Crónica Cruïlla Barcelona 2012 - Viernes

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16 julio, 2012
Redaccíon: dod Magazine

Cruïlla Barcelona 2012

Crónica por lidlalo.

El fin de semana pasado se celebró en el Parc del Fórum el Cruïlla BCN, que bajo el epígrafe de “festival de músicas”, aglutina propuestas de estilos muy diversos y reúne a un público muy heterogéneo. Desde un cartel que invita a disfrutar de sus propuestas más allá de una tendencia musical específica, hasta unos patrocinadores, entre los que encontramos ONG’s, y proyectos de cooperación, el espíritu del Cruïlla emana solidaridad y una manera de entender la música como vía de expresión y comunicación entre culturas e invita a disfrutar sus propuestas más allá de una tendencia específica.

Cuando hablo de la “miopía musical” a la hora de afrontar esta cita me refiero a la carencia de una cierta falta de perspectiva o bagaje respecto a varios de los grupos y corrientes musicales del Cruïlla 2012. Así pues, en lugar de limitarme al universo conocido, quise darme la oportunidad de abrir los ojos y los oídos a propuestas que normalmente no se encuentran en otros festivales que suelo frecuentar y acudí al festival con ganas de vivir una experiencia de descubrimiento musical más allá de mis estilos favoritos.

Esta sensación de no llevar “los deberes hechos” provoca de entrada cierta inseguridad por no conocer previamente el repertorio de algunos artistas. Sin embargo, la parte positiva de no llevar una ruta tan marcada de antemano, es que te permite liberarte de cualquier corsé y dejar algunas decisiones en manos de la improvisación, cosa que, de vez en cuando, te abre la puerta a nuevas experiencias musicales muy enriquecedoras. Además, por primera vez he ido a un Festival sin el estrés previo de querer ver más conciertos de lo que los horarios y combinaciones de los escenarios te permiten. En ese sentido, ayuda también que el Cruïlla sea todavía un festival pequeño, con 4 escenarios en los que las actuaciones sólo se solapan de dos en dos y con un recinto más acotado en el que la distancia a cubrir de un escenario a otro permite ver los conciertos de principio a fin.

Mi ruta musical me llevó primero al escenario Ramon Llull, que aglutinó las principales propuestas de grupos nacionales. Los primeros en saltar al escenario fueron Prats, un nuevo proyecto de pop-rock patrio liderado por Marc Prats, teclista de Madee y The New Raemon, acompañado de la base rítmica (bajo y batería) de Madee en esta nueva aventura. La banda presentó su álbum debut ‘Pla B’, un trabajo que verá la luz el próximo mes de septiembre y del que hasta ahora conocíamos oficialmente dos temas. La actuación comenzó con media hora de retraso, hacia las 19 h, y aún así en la carpa todavía no se había concentrado mucha gente. Fue una presentación casi “en familia”, con amigos, miembros del mundillo discográfico independiente y periodistas musicales como público principal. El cantante se mostró agradecido a la organización por permitirle participar en el Festival a pesar de no contar todavía con su disco en el mercado y avisó al inicio de que el recital sería corto, puesto que el repertorio sólo cuenta con las canciones de este primer trabajo... aún así, la banda incluyó una versión de un tema de Paul Fuster y un tema de un EP anterior (‘Caroline’) para completar la actuación y dejó para el final temas como ‘Pla delirant’ o ‘Fase REM’, con una base rítmica más marcada y un sonido más potente, consiguiendo que el ritmo del recital fuera in crescendo, igual que la afluencia de público. Aunque breve, el concierto de Prats nos dejó ver un trabajo muy personal, sobrio y delicado a la vez, en el que se decanta por el catalán como vía de expresión, con una sonoridad que conserva la esencia rock marcada por la trayectoria previa de estos experimentadísimos músicos a la vez que reivindica un sitio propio en el panorama catalán actual.

Tras este aperitivo local y con todos mis respetos hacia Julieta Venegas, decidí “saltarme” el primer cabeza de cartel del Festival para entregarme al ritual surfero de Los Tiki Phantoms en el escenario Cases de la Música. Una excelente propuesta instrumental aderezada con un show que desborda humor y una estudiada imagen de marca omnipresente. Pese a lo que pudiera parecer al pensar en un repertorio exclusivamente instrumental, Los Tiki Phantoms consiguen que no eches de menos las letras y tienen la capacidad de mantener en todo momento a su público totalmente entregado y participando del espectáculo, ya sea formando una conga o haciendo “surfear” a una chica del público sobre una colchoneta hinchable y llevándola desde el escenario hasta las gradas donde algunos más tímidos, o más cómodos, disfrutaban del espectáculo sentados. Así mismo, varios miembros de la formación se entremezclaron con el público en algunos momentos del show. A golpe de guitarras y bajo y con consignas del tipo “Venga, que esto no es un festival de modernos. Aquí se viene a bailar, no a lucir”, los Tiki Phantoms resucitaron hasta a los muertos con su rock y su buen humor. La formación reservó para el bis uno de sus temas más populares, ‘Tiki On Me’, una versión del clásico ‘Take On Me’ de a-ha, con el que cerraron el que fue sin duda el concierto más divertido de la primera jornada.

La tercera cita era uno de los imprescindibles, Iggy & The Stooges, que pusieron el escenario Estrella Damm patas arriba mientras se hacía la noche y el público iba entrando en calor. Iggy es un clásico que nunca falla. Un animal escénico que, a pesar de su edad no ha perdido ni un ápice de su fuerza ni de su enérgico directo. El concierto comenzó con el clásico ‘Raw Power’, seguido de ‘Search & Destroy’ y ‘Gimme Danger’. Poco después, desafiando las medidas de seguridad marcadas por el festival y fiel a su espíritu de artista punk-rock a la antigua usanza, la iguana provocó algún que otro quebradero de cabeza a los chicos de seguridad pidiendo primero que parte de la primera fila –unas veinte personas– subiera a acompañarle y a bailar con él en el escenario a ritmo de ‘Shake Appeal’ y lanzándose posteriormente al público durante la interpretación de ‘I Wanna Be Your Dog’. Si bien se echaron de menos algunos temas míticos de su repertorio en solitario, como ‘Lust for Life’ o la archiconocida ‘The Passenger’, el veterano rockero no defraudó a sus fieles y encaró la recta final de su show con temas como ‘No Fun’ o la también mítica ‘Louie Louie’.

Después sudar la camiseta en el concierto de Iggy Pop, me dirigí hacia el único escenario que aún no había pisado, el que da nombre al Festival, donde me llegó la primera sorpresa de la noche, el “descubrimiento” de Nneka, de la cual apenas había escuchado algunos temas previamente. La artista nigeriana ofreció un recital intenso en el que su voz profunda y melódica brilló con luz propia en todo momento. El repertorio de Nneka combina ritmos reggae, hip hop o soul sin estridencias y erige su gran voz como abanderada de un compromiso político y social con su África natal que se refleja en la mayoría de sus temas. De su concierto en el Cruïlla destacaría la interpretación del tema ‘Heartbeat’ como uno de los momentos álgidos, así como una versión reggae de ‘Sweet Dreams’, de Eurythmics, que la cantante enlazó a partir del conocido riff de ‘Seven Nation Army’ de The White Stripes, al que se unió todo el público presente.

Aún impactada por la magnífica voz de Nneka, me di una vuelta por el escenario Ramon Llull para escuchar algunos temas de Lenacay, el nuevo proyecto nacido tras la disolución de Ojos de Brujo. El grupo sigue la línea de mestizaje que busca acercar el flamenco y la rumba a la electrónica pero con una nueva cantante que se maneja con comodidad aportando ritmos funk y soul a la propuesta musical, e incluso se atreve con el inglés en algunos de los temas, aunque personalmente creo que los temas en castellano tienen mucha más fuerza. Me gustaron especialmente canciones como ‘Tangoranto’ o ‘Identidad’. Y merece atención también el papel de Yolanda Cortés que, aparte de palmas y coros, puso el sello flamenco al espectáculo con su baile.

La siguiente cita fue con The Pepper Pots, en el escenario Cases de la Música, un concierto que me apetecía especialmente y que cubrió mis expectativas al cien por cien. Los catalanes ofrecieron un espectáculo elegante demostrando un gusto exquisito, no sólo en lo musical sino también a la hora de presentarse ante el público con una cuidada composición escénica, vestuario sesentero y coreografías sencillas y vistosas que contribuyeron a sumergirnos de lleno en un delicioso viaje a los sesenta al corazón del sonido Motown, a través de un set list en el que la banda enlazó temas sin descanso de su amplio repertorio agrupando las canciones por estilos. Las voces de las tres cantantes, perfectamente empastadas y arropadas por la sección de viento y cuerda de la banda, iban alternando protagonismo para dar cuenta de sus temas soul, pasando después por Jamaica con una selección de canciones con ritmos reggae y ska. No faltaron algunos de sus temas más conocidos, como ‘I Need To Hold Your Hand’, ‘I Can’t Choose’, ‘Highway’ o ‘You’re still in my mind’, así como un homenaje al grupo soul de los años 60 The Marvelettes, que incluyó su famoso ‘Please Mr. Postman’. En la recta final del concierto, invitaron a bailar con su ‘Let’s go to dance’, poniendo el broche final a un espectáculo brillante en todos los aspectos. Sin duda, uno de los mejores conciertos del Festival.

Para acabar la noche necesitaba volver a los barrios bajos así que me encaminé de nuevo al escenario Ramon Llull donde actuaban ahora los Guadalupe Plata, un trío jienense que por su nombre y su sonoridad bien podría haber salido de cualquier sucio garito en mitad del desierto mexicano. El grupo presenta una propuesta musical de blues rock realmente potente. Con la sola presencia de percusión, una guitarra y un contrabajo “homemade” a partir de un barreño metálico, un palo de mocho y una cuerda de motosierra, el trío consigue un sonido áspero y desgarrado que se intensifica cuando el cantante se aproxima al micro para dejarse la garganta soltando algún que otro berrido preñado de sentido. Aunque en directo la voz pecaba quizá de un exceso de chirrido, la actuación en conjunto mostró el enorme potencial y calidad musical de los de Úbeda.

La música de los Guadalupe Plata oscureció el ambiente y todo hacía presagiar que la carpa del escenario Ramon Llull podía convertirse en el garito de Abierto hasta el amanecer en cualquier momento, así que decidí dar por cerrada la jornada e irme a casa antes de que los vampiros y las serpientes me secuestraran.

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