás porque hizo salivar a sus fans ante la posibilidad de un directo intenso y perfecto que no duró más allá de esos veinte primeros minutos. O porque bajó el listón hasta casi estrellarlo en el desarrollo de las siguientes canciones. Quizás porque en varias ocasiones no tuvo a The Violators ayudándole sobre el escenario y no supo hacer frente a la situación solo. Quizás también por la botella de vino que bebía constantemente (y que dejaba en ridículo la copita con la que Iron & Wine se presentó sobre el escenario), posible causante de su incapacidad para vocalizar o sus múltiples errores en la guitarra. Hasta que la conclusión de su concierto volvió a abrir bocas.

Porque también hubo luces entre tantas sombras. Dust Bunnies fue el primero de esos tres cortes primerizos y excelentes que hicieron olvidar el frío (y joder qué frío) del barrio de Moncloa y de todo Madrid. Luego sustituyó la guitarra por el banjo para deleitarnos a todos con los toques lejanos de I’m an Outlaw, una canción capaz de hacernos cruzar el océano hacia las tierras inexploradas del Oeste norteamericano. Completó el trío la descomunal Pretty Pimpin, “I woke up this morning, didn’t recognize the man in the mirror”. Una batería progresiva y guitarras rockeras que, error, abandonaron el escenario para dejar todo el protagonismo a Kurt Vile. Walking On A Pretty Day o Stand Inside fueron las elegidas para someterse al intimismo en la conexión directa del cantante con el público junto a otros temas de sus trabajos más lejanos: Childish Prodigy y Smoke Ring For My Halo. Pero no sonaron tan limpias y sencillas como en el estudio y no lograron establecer ese vínculo emocional ni siquiera con la iluminación rojiza de la Penélope.

Pero los The Violators volvieron para salvar un concierto a la deriva, y juntos, de nuevo, alegraron a todos los presentes y dejaron un buen sabor de boca final. Lo hiceron gracias a KV Crimes o Wild Imagination, a las que se entregó un público que no se mostraba agotado pese a los notables altibajos del directo. Puede ser por este final arrollador que uno bien podría plantearse si tantos errores no creaban, en conjunto, un acierto. Si la actitud de estrella decadente que vestía Kurt Vile no era la perfecta para la música rota y nostálgica que lleva componiendo desde que abandonó The War on Drugs e inició su carrera en solitario. Y es que, ¿qué sería de ese rock country atemporal sin los errores, el alcoholismo, la irreverencia y rebeldía que tan bien supo gestionar (o simplemente se negó a gestionar algo) Kurt Vile esa noche?

 

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0 comments on “Crónica de Kurt Vile y Lushes en Madrid, sala Penélope (23-11-2015)”

  1. No es correcto decir que "abandonó The War on Drugs e inició su carrera en solitario". Su carrera en solitario ya existía mientras estaba en The War on Drugs.

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