Crónica Cruïlla Barcelona 2012 - Sábado

17 julio, 2012
Redaccíon: dod Magazine

ZA! - Cruilla Barcelona 2012

Crónica por lidlalo.

La segunda jornada del Cruïlla Barcelona comenzó para mí en el mismo escenario que el día anterior, el Ramon Llull, al que llegué sobre las 19 h para disfrutar de la actuación de Joana Serrat y su banda, que forman sus hermanos Toni (percusión) y Carla Serrat (voces), junto a la guitarra de Adrià Plana y el violoncello a cargo de Marçal Ayats. Pese a que el concierto había comenzado una media hora antes, todavía no había demasiada gente en la carpa. El público se hallaba sentado en su mayoría disfrutando de las melodías folk que conforman el último trabajo de esta artista nacida en Vic. Las canciones de su repertorio se mueven del pop más íntimo de ‘Princesa de colors’, uno de los temas que más suenan últimamente en la radiofórmula catalana, a ciertos toques de sonoridad country en temas como ‘Carry me home’ o ‘My wife’, que revelan la influencia del folk norteamericano en la sonoridad de la artista. Tímida aún en la interacción con el público pero con una voz singular y un estilo definido, la artista ofreció un recital muy agradable con un sonido impecable.

Tras este primer concierto, de nuevo me dirigí hacia el escenario Cases de la Música, repitiendo la ruta del día anterior, para descubrir a los brasileños Arnaldo Antunes y Edgard Scandurra junto al maliense Toumani Diabaté. Los tres son músicos veteranos con estilos muy diferentes que han unido sus talentos en el experimento A curva da cintura, una apuesta valiente que refunda y actualiza el concepto de mestizaje. Fue un gusto comprobar cómo la guitarra y los ritmos rockeros de Scandurra armonizan con la Kora –instrumento tradicional africano– a manos de Diabaté y de su hijo Sidiki, quien se erigió como auténtico “maestro de ceremonias”, animando al público a bailar y dar palmas y “desafiando” al resto de la banda con sus magníficos solos de kora. Merece mención especial la versión portuguesa de la canción ‘Elisa’, del cantautor francés Serge Gainsbourg. También destacaría las palabras que Toumani Diabaté dirigió al público asistente, afirmando que “en mi vida he tenido la oportunidad de tocar con grandes músicos y hoy mi hijo y yo estamos aquí con estos dos grandes músicos para demostrar que la música es música y está por encima de las lenguas”, un bonito resumen de la esencia de este proyecto sonoro.

De vuelta al escenario Ramon Llull, le tocó el turno a los Za!, sobredosis de rock experimental aderezado con todos los sonidos y ruidos que los dos componentes del grupo son capaces de incorporar en un directo enérgico y devastador. Los Za! son experimentación en estado puro y sus composiciones son tan indescriptibles que creo poder entender lo que debieron sentir los músicos de corte clásico al escuchar las primeras composiciones del húngaro Béla Bartók. Junto a los temas de su último trabajo ‘Megaflow’, el dúo interpretó en exclusiva una nueva canción, ‘Gran Muralla China’, invitando al público a cantar con ellos. Demostrando también que cualquier elemento ambiental puede formar parte de su show, el batería bajó del escenario y recorrió la carpa utilizando desde la barra de bar hasta las vallas metálicas o las tarimas como instrumentos de percusión y convirtiendo la carpa en una enorme caja de resonancia mientras su compañero mantenía el ritmo de la composición desde el escenario. Hacia el final del concierto también hicieron rodar la guitarra entre el público para hacerlo partícipe de la interpretación.

Al caer la noche, le tocó el turno al segundo clásico del Festival, el escenario Cruïlla acogió el concierto de The Specials, que fueron correctos en su show pero no brillaron como quizá se esperaba. Los abanderados del ska ofrecieron un repertorio repleto de hits en el que no faltaron temas como ‘Monkey Man’ o ‘Do the dog’ y, por supuesto, ‘A Message To You Rudy’ y ‘Enjoy Yourself’ a la que el público de las primeras filas se entregó en un baile frenético para compensar la falta de ritmo del resto del concierto.

Otra de la que se esperaba mucho más de lo que ofreció fue M.I.A., que dejó entrever su “divismo” ya de entrada, sometiendo a sus fans a una intro de casi veinte minutos a cargo de la DJ con el escenario a oscuras rematada por una proyección de imágenes de estética boollywood hasta que, por fin, la cantante hizo su aparición en el escenario. La extravagante artista ofreció un show colorista con mucho ritmo y baile contorsionista, pero con poca, muy poca voz en directo, terreno en el que tuvo más protagonismo su corista que la propia cantante. Eso sí, la artista demostró que no iba a ser menos que Iggy Pop y se hizo acompañar de casi medio centenar de fans que bailaron con ella sobre el escenario y se paseó también por el foso para gloria de los seguidores de las primeras filas. En una hora escasa de concierto si restamos la soporífera introducción, M.I.A encadenó casi todos sus éxitos desde ‘Bamboo Banga’ a ‘Born Free’, que puso punto final a su vistoso espectáculo; hubiera sido estupendo si en él también hubiera demostrado su valía como cantante.

Por suerte, Sharon Jones & The Dap Kings me hicieron olvidar rápido la decepción del concierto anterior, firmando en el escenario Cruïlla uno de los mejores conciertos del Festival. Con una presencia escénica imponente que recordaba por momentos a Tina Turner por su porte y también al gran James Brown por su capacidad rítmica, Sharon Jones se ganó a pulso el título de “faraona del soul”, derrochando energía y talento por los poros e interpretando cada tema desde lo más profundo de su alma. Previamente, los Dap Kings caldearon el ambiente y pusieron al público a tono demostrando estar también en muy buena forma. En conjunto ofrecieron un espectáculo impecable que nuevamente transportó al público del Cruïlla a un auténtico revival sesentero.

Para poner punto final al Festival, me desplacé de nuevo hasta el escenario Ramon Llull, donde los barceloneses Mendetz llegaron dispuestos a sudar la camisa para arrancarle algo de público a Cypress Hill. Y la verdad es que no lo hicieron nada mal. Algo más de 500 personas se concentraron en la carpa para bailar al ritmo del pop electrónico y desenfadado de los Mendetz. Los catalanes no decepcionaron a su público alternando temas de su último trabajo con otros éxitos conocidos de trabajos anteriores, como la versión de ‘Freed from desire’ o ‘Future Sex’, el tema con el que se dieron a conocer hace ya seis años y que sigue despertando pasiones. Con el pusieron punto final a su concierto y yo con ellos a la quinta edición del Cruïlla Barcelona, que un año más ha demostrado que merece un hueco con nombre propio en la agenda festivalera de cada verano.


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