Crónica de Jay-Jay Johanson en Madrid, sala Ochoymedio (10-12-2015)

11 diciembre, 2015
Redaccíon: asier

Jay-Jay Johanson

Redacción: Vitor Blanco

No es muy común encontrarse en el Ocho y Medio a un público que en su mayoría supera los 40 años. Las noches de los viernes y los sábados siempre estamos los de siempre, entre los 18 y los 30. Algún despistado de 35. A veces hasta individuos de cincuenta y tantos, porque claro, lo que abunda en Madrid es gente auténtica a los que le importa una mierda lo que piensen los demás. Pero el miércoles 9 de diciembre era el momento de los cuarentones – y más – y algunos dispersos que bajábamos la media de edad.

Porque lo que subió ayer al escenario tampoco era nuevo y joven. Llevaba envejeciendo muchos años a través de una decena de álbumes, madurando en los escenarios de varias ciudades europeas en numerosas giras. Veinte años, para ser exactos, como afirmó Jay Jay Johanson desde la palestra de la sala BUT. Y no fue la única vez que el compositor sueco habló de la edad y del paso del tiempo: se trata de una temática transversal a toda su carrera, que sobrepasa las barreras del tiempo y estilo para colarse en casi todos sus temas. Un cliché literario: “Cause I’m older now, much older than I was, when I was young” recita paradójicamente en I’m Older now. Paradójicamente por que pertenece a Whiskey, su primer álbum editado en 1996, y que decidió cantar hacia el final del concierto. Deja de jugar con el tiempo Jay. O pidió regresar “back from start again” al cantar On the other side, de un álbum mucho más cercano: Spellbound de 2011.

Y aunque su aspecto o su música, o el ambiente de la sala y sus espectadores, irradien vejez; hay algo en su estilo y en su modo de ser (y también en su música) que se muestra muy joven. Una mezcla inestable, pero maravillosamente curiosa. Su pelo rubio y arrugas faciales como Iggy Pop contrastan con sus saltos y gritos de rock juvenil. Sus momentos de voz y piano (a los que incluye a veces sonidos de un lector de vinilos girando, o de una película analógica dando vueltas en un proyector), con el scratch, las distorsiones y los golpes metálicos de sintetizadores que harían delicias del mismo Kanye West. Incluso infantil cuando se aparta del micrófono y se esconde en la parte trasera del escenario, sentado en un baúl con los pies colgando, sonriendo y aplaudiendo a sus compañeros a la batería y el piano, dándoles su momento de protagonismo. Todo un ejercicio de madurez infantil. O cuando canta sin micrófono y brinda sonriente, pero con timidez, al público. “I guess I’m just too shy” sentenció en I don’t know much about loving sobre su incapacidad para seducir, uno de los principales éxitos de el álbum que ha editado este año, Opium. Como si no hubiera suficiente magia y poética en llamar a un álbum “opio”.

La elección de temas tampoco podía escapar al ejercicio de saltos temporales al que solo le faltó transportarnos hacia el futuro. Caminando hacia atrás para luego volver al presente, y luego desandar camino hacia un pasado más cercano, Jay Jay Johanson nos guio por su carrera. Sonó Dilemma con su ritmo marcado y acompasado, traída desde el 2011. Luego Escape, más épica en sus gritos que piden desesperados poder olvidar, desde el lejano 2000 de su álbum Poisson (del cual sonó también Far Away). Más cercana al presente, acertó con Rush, casi al principio del concierto entendiendo la sonoridad de la sala. Incluso acudió al presente de su último álbum con I love him so o NDE; y al 2013 con I miss you most of all. Luego al 2007 (She doesn’t live here anymore) para conducir por último a 1996 (I fantasize of you).

Pero claro, no íbamos ciegos por diferentes caminos temporales. Jay Jay Johanson sabía qué autopista debíamos tomar. Existía un hilo que unía todo este caos musical: la temática. En todos sus temas asoman el amor (o más bien la ruptura del amor), la soledad, la noche, y, como no, el hacerse viejo. Solo echamos en falta esos temas discotequeros, como On the radio, esa deriva dance y cambio radical con el que se presentó al mundo en el Antenna de 2002. Pero claro, entendemos que a estas alturas de su carrera haya llegado, construido y consolidado otro estilo.

Puede que el Ocho y Medio no estuviera tan lleno, por lo menos no tanto como en otros conciertos de este aniversario que parece que llevan años celebrando (y que esperemos que continúe); y puede que Jay Jay Johanson no sea un nombre conocido ni encuentre entre sus canciones grandes éxitos. Pero desde hace 20 años lleva siendo el opio relajado de mucha gente que el miércoles abría ojos y oídos en primera fila; y lo sabía. Por eso hizo un concierto para ellos y triunfó. Vinculándose con el público, dándole la mano y hablando con él cuando la música y las luces de la sala ya nos pedían que nos fuéramos. Se lo agradecieron en sus aplausos y sonrisas, y gritaron eufóricos cuando prometió volver a Madrid. Estoy seguro de que ahí estarán, aunque pasen otros 20 años, esperando impacientes y juveniles un nuevo viaje caótico por el tiempo.


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